Paraguay Archive

Magui Balbuena: Luchadora por la vida

Magui Balbuena: Luchadora por la vida

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

ASUNCION, Paraguay – La primera vez que vi a Magui Balbuena fue en el Foro Social de las Américas – una mujer pequeña con una poderosa presencia, ella era una de las maestras de ceremonia en el evento. La fundadora de CONAMURI, el Consejo Nacional de Trabajadores Rurales y Mujeres Indígenas, Magui ha sido una activista en la lucha de los derechos de los sintierras y los campesinos de su país durante toda su vida. Su trabajo con los grupos campesinos durante la dictadura la llevo a prisión y ha costado la vida a muchos de sus amigos y colegas, y ahora ella se ha convertido en una voz de liderazgo para el movimiento campesino que lucha contra el rápido crecimiento de los cultivos transgénicos que han devastado el campo paraguayo.

“El movimiento campesino representa lo mejor de nuestro país,” me había comentado una periodista paraguaya amiga, así es que rastreé el número telefónico de Magui y me puse en contacto con ella.

Una vos amistosa contestó el teléfono inmediatamente – Era una voz gentil nada parecida aquella poderosa voz que había escuchado exhortando a las masas. Le comenté sobre mi misión y le pregunté si tendría un tiempo en la semana para reunirse conmigo.

“Puedes venir mañana entre las 7 y las 8?” me preguntó. “Ese es el único tiempo que tengo disponible.”

Llegué a las oficinas de CONAMURI a las 7:30 según el “tiempo paraguayo” y me encontré con un torbellino de actividades. Magui se movía a la velocidad de la luz, organizando un taller para jóvenes líderes de todo el país, contestando preguntas y llamadas telefónicas, una tras otra.

Miré a mi alrededor en la sala de recepción, la cual no contaba con muebles excepto por 2 sillas plegadizas. Sin embargo las paredes hablaban alto, y me tomé un momento para leer la colección de afiches y pósters que conmemoraban los eventos y causas organizados a través de los años, una galería de esperanza y de lucha.

Soja para hoy; hambre para mañana”, leí en uno de ellos. “Ya es tiempo para soberanía alimentaria – con una agricultura recíproca con la Madre Tierra”, expresaba otro.

Finalmente Magui se recostó en la silla plegadiza y me miro con una cálida sonrisa. “Siempre empezamos nuestros talleres con una mística,” me dijo. “Querías ver?”

“Claro,” le respondí. No tenía idea de que era una mística, pero me encontraba intrigada por aquello.
Conversamos por unos momentos mientras el grupo se preparaba. Compartí con ella mis orígenes como hija y nieta de granjeros de la tierra de Monsanto, y una oponente de los cultivos transgénicos desde hace tiempo. Ella me adoptó inmediatamente como su compañera de lucha.

Antes de nuestra entrevista, sin embargo, compartimos noticias devastadoras. Habían diagnosticado a su amado nieto de 11 años, Amaru, un neurofibroma, una condición neurológica que podría amenazar su vida, y ella estaba aguardando por noticias sobre cuan severo era el su caso. Su hija estaba en camino, lo llevarían juntas al hospital. Una habitación llena de adolescentes animados esperaba la presentación, y su teléfono seguía sonando constantemente, pero ella se tomó un tiempo para compartir conmigo.

El taller empezó a las 8; y me di cuenta que literalmente el tiempo de 7 a 8 de la mañana era el único con el que contaba.

“Estamos listos,” dijo una de las compañeras y nos dirigimos afuera al patio. Los jóvenes se dispusieron en un círculo, cada uno de ellos llevando un poncho de colores diferentes, y un pedazo de papel en el que estaba escrito lo que representaba: Tierra, Aire, Fuego, Nativos, Semillas… cada uno sosteniendo un recipiente que representaba su elemento elegido. En el centro, vestido en un poncho negro, se encontraba la representación campesina de la muerte, cubierto con los nombres de las peores pesadillas de los campesinos: Monsanto, Cargill, ADM, biodiesel, transgénicos, militarización.

