El Proyecto Esperanza Archive

Rumbo a Guadalajara

Rumbo a Guadalajara

COLUMBIA, Missouri – Una estrella fugaz serpenteó en la inmensa obscuridad nocturno mientras nos dirijíamos a la carretera I-70 en nuestra camioneta, acoplado para uso general en el remolque, una brillante bendición en nuestra jornada. 2.000 kilómetros de carretera con señalamientos nos guiarán a nuestro nuevo hogar en Guadalajara en el otro extremo. Pero antes, una última visita prolongada a la familia en casa de mi hermano en Kansas.

Ha sido una muy larga jornada desde que inicie El Proyecto Esperanza hace un año, llevandome a lugares tan alejados como Buenos Aires, Argentina, en el sur y de regreso en mi larga jornada visitando diferentes lugares hasta el punto de partida, si Dios quiere, mi nuevo hogar será en México. Encontré una casita en renta en el más antiguo ecoaldea llamado Teopantli Kalpulli – La cual me ha inspirado la nota que escribí cuando lo visité el año pasado (”Recuperando lo sagrado en la vida cotidiana“), y mi mas reciente publicación en el “Ecovillage News“. Quede verdaderamente encantada e impresionada con la comunidad cuando escribí sobre la misma en enero y cuando mi amigo Levi me comentó sobre una casa en renta que salió mas barata incluso que el pequeño almacen donde guardo mis cosas que tengo rentado en Houston (en verdad!!) lo tomé como una señal.

Siempre he pensado que iba a terminar viviendo en México algún día – no tan pronto, pero las finanzas me están diciendo que el tiempo de renovar mi alquiler del almacen en Houston y después de tanto movimiento, siento la necesidad de parar por un momento, plantar algunas semillas, meditar un poco , escribir y construir una base sólida desde la cuál planear mis viajes. Teopantli parece el lugar ideal.

Mi vida ha dado un giro completo este año. Fué en Guadalajara donde contacté a este grupo de Teopantli, así mismo a un grupo de Derechos Indígenas llamado AJAGI que trabaja con los Huicholes. He aquí la historia que escribi sobre ellos en febrero depues de acompañerlos en un viaje a territorio Huichol en las Montañas de Durango. Una larga historia abreviada, estaba buscando orientación sobre la dirección del Proyecto Esperanza y ello me trajo de vuelta a Guadalajara, voy donde estare trabajando en forma independiente y asi mismo en un proyecto de libros la primer parte del año, también estaré acompañando los de AJAGI y los Wixarika (tambien conocido como Huicholes) para ir documentando su intensa lucha para salvar su sitio mas sagrado: Wirikuta, tal como explicó aquí.

Así que hace un par de semanas llegué a Missouri y con la ayuda de mi asombroso padre encontramos una camioneta y un remolque de segunda mano para transportar mis cosas. Muchas vueltas y vueltas a lo largo de ese camino, empezando por una mala transmisión en el primer vehículo, pero finalmente todo se esta resolviendo bien. Mi hija Tara ha accedido a acompañarme en este viaje, y el sábado nos fuimos a Houston para desempacar lo que tengo almacenado, decidir que quiero llevar conmigo a México, visitar a algunos amigos – Mona Metzger de Houston Green Scene; Lise Olsen, del Houston Chronicle, y después de ahí nos dirijimos a San Antonio, para pasar la noche en casa de Audrey Lee, la querida amiga que me ha respaldado en este viaje más que nadie, recibibiendo mi correo, lidiando con mis emergencias y actúando como caja de resonancia y apoyo emocional.

Nos encontramos con una bureaucracia casi fatal en la frontera, tormentas de hielo en Saltillo, y policia – buenos y malos – a cada paso. Pero al fin llegamos a nuestro destino en el querido Teopantli Kalpulli, y con tiempo para descargar, acomodar la casita un poco y ir por un rápido recorrido de la costa hasta Puerto Vallarta antes de su regreso al frío Norte.

La segunda parte del año retomaré mis viajes con un enfoque especial sobre las luchas indígenas
para salvar a su tierra y cutura. Por ahora, estoy empezando con lo del pueblo Wixarika y su lucha para salvar a Wirikuta.

Voy a estar escribiendo mucho más sobre todo esto en los próximos meses. Mientras tanto sigo orando por orientación y apoyo mientras planeo mi viaje y comparto las historias de aquellos que lanzan fuegos de esperanza al sur de la frontera.

Yendo hacia el sur

Yendo hacia el sur

Por Tracy L. Barnett

SAN LUIS, MISURI. – Hoy es el día.

Hice mi lista y la revisé un millón de veces. Escogí y volví a escoger mi equipo. Me despedí y recibí muchas bendiciones y buenos deseos para tener un viaje seguro. Dejé las llaves de mi carro, mi teléfono inteligente y mi navegador satelital para manejar en las calles de Estados Unidos. Ahora viajaré a pie y en transporte público, todo lo que necesito está en mis mochilas. Y si no lo tengo, lo encontraré en el camino o viviré sin él.

He estado sometida a muchos cierres de edición en las últimas semanas sin tener apenas un respiro para tomar una taza de té con mis personas queridas. Ahora que la última de ellas se quedó atrás, he documentado mi equipaje y pasé después a través del control de seguridad del aeropuerto. Tengo una hora para salir.

Hoy, lo único que está en mi itinerario es la ciudad de México.

En la megalópolis mexicana, la gente anda de prisa para llegar a sus citas y lo seguirá haciendo mañana. Pero esta tarde, me tocará un clima 40 grados más cálido y adaptarme a otras formas de pensar. Me relajaré y tomaré el tiempo para pensar, para leer un libro, para conversar con la gente que vaya conociendo en el camino. Tomaré el tiempo para respirar y para mirar alrededor.

“¿Estás emocionada?”, me preguntó mi hija en un mensaje de texto anoche mientras yo checaba la lista por una millonésima ocasión.

“No todavía”, le respondí- “Sólo tengo un poco de pánico: ¿habré olvidado algo?, ¿perderé mi vuelo?, ¿llevo todo lo que necesito?

Ahora, sin embargo, mientras el café hace su efecto y el tiempo de abordar se aproxima, tengo un momento para reflexionar en el año que se avecina. Sí, estoy emocionada, también aprehensiva — y curiosa, y un poco soñolienta. Pero lo que más estoy es agradecida.

No mucha gente tiene la oportunidad de tomar un año para cumplir su sueño. Espero que yo pueda hacer algo grande con este viaje — hacer lo que todos los soñadores esperan: marcar la diferencia, para mí, para otros, y para el planeta. Pero en caso de que no pueda hacerlo, esta será la aventura de mi vida y con eso estaré satisfecha.

Para aquellos de ustedes que han ofrecido su ayuda, sus plegarias, sus ideas y sugerencias, muchas gracias. Gracias a todos por leer y por checar este sitio pronto — ¡Estaré buscando historias para compartir!