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Un café con el Subcoyote

Un café con el Subcoyote

Por Tracy L. Barnett
Traducción: Mariem Ortiz
Hace unos días tuve el extraño placer de encontrarme con un individuo único– un hombre, que junto con algunos compatriotas, ha hecho más por el medio ambiente en Latinoamérica que probablemente cualquier otra persona y lo ha hecho de su propia e inimitable manera.
Alberto Ruz Buenfil, conocido también como el Subcoyote Alberto, no sería el primero en decir que no lo hizo solo – fue apoyado por cientos, quizás miles de colaboradores a lo largo del camino, a quienes espero conocer en mis futuros viajes. No hay duda que en una vida dedicada al cambio social, y durante los 13 años que se ha encargado a la Campaña Arcoiris por la Paz , ha inspirado a generaciones de escritores, artistas, jardineros y activistas dedicados a un futuro más sustentable – incluyéndome a mí misma.


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Alberto creció rodeado de los misterios Mayas de Palenque, donde su padre, conocido internacionalmente como Alberto Ruz Lhuillier, descubrió la estructura ceremonial más importante en la antigua ciudad, la tumba subterránea de Pakal el Grande . El joven Alberto lo estudió todo, desde ingeniería química hasta economía, ciencias políticas y finalmente teatro, primero en la Universidad Nacional Autónoma de México y luego en Cuba.
La guerra de Vietnam cambió su vida de enfoque al unirse al movimiento pacifista y viajó a Estados Unidos, pasando mucho tiempo con líderes chicanos y Panteras Negras, los Ecotópicos de Ernest Callenbach y cualquier tipo de cambio social desembocándose en el momento. Se convirtió en nómada, viajando por África, India y el Oriente, estudiando a las comunidades intencionales desde Bauhaus en Suecia hasta Israel y los ashrams en India. Fue en India donde presentó su primera obra de teatro de tribus, Hathi Babas, y después Los Elefantes Iluminados, que recorrieron EUA, México y Guatemala esparciendo semillas sobre una forma de vida alternativa, una basada en la paz, sustentabilidad y el respeto mutuo.
Fue hasta 1982 cuando decidió dejar la vida nómada y plantar raíces, regresando a México con miembros de su tribu, para formar Huehuecoyotl. La comunidad fue construida en un diseño sustentable, convirtiéndose en la primera ecoaldea del país. Fue justo aquí donde adoptó el nombre de Coyote, basado en el nombre de su nueva comunidad, Huehuecoyotl, que significa “viejo, viejo, coyote,” y empezó a hacer numerosos comunicados con el nombre “Viejo Coyote.” El llamado del camino nunca lo abandonó y en el año 1996 formó la Caravana Arcoiris por la Paz, tomando las lecciones aprendidas en su ecoaldea. Una de las primeras paradas del grupo fue en Chiapas, donde participó en un consejo con los Zapatistas.
“Siempre me he identificado con los Mayas,” explica Alberto. Gracias a sus conversaciones con el líder Zapatista, el Subcomandante Marcos, su nombre evolucionó, ahora era el Subcoyote Alberto Ruz. “Estaba dejando la comunidad y era hora de que alguien más se hiciera cargo,” recalcó. “Entonces me convertí en el Subcoyote.”
El nombre es apropiado para una persona cuyo compromiso con la vida puede ser expresado con cierto capricho; la seriedad de las lecciones impartidas por la tribu nómada siempre fue resaltada por medio del teatro y de las artes, las historias y la danza, con un sentido del humor y diversión.