Julia Franco, una camarada de Magui por muchos años, guió al grupo de jóvenes en una procesión. Uno a uno los elementos armados con sus ponchos tomaron lugar en esta procesión que se movía a través del patio, cantando en Guaraní y formando un círculo alrededor del Señor Monsanto. De manera silenciosa y sin perder el compás de la canción , cada uno arrancó una etiqueta del Señor Monsanto y se agruparon a su alrededor. Como la bruja malvada de Oz, el Señor Monsanto lentamente se fue encogiendo hasta desaparecer.

Después de la mística los jóvenes se sacaron sus ponchos y tomaron asiento, mientras Magui tomo su lugar en frente a la pizarra y entrego un fiero análisis sobre el modelo de exportación agrícola que ha deforestado el campo paraguayo y ha empobrecido a muchos mientras ha enriquecido a tan pocos. Su discurso fluía entre el español y el guaraní, pero sus diagramas dejaron bien en claro el mensaje: El negocio transnacional de la exportación agrícola no es amigo suyo. Hablo desde su amarga experiencia; su comunidad fue una de las comunidades desplazadas por las amenazas y violencia que los productores de soja en el área, quienes casi matan a su cuñado.

La biografía de Magui, “Magui Balbuena: Semilla para una nueva siembra” es parecida a una versión campesina de “Yo, Rigoberta Menchú,” biografía de la premiada Nobel de la Paz de Guatemala. Narrada en sus propias palabras a la escritora argentina Elisabeth Roig, ella habla de sus primeros años creciendo en una familia tan pobre que no tuvo sus primeros zapatos hasta la edad de 13 años. Habla del liderazgo de su padre en movimiento de ocupación de tierra, y como arriesgó su vida para reclamar el uso de tierras comunitarias, que habían sido vendidas por el corrupto dictador Stroessner. Habla del movimiento de la reforma agrícola en su país en las décadas de 1960 y 1970, un movimiento al que se unió en su juventud, que luchaba por la dignidad de la vida de los pequeños granjeros, los derechos a la tierra segura y la brutal represión que le siguió, con compañeros activistas perseguidos, torturados y asesinados en maneras terribles.

Habla de el tiempo en que ella misma estuvo en prisión y de su milagrosa liberación, su matrimonio con un compañero revolucionario y su huida a una favela de Brasil, con un pequeño niño y otro en camino, una vida en un exilio en condiciones miserables, en una tierra extraña, donde casi muere al dar a luz y casi pierde a sus hijos a causa de extrañas enfermedades.

También habla sobre su regreso a reconstruir un movimiento devastado en el corazón de la dictadura, luchando por una voz en una organización dirigida por hombres, y la decisión de agruparse con sus compañeras para continuar la lucha por la justicia en el campo, pero como mujeres. 10 años atrás CONAMURI (Coordinadora Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas), su organización actual, fue fundada para solidificar esa lucha.

Hoy en día la dictadura no es más que un amargo recuerdo, pero su legado vive en los millones de campesinos sintierra e indígenas quienes se amontonan en los barrios pobres a las laderas de las grandes ciudades. Para Magui y sus compañeros, la lucha continua, solo la cara del opresor ha cambiado.

Después de la presentación para los jóvenes y antes de la llegada de su hija y su nieto, escapamos a otro lugar, y tuve la oportunidad de preguntarle sobre esos nuevos enemigos sin rostro y el impacto que han tenido en Paraguay. Su apasionada defensa fluyó como un río durante una hora y media.

(La video de esta entrevista viene pronto.)

Un pedazo de paraíso paraguayo: San Rafael

Un pedazo de paraíso paraguayo: San Rafael

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

LA RESERVA SAN RAFAEL, Departamento de Alto Vera, Paraguay – “Está a punto de conocer el lugar mas hermoso del mundo,” me dijo Daniel, mientras atravesamos el accidentado camino rojo, el cual se hacia cada vez mas accidentado y angosto al minuto, mientas el oscuro bosque se cerraba alrededor de nosotros, helechos que crecen hasta la cintura y arboles drapeados de rosa vid se elevaban en la oscuridad.

Hacían dos horas y media desde que salimos de Encarnación, en el centro sur de Paraguay, a orillas del rió Parana, y había pasado aproximadamente una hora desde que vimos algún tipo de de civilización, en su lugar millas de hectares de plantaciones de trigo se extienden al horizonte – la cosecha de invierno, la cual sera cosechada pronto para hacer lugar a las plantaciones de soja.

