Guadalajara por la noche… y en bicicleta

Guadalajara por la noche… y en bicicleta

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Sara Nso

No todos los días puede uno ir en bicicleta al teatro, acompañado de 500 entusiastas ciclistas. Pero en Guadalajara, puedes hacerlo una vez a la semana.


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En realidad, puedes montar en bicicleta con una manada de ciclistas prácticamente cada noche de la semana – tan sólo elige el día. “Al Teatro en Bici” es una iniciativa en la aparentemente interminable lista de actividades relacionadas con la bicicleta, en Guadalajara. Existe la Camera Rodante, un grupo de fotógrafos ciclistas. Existe la GDL en Bici, un grupo de jóvenes profesionales dedicado a reclamar las calles para todos, y no sólo para los coches. Sus paseos nocturnos, cada uno con un tema y con los ciclistas disfrazados, han reunido a más de 4.000 participantes.

El martes tuve oportunidad de conocer la explosión de bicicletas de Guadalajara, así como la razón por la cual ésta ha tenido lugar aquí. Guadalajara, al igual que la mayoría de las ciudades estadounidenses, es una ciudad que gira en torno al automóvil y en la que el tránsito público es desorganizado. Un trayecto en taxi a Tonalá, una aldea en los suburbio del sur, me tomó 15 minutos; el autobús de vuelta, una hora y media. Aún tuvimos que invertir más tiempo en descubrir cómo tomar el autobús de regreso a Tonalá.

Y esto sin mencionar la agresiva postura que un peatón debe adoptar para superar las glorietas, círculos de tráfico en los que una aparentemente interminable masa agitada de vehículos da vueltas vertiginosamente.

Nada sorprendente, así pues, que, en una ciudad en la que mucha gente no tiene coches, los frustrados habitantes se hayan volcado en las bicicletas, para luego agruparse en números que les ofrezcan una seguridad. No pudo haber sido fácil, sin embargo, en una ciudad en la que hace tan sólo unos pocos años las bicicletas eran vistas principalmente como vehículo para los vendedores callejeros y los pobres.

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El martes, en el primer paseo después de las vacaciones, centenares se arremolinaron con sus bicicletas frente al Punto del Arte, un elegante café en el Centro. De repente, un grito se abrió paso – “¡Ya vamos!”, seguido de la voz de Aretha Franklin retumbando desde los altavoces adheridos a la bicicleta guía.

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“What you want, baby, I got it… What you need, you know I got it. All I’m askin’ for is a little respect…” (“Lo que quieres, cariño, yo lo tengo… Lo que necesitas, sabes que lo tengo. Todo lo que pido es un poco de respeto…”)

No sé lo que pasó con los impacientes conductores que esperaban mientras que las hordas sobre ruedas fluían a través de los semáforos en rojo, pero el mensaje no pasó desapercibido para mí.

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La ecléctica banda sonora entrelazaba los Rolling Stones con Caifanes, Lynyrd Skynyrd con Café Tacuba, y con Guns ‘N Roses. Y la euforia era tan elevada que podías sentirla saltando por el decorado Beaux Arts de las calles del casco viejo. Nos movimos por aquellas calles durante alrededor de una hora, antes de desembocar en el impresionante Teatro neoclásico Degollado, en el que nos amontonamos para ver el espectáculo gratuito de ZaikoCirco; una compañía internacional y surrealista de intérpretes de circo que, por supuesto, apoyaban el esfuerzo de los ciclistas con su acto.

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En resumen, una actuación fenomenal – que empezara con el paseo.

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