Forum social Acapamento da paz

(Galeria Tarso Sarraf/Flickr)
Cientos de personas de todas las edades se unieron a la caravana en diferentes puntos del camino, particularmente en la reunión internacional en Cuzco, Perú, “El Llamado del Cóndor” en 2003. Fue entonces cuando me di cuenta de este fenómeno viajero, pues mi hermana Tami se les unió por un tiempo. Su historia sobre sus experiencias me dejó una impresión indeleble que me impulsó por 7 años hasta que cedí. Ahora, de una forma extraña, estoy siguiendo la ruta del Coyote, y mi hermana se me unirá en algún momento. La caravana continuó hasta Tierra del Fuego, y en este punto el Subcoyote había planeado su fin – “a excepción de que hubiera un milagro” hasta donde él recuerda.
De hecho, hubo un milagro. El ministro de Cultura de Brasil en aquel entonces, el famoso Gilberto Gil, invitó a la caravana a viajar por el país, impartiendo talleres sobre la vida sustentable. La caravana viajó hacia el norte, atravesando el extenso Amazonas, pasando 4 años en unas de las regiones más pobres del país.
Finalmente, en agosto del 2009, Alberto regresó a casa a Huehuecoyotl, pero no a rascarse el ombligo. A sus 65 años de edad, cuando la mayoría de las personas asume que se merecen un retiro pacifico, él ha empezado un nuevo proyecto, junto con la autora mexicana Laura Esquivel (Como agua para chocolate): se unió al personal de la Casa de la Cultura de Jesús Reyes Heroles en Coyoacán, un bello e histórico barrio en la Ciudad de México, buscando maneras de compartir sus lecciones de la Caravana Arcoiris por la Paz con la juventud del distrito.
Me encontré con el Subcoyote justo cuando se estaba estableciendo en su nuevo trabajo y compartimos café e historias. Hay mucho más que contar que lo que cabe en una entrada de blog, pero sigan viendo esta sección para videos cortos de mis grabaciones con él.
El próximo mes continuaremos con la conversación desde donde la dejamos, cuando lo visite en su casa de fin de semana en Huehuecoyotl y conozca a su familia extendida.

Una ciudad para todos, no sólo para los autos

Una ciudad para todos, no sólo para los autos

Por Tracy Barnett
Traducción: Javier Solano

Nunca olvidaré aquel día de noviembre en que abrí mi página personal de Facebook y descubrí que los árboles que daban sombra a la avenida cerca de la casa de mis amigos en Guadalajara estaban siendo marcados para ser cortados por una motosierra.
Ciudad Para Todos había hecho una llamada a las armas – o, para ser más precisos, una llamada a las tiendas. En 24 horas, este grupo de jóvenes profesionales – arquitectos, técnicos informáticos, periodistas, y otros – han movilizado un campamento en una de las intersecciones más grandes de la ciudad, llamando la atención sobre un proyecto que consideraban emblemático para una ciudad cuya política de transportes se ha vuelto loca.

(Photo courtesy of Ciudad Para Todos)

Los lectores habituales del Proyecto Esperanza recordarán la cadena de acontecimientos que siguieron a la publicación de las notas que publiqué desde el blog ” Pasalo Aún Mejor“.
No me tomó mucho tiempo llegar hasta al desolado lugar de este campamento en el que hubieron talleres de yoga bajo los árboles, fiestas infantiles para pintar, proyecciones nocturnas de películas clásicas. Ahora sólo hay excavadoras, ruido y polvo rodeado por media milla de valla metálica. Cualquier signo de árboles ha sido hábilmente erradicado. Y prominentemente situadas a ambos extremos del lugar de construcción hay sendas pancartas que rezan: “Obra en construcción: Trabajamos por tu beneficio”.
El grupo capturó mi atención por primera vez en octubre, cuando yo estaba en Guadalajara para la conferencia de la Society of American Travel Writers. Ellos se oponían a un puente de $76 millones, el “Puente Atirantado”, diseñado para aliviar la congestión del tráfico a lo largo de una de las principales arterias de la ciudad. Gastar tanto dinero del sobrecargado erario público en un solo puente, cuando la ciudad carece de un sistema coherente de transporte público, carriles para bicicleta, cruces peatonales y mantenimiento de aceras no tenía ningún sentido, argumentaba el grupo. Ciudad Para Todos y otros grupos como Com:Plot pidieron en su lugar un plan de transporte global.
En última instancia el campamento, que duró un mes, no pudo detener la construcción del puente, pero logró algo más: contribuyó a crear conciencia en toda la ciudad de la extrema necesidad de un enfoque más plural y organizado en lo referente al transporte (o, como lo llaman aquí, movilidad). Ahora los miembros se están reagrupando después de un descanso muy necesario para planear su próxima estrategia.