“Los cambios aquí en Alto Vera han sido muy dramáticos en los últimos años” me dice Daniel. El observó mientras el vasto Bosque Atlántico de su tierra nativa y las pequeñas granjas que un tiempo atrás existían desaparecían milla tras milla, para abrir paso a estos campos.

“Lo que está sucediendo es muy triste,” dice. “Los campesinos que han vivido y cultivado la tierra aquí todas sus vidas están en una situación muy precaria- si sufren una temporada difícil, sentirán hambre todo el año. Cuando un gran productor se acerca a ellos y les ofrece dinero por sus tierras, muchos de ellos no pueden rehusarse a aceptarlo. A $6.000 la hectárea, es una cantidad inconcebible de dinero y suficiente para vivir de el por unos años – piensan ellos, y se mudan a la ciudad. En un año o dos el dinero se termina.”

Mi tiempo en Paraguay ha sido coloreado en varios sentidos por la tristeza de su historia. He llegado sin embargo a San Rafael, para dejarlo todo atrás por dos días y dos noches preciosas, en un lugar donde un fragmento del antiguo paraíso de Paraguay aun sigue vivo, y un dedicado grupo de conservacionistas esta trabajando para restaurarlo.

Entre otros roles, Daniel Espinola es el supervisor de operaciones en la reserva San Rafael, ademas de ser miembro de Guyra Paraguay, uno de los grupos de conservación lideres en Paraguay, su nombre deriva del la palabra Guaraní para “ave”, dado que la misión original de la organización fue la conservación de los hábitats de aves, pero el grupo ha crecido mas allá de sus orígenes.

Eran las 10:30 al momento en que llegamos, y la noche se había cerrado en el bosque un buen tiempo atrás, así es que tendría que esperar para juzgar la precisión de la descripción de Daniel. “Uno siempre piensa que su propia tierra es el lugar mas hermoso del mundo,” reconoció. “Así es que tendrás que decidir por ti misma.”

La estación de investigación incluye lugar de alojamiento hasta para 12 visitantes, observadores de pájaros, científicos, y ecoturistas se abren camino por aquí desde todo el mundo para ver algunas de las mas de 400 especies diferentes que hacen de San Rafael su hogar.

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Mañana, me dice Daniel, seré Guardabosques por un día. Mientras me cubría con la cobija en la fría noche, y apagaba una vela, un absoluto silencio me envolvió y el sueño descendió sobre mi como una tibia manta.

La luz comenzaba asomarse por mi ventana cuando una excitada conmoción comenzó afuera de mi cabina, como si fuera que cada ave de la creación hubiera llegado a nuestro valle a para comenzar una sinfonía de sonidos en esa misma mañana. La variedad era tremenda, trinos y gorjeos y riffs melodiosos se entrelazaban en un tapiz de sonido que parecía envolver a mi estado medio dormido.

Mientras dormitaba escuché por un momento, luego abrí las persianas para encontrarme con un matiz dorado- rojo en el horizonte. En el aire se sentía la alegría, era contagiosa, y comprendí lo que Daniel quiso decir.

Antes del desayuno pude ver a un papamoscas cola de tenedor, un tero, y – fui personalmente saludada por lo que parecía ser un colibrí de color esmeralda tornasolado, que se precipito hacia la puerta de mi camarote, floto cerca de mi un momento y luego volvió a salir afuera. Luego intente comenzar con un poco de escritura antes de nuestra salida en la mañana, pero la algarabía afuera de mi ventana fue demasiado para mi; tome mis binoculares y en cuestión de segundos ya había divisado un pájaro de plumaje y cresta parecido a la felpa y un búho pigmeo.

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Mi día estuvo lleno de actividades mientras acompañaba a Ramón y Ariel en las rondas que realizan para revisar una serie de “trampas de arena” dispuestas para registrar las huellas de los felinos que habitan en el parque.

