Entre sudor y lágrimas, Esperanza ha nacido

Entre sudor y lágrimas, Esperanza ha nacido

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Sara Nso

Aquí, en la oscuridad del temezcal, el sudor, el vapor y el fango se mezclan con el ritmo palpitante del tambor de Teresa. El calor nos vence, derritiendo las fronteras que nos separan. Los ritmos de su herencia maya se elevan en el aire como incienso, con aroma a resina. Su voz nos transporta a un lugar más allá del tiempo. Me pide que traduzca, y sus canciones y plegarias fluyen en mí como el agua.

Volamos como águilas, con alas de luz/circunnavegando el universo… Somos guerreros de luz.

Ella invoca a los ancestros, y a los espíritus de los elementos y de las cuatro direcciones, pidiendo una bendición para cada uno de los que nos apiñamos bajo la pequeña cúpula. Ella nos enseña el grito del guerrero, un alarido desde las profundidades de nuestras almas que nos empuja a través del rito y rito del ya casi inaguantable calor.

Ofrece tu sudor a la Madre Dios, al Padre Dios, nos aconseja. Te ayudará a soportar el sufrimiento.

El calor y el ritmo se intensifican, y el aire se vuelve pesado con el vapor abrasa-piel. Sus palabras me atraviesan ahora con jadeos rítmicos.

Justo cuando pensamos que ya no podemos aguantar más, ella nos trae un pedazo ceroso de resina blanca y lo toca con la piedra rojo-incandescente del centro del temezcal. Cada uno de nosotros lo coge, por turno, y susurra la plegaria más cercana a su corazón.

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***

Todos hemos renacido en el útero del temezcal. Pero uno entre nosotros también ha dado a luz.

Años atrás, Teresa me explicó que las mujeres maya aprendían a dar a luz en la oscuridad del temezcal. La calidez envolvía a madre y a niño, y éste último nacía placenteramente en el abrazo de la Madre Tierra.

Así es como allí, en el temezcal, mientras Teresa nos guiaba hacia el lugar donde reposan nuestros más profundos sueños, yo di a luz al vástago al que dedicaré mi trabajo en esta nueva etapa de mi vida: el Proyecto Esperanza.

Allí fue donde lancé mis sinceras plegarias para que mi trabajo pueda ser de utilidad para estas sabios y hermosos pueblos del maíz, y para todos nosotros, sus hermanos.

Antes de que entrásemos en el temezcal, el chamán Huichol Maracame Rosalio alzó en el aire cinco espigas de maíz, cada una de un color diferente. Nosotros, los humanos, somos como este maíz, dijo Rosalio. Tenemos diferentes colores, pero pertenecemos todos a un mismo pueblo.

Hace nueve meses, en la agitación que rodeó el fin de mi carrera como periodista de prensa escrita, la idea fue concebida. Durante el próximo año, iré entretejiendo puntadas de mi trabajo previo con tres de mis más grandes pasiones: el viaje, América Latina y la naturaleza. Viajaré a través de las Américas, empezando aquí mismo, en Guadalajara (México), en busca de la gente que, en multitud de maneras, intenta reparar nuestro planeta herido.

La ‘manera’ de Teresa y de Rosalio es compartir las tradiciones de sus ancestros con visitantes de todo el mundo, ayudándoles a encontrar su fuerza interior y el camino de sus corazones.

Mi ‘manera’ será contar sus historias. Espero que me acompañarán en este nuevo año en el que el Proyecto Esperanza se convierte al fin en una realidad.

(Las fotos)

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