Rescate de Tortugas en el Eco Side de Baja California

Rescate de Tortugas en el Eco Side de Baja California

por Melissa Gaskill

Una tienda en la arena alimentada con energía solar, una ducha solar colgada cerca, el inodoro de compostaje detrás de un nudoso árbol de Palo Blanco. El turismo ecológico se parece mucho a esto.


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Organizado por Baja Expeditions, uno de los más antiguos operadores de viajes de aventura en la península mexicana, y SEE Turtles, una organización no lucrativa que promueve el turismo de conservación, este viaje incluye tres días en el Golfo de California y tres en la costa del Pacífico de Baja California, con una noche en La Paz entre medias. Además se puede participar en un proyecto de seguimiento de la tortuga marina local que, una vez al mes, despliega sus redes para capturar tortugas de mar, medirlas, marcarlas y luego ponerlas en libertad. Los datos ayudan a determinar el éxito de los esfuerzos para ayudar a estos animales en peligro de extinción.

El primer día, el grupo se reúne en el vestíbulo del hotel para un rápido traslado hasta la oficina de Baja Expedition’s para disfrutar del desayuno, y recoger los trajes, máscaras y tubos. Luego cargamos todo en una panga, una de las embarcaciones azul y blanca de fibra de vidrio muy comunes a lo largo de ambas costas de Baja California. Nuestra ruta cruza la bahía de La Paz hasta Isla Espíritu Santo, una isla montañosa y deshabitada. Una línea de tiendas blancas a lo largo de una estrecha extensión de arena igualmente blanquecina muestra una bahía color gema azul, donde los pelícanos, cormoranes, y los piqueros de color marrón y patas azules se precipitan al agua en una búsqueda de peces que se extiende desde el amanecer hasta el anochecer. Dos cocineros preparan nuestras comidas en una cocina de gas dentro de la tienda cocina, utilizando para ello el pescado capturado directamente de las aguas cercanas, pimientos cultivados al norte de La Paz, y tortillas hechas a mano, así como otros ingredientes locales frescos.


Baja SEE Turtles 077

Después de instalarnos, alcanzamos el extremo norte de la isla en una motora para bucear alrededor de Los Islotes, una colección de rocas escarpadas pobladas por lobos marinos y aves que nos sobrevuelan, un banco enorme de sardinas y un alboroto continuo de peces tropicales que habitan sus aguas bajo las rocas. Los leones marinos jóvenes agazapados en un extremo de las rocas vinieron raudos para jugar; cuando los sigo bajo el agua, se apresuran detrás mío, se abaten en picada y se alejan buceando más allá de donde yo puedo alcanzarles. El día termina con una brillante puesta de sol sobre la península seguido por las estrellas desparramadas en un cielo negro y la luna llena alzándose por detrás de la cadena montañosa de la isla.

Al día siguiente, recorremos en kayak la extensión de los acantilados rojo y crema diseminados con sus intrincadas formaciones rocosas, al tiempo que nos adentramos en cada caleta. Algunos albergan pequeñas playas, otros laderas rocosas e incluso algunos verdes franjas de manglares. Una panga nos trae el almuerzo, a continuación, nos lleva un poco más abajo de la isla a las ruinas de una pobación antiguamente dedicada a la recolección de perlas y más tarde a un arrecife sano a tan sólo unos 20 metros bajo la superficie. A la mañana siguiente, seguimos la pendiente escarpada detrás del campamento, observando grandes lagartos azules y coloridos colibríes, antes de regresar a La Paz para la noche.

Para el viaje de tres horas en coche a Puerto San Carlos, nos amontonamos en una camioneta, reduciendo así la huella de carbono que este viaje podría haber tenido de otra manera. Desde allí, otro paseo en panga termina en una manglar y una barrera de conchas de Bahía Magdalena, una bahía de manglares en el lado del Pacífico de la península. Nuestro campamento aquí es ecológico también, dormimos en tiendas de campaña en la estrecha playa de la barrera de conchas, comemos almejas y camarones capturados con métodos sustentables en la propia bahía y hacemos composta con nuestros residuos.

Melissa Gaskil photos

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Al participar en el programa de monitoreo de tortugas de mar, los turistas que proporcionan ayuda financiera directa para este seguimiento de la tortugas. Además de apoyar y fomentar este tipo de alternativa para el desarrollo del turismo típico (es decir, complejos hoteleros, campos de golf en el desierto, y otras iniciativas ecológicamente hostiles), que ayuda a crear un trabajo digno y responsable para las personas en la comunidad local. Nuestro equipo del campamento, son los miembros de una cooperativa local, formados para trabajar con reconocidos cocineros y guías de expediciones por Baja antes de ponerse a trabajar por su cuenta aquí.

Nuestro grupo de diez más dos guías y cuatro miembros que supervisan el proyecto, se encamina a bordo de dos pangas para colocar las redes en la bahía donde las tortugas van y vienen con el subir y bajar de la marea. Comenzando a las 6 pm de hoy y hasta las 4 pm de mañana, dos miembros de la tripulación y dos invitados verifican las redes cada dos horas. También podemos ayudar con la medición y marcado, así como dando un nombre a las tortugas sin etiquetar.

Entre cada turno, disfrutamos de un paseo en panga a través de exuberantes manglares, donde observamos una gran variedad de garzas y garcetas, así como algún que otro martín pescador, arrendajos, pelícanos o águilas pescadoras. Después del almuerzo, cruzamos la bahía y caminamos a través de las dunas que se elevan más de cuatro pisos de altura y tienen alrededor de media milla de ancho, formando una barrera entre la bahía y el océano Pacífico. La playa es amplia y se pierde en la distancia en cualquier dirección, sin signo alguno de civilización. El agua cristalina presenta una temperatura perfecta para nadar, y dólares de arena del tamaño de mi mano la ensucian.

A la mañana siguiente, observamos los métodos de pesca locales, incluyendo la pesca manual, trampas para cangrejo, y una red de arrastre de camarón diseñados especialmente para no afectar al fondo marino y que se mueve lo suficientemente lenta como para que los peces y otras capturas incidentales puedan escapar.
Volviendo al aeropuerto de San José del Cabo el día siguiente, estoy impresionada por el contraste entre la expansión, los complejos cerrados de hoteles, el color verde brillante de los campos de golf y cruceros flotando en la distancia y el acogedor campamento que, por ahora, ha desaparecido completamente de la pequeña isla. Yo puedo llamar a esto una eco-aventura.

Para leer otras historias de Melissa Gaskill’s stories, visite su blog. Para más información sobre este programa vaya al sitio Turtles.

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