Esperaba ver una huella de jaguar pero quedé decepcionada, aunque sí llegamos a encontrar huellas de zorros y armadillos. Aproveché de buena manera los binoculares que Daniel me había prestado, en la tarde, dimos un paseo por las praderas y observamos un trío de carpinteros campestres de pecho amarillo (un tipo de pájaro carpintero) mientras rodeaban un nido de termitas gigante en busca de sus presas de seis patas, y logramos obtener algunas tomas decentes. Localizamos a un impresionante tirano cola serpentina, similar a un cola de tijera, pero con una cola aun mas espectacular, con plumas dobles y un rostro de color canela, el cual también pude fotografiar.

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La primavera está floreciendo en la reserva, con flores salvajes llenando las praderas y el niño azote, una delicada flor parecida a una mimosa rosada salpicando el bosque. Las aves macho están vistiendo su mas ostentoso plumaje y cantando con todo su corazón para atraer a sus parejas, y las especies migratorias permanecen alrededor como el tirannus savanna, el papamoscas de cola blanca y negra que había visto en la mañana.

Ariel me acompaño a una caminata al río, observe el espectacular atardecer por encima de la mezcla de praderas y bosques que rodean a la estación, y absorbí el alboroto de la vida silvestre de las aves.
El tiempo paso demasiado rápido y pronto ya estuve en camino de vuelta a la ciudad con Daniel, pero no antes sin visitar a los campesinos con quien las personas de la fundación Guyra están trabajando para promover practicas sustentables de agricultura.

Para aprender más de Guyra Paraguay revise su sitio web. Tiene cinco reservas en varias partes del pais, y un serie de programas en Asuncion.

Construyendo un mundo mejor con bambú

Construyendo un mundo mejor con bambú

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Janina Ralda y Gaby de Mendoza

CERRO ROKE, Paraguay—El bus rojo hace su recorrido traqueteante, bajando por el camino de terracería rojo, abriéndose brecha a través de la niebla gris. El conductor me aseguró que no habíamos ido demasiado lejos; mi destino era la ultima parada del recorrido. Finalmente hace un frenazo sacudido.

La entrada de bambú era la única pista que tenía de haber llegado a Takuara Rendá, centro de permacultura de Paraguay. Guillermo Gayo, el corazón de todo el proyecto, estaba allí para saludarme y darme la bienvenida al estilo sudamericano, con el tradicional beso en las dos mejillas.

Yo conocí acerca de Takuara Rendá en el Foro Social de las Américas en Asunción, donde Guillermo había transformado un rincón del intenso y ocupado foro en un santuario de paz con una de sus casas de bambú.

Fue allí donde conocí sobre su participación única en permacultura, basándose en los principios básicos del bambú y el trabajo de toda una vida como arquitecto, dedicándose al campo de la bioconstrucción, una forma de construcción que hace énfasis en el uso de recursos naturales y tecnología sostenible.

Takuara Rendá, el centro de permacultura en referencia, posee ese nombre derivado del idioma nativo de Paraguay, Guaraní, que significa “hogar del bambú”. Como un arquitecto y diseñador en busca de dignificar la vida de las personas, mitigando al mismo tiempo el impacto ambiental, tiene la inclinación hacia el bambú como un recurso renovable rápido y como un material de construcción altamente versátil.

Me invitó a conocer su centro de permacultura*, el cual se encuentra aproximadamente a dos horas de distancia de la ciudad de Paraguarí, de modo que pudiera conocerlo por cuenta propia y así lo hice.

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Lo que encontré allí, en los exuberantes bosques verdes, era algo parecido a un santuario zen y el taller de un inventor poblado de árboles y un centro de aprendizaje con participación activa. Allí se encontraba el personal; estudiantes paraguayos, argentinos, brasileños, trabajando en el ensamble de creaciones en bambú, desde puertas y sillas hasta instalaciones de luz.

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Lo que no era tan visible era el infinitamente minucioso trabajo de crear una reserva agroforestal de un terreno incultivable donde se agotaban los recursos naturales.

