Por Tracy L. Barnett
Traducido por Katy D’Oporto
Este lunes al caer la noche, un grupo de huicholes se reunió alrededor de una fogata en el desierto en las inmediaciones de Real de Catorce, San Luis Potosí, el lugar sagrado llamado por ellos Wirikuta, y realizaron su ritual milenario, asegurando el bienestar no solo de su comunidad, sino del planeta entero.
Repentinamente, fueron interrumpidos por un escuadrón de 4 vehículos policiacos, quienes se acercaron y empezaron a hostigarlos, de acuerdo con un boletín lanzado por AJAGI, la Asociación Jalisciense en Apoyo de Grupos Indígenas.
La policía comenzó a burlarse del maraakame, el dirigente espiritual, rompiendo el círculo sagrado, manipulando objetos sagrados y destruyendo ” el fuego del Abuelo. ” Acusaron a los Huicholes, o Wixarika como ellos se llaman, de violar la ley concerniente a la reunión de peyote, la cual han llevado a cabo durante miles de años como parte de su peregrinación anual por Wirikuta.
El hostigamiento continuó durante tres horas, hasta que finalmente dejaron a los participantes de la peregrinación en paz. Pero ellos volvieron al campamento a las 2 de la mañana para seguir el hostigamiento, esta vez se hizo la grabación del procedimiento con videocámaras e interrumpiendo la canción del marakaame y las palabras de los antepasados, según AJAGI.
Las noticias me golpearon como una roca en el estómago. Hace sólo una semana yo estaba en Santa Catarina, haciendo la excursión de dos horas montaña abajo, hacia el sitio ceremonial de Las Lajas para entrevistar a el maraakame, Don Dionisio. Él evocó a los antepasados y la importancia de la tradición Huichol en una súplica elocuente por la comprensión del predicamento por el que pasan, esto trajo lágrimas a mis ojos. Aquel mismo día, la comunidad estaba en medio del ritual que acompaña la salida de los peregrinos, que habían sido escogidos por la comunidad entera para representarlos en esta importante práctica espiritual.
Yo estaba ahí para aprender sobre la resistencia de la comunidad de Santa Catarina a un proyecto de una autopista que el gobierno federal había comenzado a construir atravesando su tierra, sin el consentimiento de la comunidad. Después de considerar el tamaño del proyecto, la destrucción masiva de bosque y la ubicación de la carretera, que pasó por varios sitios sagrados y cortó la ruta de peregrinación milenaria, la comunidad se rebeló.
En febrero de 2008, un grupo de 800 residentes recogió sus pertenencias y salió de excursión – en algunos casos, durante varios días – al centro del proyecto de construcción de la carretera y estableció un campamento, donde permanecieron durante seis meses. Desde entonces, ellos han demandado al gobierno, denunciando que el proyecto de carretera viola leyes ambientales, así como su tierra y derechos espirituales.
El departamento de carretera respondió con las copias de una petición firmada por 400 residentes de una reunión que la comunidad dice nunca ocurrió; ellos demandan que la petición fue falsificada, y justo la semana pasada, se exigió que la agencia presente los documentos originales.
Los representantes de AJAGI dicen que el inicio del hostigamiento no era ninguna coincidencia, y que, de hecho, este tipo de hostigamiento ha estado ocurriendo durante la peregrinación en el momento en que el grupo comenzó a protestar contra la construcción de la carretera.
“Parece irónico que a pesar del hecho que PROFEPA (la Agencia Federal para la Protección de Medio Ambiente) acosó a la gente de Tuapurie (Santa Catarina Cuexcomatitlan) con pretextos ambientales y normas cuya ejecución no está en la jurisdicción de la policía estatal, esto ocurre al mismo tiempo que el pillaje de peyote en manos de narcotraficantes muestra una subida repentina, mientras las zonas importantes de diversidad biológica están siendo destruidas por la industria multinacional agrícola.”
El grupo comentó que, regularmente, empresas transnacionales de agroindustria, compran en grandes cantidades y despojan cientos de hectáreas de hábitat natural del peyote y lo destruyen. Una empresa de tomate transnacional recientemente compró 400 hectáreas de hábitat de desierto con biodiversidad importante, incluyendo un sitio de peyote, empezó a despojarlo de la vegetación endémica y construyó pozos profundos que agotaron las provisiones locales de agua kilómetros a la redonda.
Otros desarrollos han sido planeados y aprobados por el gobierno a través de la antigua ruta de peregrinación que ha sido cortada en docenas de sitios con líneas de alta tensión, supercarreteras y subdivisiones.
Además, el gobierno federal ha preparado ” un Plan Administrativo ” para el peyote, que regula la reunión ritual del grupo indígena alrededor de la planta, un plan que no implicó la participación de la comunidad y que el grupo cree viola sus derechos conforme una cláusula que se pronuncia a favor de derechos a la tierra indígenas, bajo el Convenio 169 de las Naciones Unidas y la Organización internacional del Trabajo.
“¿Ésta es la protección al medio ambiente que PROFEPA y la policía estatal requieren? ” AJAGI pregunta. “La situación es delicada y es fundamental ser conscientes de la necesidad de la gente de Wixarika, de la sociedad civil en general y de las organizaciones de derechos humanos de lo que pasa con la peregrinación tradicional, así como del hostigamiento del gobierno que ha estado pasando sistemáticamente desde febrero de 2008,” escribió el grupo.
Actualmente estoy terminando un documental sobre la lucha de Santa Catarina contra el proyecto de carretera y sus esfuerzos para conservar su tierra y modo de viva. Los detalles vendrán prximamente. Mientras tanto, aquí está una presentación de fotografía de la visita de la semana pasada a Santa Catarina Cuexcomatitlan, la comunidad Wixarika de Tuapurie.
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