La renovación, el cultivo de árboles del bosque, el jardín y el taller de bambú, trabajan en conjunto para crear un estilo de vida integral para Guillermo, quien se gana la vida enseñando en todo el continente sobre la bioconstrucción utilizando bambú. Guillermo enseñaba antes herramientas para la subsistencia del planeta hasta que encontró en la casa de un amigo brasileño la guía de permacultura de David Holmgren traducida al español. Leer el libro le hizo recordar varios aspectos de sus ideas y práctica y logró llevarlos hacia un mejor enfoque, el cual eventualmente lo dirigió al aprendizaje del diseño en permacultura y al establecimiento de Takuara Rendá.

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“Si hubieran visto este lugar hace diez años, no lo hubieran creído”, les cuenta a un grupo de invitados de Asunción, quienes llegaron a hacer un recorrido por el lugar. Explotado, lleno de maleza y quemado una y otra vez, ya que esa era la práctica agricultural de ese lugar, la tierra había llegado al punto en que la regeneración natural estaba a punto de no ser posible. “Era como un tejido con cicatrices” nos cuenta. “Tuvimos que reincorporar la tierra y eso toma tiempo”.

Es difícil imaginarlo, al ver ahora alrededor del bosque frondoso y el increíble y diverso desarrollo – palmera coco, acacia, guayaba y papaya, junto con cactus, piña se entremezclan con parches de musgo y helecho – es difícil de pensar.

En esta tierra parece que pudiera crecer cualquier cosa. Pero fue el resultado de años de limpiar la maleza, preparar la tierra con composta, y cultivar los retoños de palmera, guayabas y papayas con agua y los nutrientes necesarios. “Nosotros los humanos tenemos una capacidad grande para la destrucción, pero también tenemos una capacidad grande para la recuperación”, comenta.

Más tarde Guillermo me llevó a uno de los lugares más duros y rudos de la tierra, donde él sutilmente engaña a los pastos nativos de la tierra, en otro lugar está cultivando retoños de nuez de macadamia, árboles de mango, entre otros vegetales. La idea es sembrar para mañana, y para los próximos diez años a la vez, empezando desde ahora, explicó. Los vegetales servirán de alimento mientras los árboles crecen lo suficiente para proveerles fruta y nueces.

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Pero Guillermo, el agricultor, cambia rápidamente a Guillermo el inventor al momento de explicarles a sus estudiantes las leyes de aerodinámica y como se aplican a un molino de viento que construyen para bombear agua, o como ellos meditan acerca de los planes para un serrucho accionado por medio de un péndulo.

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Y Guillermo el inventor también puede fácilmente convertirse en Guillermo el arquitecto, al explicarnos el por qué de las líneas curvas en el techo y las paredes que enmarcan este edificio.

“Debemos romper el esquema rectagonal” – la forma en que nuestras estructuras se crean en la ciudad, están diseñadas para incrementar la productividad, pero la naturaleza está organizada fuera de esa estructura lineal. “Lo que hemos tratado de hacer es crear un hábitat que sea compatible con la biología.”

Como es típico en los permaculturistas, Guillermo posee su propia historia, que es tan interesante como la del centro de aprendizaje. El nació en Argentina y estudiaba en los años 60 y 70. Como muchos de su generación, su participación en movimientos sociales llamó la atención del gobierno represivo de esa época, obligándolo a huir por su vida para evitar enfrentar el trágico destino que tuvieron muchos de sus amigos, la tortura y la muerte.

Decidió dirigirse al norte de Paraguay. Vivió muchos años en Asunción, donde cambió esa resistencia a una de forma más espiritual – una en la cual el podría continuar trabajando por un mundo más sostenible, pero sin arriesgar su vida bajo un régimen de dictadura diferente. A través de la enseñanza del calendario Maya en un centro de pensamiento alternativo él y unos amigos reflexionaron acerca de la historia aborigen de estos suelos, donde los guaraníes aún viven en armonía con la tierra – marginados y en áreas extremadamente remotas del bosque, pero sobreviviendo de la manera en que lo hicieron sus ancestros.
“Los guaraníes no construyeron grandes monumentos, pero lo que dejaron atrás era algo mejor… un ambiente integrado.”

“Hemos destruido un hábitat completo y va a ser muy costoso repararlo. Pero ellos no dejaron nada fuera de su lugar”. Después de la amplia discusión sobre el tema, Guillermo recalca, “hemos llegado a la conclusión que debemos pedir perdón – a la tierra, a los ancestros, a la gente indígena. Al pedir perdón debes ofrecer algo – no solamente decirlo.”

Lo que Guillermo ofrecía era su experiencia como maestro de bioconstrucción, trabajando con un bajo presupuesto y con la gente indígena para ayudarlos a crear espacios habitacionales cómodos y dignos, trabajó con los guaraníes en Paraguay y con los maya quichés de Guatemala, a crear reservas de agua que los ayudarían a evitar las largas horas de cargar agua en la espalda desde las fuentes de dicho líquido que se encuentran alejadas.

En 1999 trajo Takuara Rendá, un centro de demostración de vida sostenible, donde la gracia de las estructuras de bambú perfumadas con hierbas dulces se dispersa entre los árboles.

“Tratamos de hacer los espacios habitacionales lo más pequeño posible y éste se extiende a la parte de afuera”, explicó. “Creemos que con menos que vivas, lo harás mucho mejor”.

El poco tiempo en Takuara Rendá, parece confirmar la veracidad de estas palabras. Yo dormí en una de esas casas de bambú, sobre una cama con base de bambú, con un colchón ecológico de pasto; lavé los platos en un lavatrastos afuera protegido por un cobertizo de bambú, utilizando agua minuciosamente distribuida a través de una serie de botellas plásticas recicladas con un ingenioso sistema de conservación; me senté en una silla de bambú con una mesa del mismo material, y tomé maté en una matero y bombilla de bambú. Utilicé un baño seco de bambú con una ingeniosa forma en espiral, sin sufrir ninguna incomodidad. Manoel, el estudiante brasileño, me ayudó a labrar mi propia taza para beber, utilizando una parte del bambú.

Respiré el aire fresco, mis ojos estaban empapados de la frescura verde, me sentí mucho mejor de lo que me había sentido en semanas. Recapacité sobre una pregunta que Guillermo hizo: “¿Qué es salud – es solamente física, o es espiritual? al decir espiritual no me refiero al sistema religioso que se mantiene corrigiendo una estructura donde todo va mal”.

Mi tiempo con Guillermo, con su asistente Milciades y los estudiantes argentinos y brasileños fue tan corto. Yo deambulaba por los bosques misteriosos y las extrañas formaciones rocosas, escuchando el canto entre los pájaros. Comí deliciosa comida orgánica, preparada por los jóvenes en una sencilla estufa de madera bajo un rótulo pintado a mano con la leyenda de las palabras de Hipócrates que al parecer la medicina moderna ha olvidado: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Ya de regreso en la ciudad, veo el paisaje con formar cuadradas y líneas rectas, y entonces suspiro. Algún día me gustaría tener mi propio Takuara Rendá. Hasta entonces, tengo mi taza para beber hecha de bambú.

Takuara Rendá acepta voluntarios por un tiempo mínimo de dos semanas y un máximo de tres meses. Tiempo durante el cual puedes aprender por medio de práctica; los principios y el ejercicio de la bioconstrucción, cultivo de árboles del bosque, tecnología alternativa y permacultura.

*La permacultura es el diseño de hábitats humanos sostenibles y sistemas agriculturales, que imita las relaciones encontradas en los patrones de la naturaleza. El libro que cambió la vida de Guillermo se puede bajar gratis en el internet como libro electrónico en este sitio.


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Más fuego en el debate sobre transgénicos en Paraguay

Más fuego en el debate sobre transgénicos en Paraguay

(arriba: Agentes del SENAVE realizan una “intervención” en un granjero que está ilegalmente cultivando maíz transgénico.)

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

ASUNCION, Paraguay – La destrucción de mas de 100 hectáreas de maíz transgenico hace aproximadamente dos semanas ha provocado una nueva ronda de debates sobre cosechas modificadas geneticamente.

Llegué a Paraguay en el día de la intervención y me encontré en medio de la que fue llamada “La Guerra de la Soja” en donde multinacionales gigantes como Cargill y Monsanto han virtualmente sostenido una influencia política inamovible por años, y vastos tramos de tierras han sido arrasados para crear imperios para la soja transgénica. Aquellos campesinos e indígenas que han tratado de resistir la presión infligida para conseguir la venta de sus tierras, han encontrado su mismo estilo de vida y hasta sus propias vidas amenazadas, bajo el ataque de rociados aéreos de agrotoxinas, matones itinerantes que han intentado reprimir a los disidentes haciéndolos objetivos de sus acosos e inclusive en algunos casos extremos de asesinato a sus líderes de comunidades.

Esta guerra ha tomado un nuevo giro con la incursión en el gobierno de Fernando Lugo. Este cambio ha sido puesto en manifiesto de manera mas dramática con la “intervención” realizada recientemente, en la cual la SENAVE destruyo mas de 44 hectáreas de maíz transgenico, un acto que fue pronta y fuertemente criticado por la élite de defensores del negocio agrícola, quienes han controlado la política nacional por los últimos 20 años.

Había conocido a Miguel Lovera, la controversial cabeza del SENAVE, el Servicio Nacioal de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas, en una conferencia organizada por grupos de derechos humanos, ambientales y grupos campesinos para exponer sus argumentos ante los lideres del gobierno. Decidí solicitar una entrevista con él y sorprendentemente una hora más tarde estaba en su oficina.

Había llegado justo después de su reunión con el presidente – quien llevaba un nuevo corte de pelo en anticipación a la perdida de cabello que la quimioterapia traería consigo, pero sintiéndose sano, optimista y en control, me aseguro Lovera.

Me recibió calidamente en su espaciosa oficina en el 15vo piso del edificio Planeta 1 en el centro de Asunción. El paisaje de la ciudad visto a través de sus amplias ventanas era un paisaje gris, cubierto del humo despedido por los miles de campos ardiendo al otro lado del río, en el Gran Chaco – incendios de campos agrícolas siendo quemados para para poder hacer lugar a la nueva cosecha.

Quería preguntarle acerca de esto y también acerca de otras cosas más– entre otras actividades, Lovera fue elegido para liderar la delegación nacional a Copenhague el pasado año para las charlas sobre cambio climático, y su entrevista televisada reflejó un acercamiento particularmente considerado al problema del cambio climático. Pero el tiempo que disponía no era suficiente así es que nos enfocamos en nuestro tópico.

“Esta no es una acción política, es solamente la implementacion de la legislación” enfatizaba, “Es bastante simple en realidad – el maíz transgenico no es legal en nuestro ambiente, solamente estamos haciendo cumplir la legislación – aunque hay mucha oposición por el gran interés económico detrás del cultivo de maíz transgenico.”

Los unicos cultivos geneticamente modificados autorizados hoy en dia en Paraguay son varias y especificas variedades de soja, explicó.

Desafortunadamente, dijo, estas legislaciones fueron “completamente pasadas por alto” administradores anteriores de la SENAVE, asi es que su esfuerzo por hacerlas cumplir fue tomado como una sorpresa. También ha iniciado nuevas rondas de debate acerca de los méritos y amenazas de los alimentos transgenicos en general, debates en los que Lovera se rehúsa a participar, aferrándose a lo indicado por la legislación.

La decisión de destruir los campos de cultivo de maíz transgenico ha dominado la pagina principal del ABC Color, el periódico mas conservador, por la ultima semana. Hector Cristaldo, cabeza de una poderosa unión de productores, se ha burlado de Lovera y de toda la administración del Presidente Lugo, afirmando que el país necesita de esta tecnología, en orden de crecer económicamente y cumplir con sus obligaciones.

“Eso no tiene sentido,” replico Lovera. “Estamos alcanzando los niveles mas altos en producción agrícola jamas vistos en este país – lo único que estamos haciendo es cumplir con la ley. Si su producción depende de la ilegalidad, entonces en realidad lo esta realizando de la manera incorrecta. Y yo pienso que Cristaldo lo hace de la manera incorrecta porque defiende una posición inmoral.

“Tenemos en realidad un sistema legal en el país; el gobierno del Presidente Lugo está trabajando arduamente para consentir la decencia, la legalidad y el cumplimiento de las leyes en el país – por lo tanto ya no podemos tener a estos disidentes itinerando por el país haciendo lo que se les antoje.”

Otro oponente, Regis Mereles de la Asociación de Productores de Soja, fue mas duro. El llamo a Lovera “retrogrado” y sugirió que visitara las comunidades campesinas para formarse una mejor idea de lo que está sucediendo ahí.

Lovera sacudió su cabeza y rió. “Acabas de escuchar que clase de retrogrado soy,” dijo. “Si estar en contra de la ley de la selva es ser retrogrado, bueno, si, acepto esa calificación.”

Reconoció que no visita mucho el campo como desearía -“Probablemente porque paso la mayor parte de el tiempo sentado en esta silla”- Pero se pregunta si Mereles tiene una problema con su visión.

“Porque si tu visitas las comunidades agrícolas de la manera en que yo lo hago, tienes una visión del abuso , no puedes decir que eso esta bien. Ellos solo están produciendo aquí, si no eres capaz de de entender el nivel de abuso aplicado e infligido en los transeúntes, entonces si tienes un problema psicológico grave”.

Informes de envenenamientos químicos de comunidades y suministros de agua ha sido comunes a través de los años, y aun asi muchos casos de estos no fueron denunciados debido al miedo e intimidación, de acuerdo a Marie – Monique Robin, autora de “El mundo de acuerdo a Monsanto”. El libro tiene un capitulo completo dedicado al desarrollo de la soja transgenica en la región. Un caso raro fue el de Silvino Talavera, de 11 años quien falleció de intoxicación química – raro en que el caso fue llevado a la corte y alcanzo una conclusión satisfactoria en el 2004, esto llamo la atención internacional sobre el problema.

Ya con un nuevo énfasis en el refuerzo ha traído un enorme cambio, debido en gran parte a lo que Lovera llama el “efecto pedagógico” de la aplicación de las leyes. Cuando Lugo tomo la oficina de gobierno dos años atrás, Lovera estima que el nivel de conformidad a la regulación de actividades agrícolas llegaba aproximadamente al 10 o 15 por ciento. Hoy en día, Lovera cree que esta conformidad a estas regulaciones, esta cerca del 50 por ciento.

“Veo eso como un buen señal, y solo irá incrementando nuestra competitividad en términos de comercio internacional, en términos de ser considerados un lugar serio para realizar negocios,” señaló.

La mayoría de los agricultores estuvieron abiertos a aprender acerca de la legislación y el cambio de sus practicas, Lovera dijo.

“Los productores están diciendo ‘Si hemos hecho esto en el pasado, no lo haremos otra vez.’ Esta es la respuesta que estamos teniendo de los verdaderos productores, no de aquellos lideres de clanes y de sindicatos que son mis críticos en este momento”.

“Las personas que están ganándose la vida arando la tierra y sembrando las semillas, ellos quieren hacer el mejor trabajo que puedan hacer. Así es que vamos a ayudarlos; estamos abiertos al dialogo, discusiones, debates – esa es la única manera de resolver el debate que estamos teniendo en este momento. Ellos verdaderamente están cooperando, y yo predigo que tendremos una gran mejoría en el campo en los próximos meses.”

Pregunté a Lovera si podía discutir sobre los retos que ha enfrentado su agencia al tratar de hacer cumplir la legislación.

“El mayor impedimento que tenemos hasta hoy en dia es la nostalgia,” dijo él. “Algunas personas como Cristaldo – el representa un grupo de pseudo – empresarios que básicamente son una casta privilegiada en este pais, y lógicamente están peleando por no perder esos privilegios, que son altamente injustos para el resto de la población.

“En cualquier país moderadamente civilizado, si fueras a fumigar pesticidas a la gente, básicamente irías a la cárcel. En este país ese no fue el caso, todavía puede ser asi en muchos lugares, todavía pueden estar fumigando pesticidas en los lugares equivocados en la gente equivocada, en los animales equivocados.
Estamos aquí para poner un alto a la situación. Así es que si usted protesta en contra de ello, entonces bueno, usted no está realmente preparado para vivir en una sociedad democrática; no está preparado porque no tiene respeto hacia el prójimo, no es lo suficientemente sensible para reconocer que se necesita un cierto nivel de calidad ambiental, y sus negocios y actividades económicas deben ser limitadas por ese impacto disernible.”

Unos imágenes de las intervenciones de SENAVE, cortesía de la agencia:


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