Jesus Carlos 'El Negro' Soto, Felipeno Reyes, y Karla Preciado de Ciudad Para Todos

Recientemente me senté con tres de los dirigentes más activos, Jesús Carlos “El Negro”, Karla Preciado y Felipeno Reyes. Compartieron conmigo sus valoraciones sobre el campamento, el cambio social, la movilidad y muchos otros temas.

Jesús Carlos “El Negro” Soto

Lo primero que se advierte acerca de “El Negro”, tal y como le llaman sus amigos, es su cautivadora sonrisa y no la piel de bronce que le valió su apodo. Soto comenzó a interesarse por el medio ambiente gracias a su pasión por la justicia social. Ahora es un especialista en informática, aunque estudió filosofía en el ITESO, una universidad jesuita de Guadalajara, y siempre se ha identificado con los oprimidos.
“Siempre me ha gustado la naturaleza, por supuesto”, dijo. “Pero lo que realmente me llamó la atención fueron las cuestiones sociales: la pobreza, la exclusión”. Se unió a los jesuitas que trabajan con familias en riesgo en las afueras de la ciudad, donde a veces familias de 19 miembros – abuelos, tías, tíos, padres, hijos – conviven en una sola habitación. Al final, abandonó a los jesuitas, pero siguió trabajando en las comunidades por su cuenta, y hace algún tiempo tuvo la idea de crear un taller de bicicletas. Logró reunir un conjunto de 15 bicicletas usadas y las reparó para prestarlas a los niños del barrio.
Fue por esta época, en 2008, que la ciudad decidió convertir la Avenida López Mateos en un viaducto tan extenso como toda la ciudad, eliminando cualquier semáforo y haciendo prácticamente imposible para los peatones cruzar de un lado a otro sin riesgo para sus vidas.
El 22 de septiembre de ese mismo año varios grupos de ciudadanos locales decidieron unirse al Día Internacional sin Automóviles para promocionar un día de transporte alternativo. Ese fue el día en que, otro grupo, llamado GDL en Bici, se puso en marcha, y a propósito publicaré una entrevista con sus fundadores más tarde. Varios grupos iniciaron una protesta a lo largo de López Mateos, y fue justo entonces cuando Soto comenzó a ver la conexión entre el medio ambiente y las cuestiones de justicia social que siempre había defendido.
Aquel grupo fue el germen de “Ciudad Para Todos”. A pesar de los orígenes del grupo en una protesta, su estrategia evolucionó rápidamente más allá de las barricadas y los piquetes. En su lugar, comenzaron a organizar festivales para presentar los temas de sostenibilidad en un ambiente familiar y un contexto amigable. En el conservador ambiente de Guadalajara, orientado a la familia, el movimiento ganó rápidamente terreno donde otros no lo hicieron.
“Sabemos que los tapatíos (oriundos de Guadalajara) son un pueblo, prototípicamente apático,” dijo. “No les gusta implicarse en los asuntos políticos, en asuntos de la comunidad. Son más un tipo conservador de personas, a quienes les gusta estar en casa y en el trabajo, con sus familias y amigos, y mantenerse en un entorno muy privado, muy personal”.

Esto supuso un desafío para los activistas que tuvieron que pensar en una forma de plantear los problemas que fuera proactiva, en lugar de reactiva. “Hemos tenido que pensar sobre lo que realmente queríamos, y no sólo lo que no queríamos”.
Muchos de los miembros originales han desaparecido, y otros han ocupado su lugar, pero el grupo ha mantenido su misión original: promover una planificación urbana de la ciudad más enfocada en las personas, de una manera que resulte divertida, creativa y con mucho encanto.
Sin embargo, cuando los árboles comenzaron a ser talados en el camellon de López Mateos la estrategia cambió rápidamente. Los camellones son espacios amplios y arbolados entre los carriles de circulación, y en algunas partes de la ciudad son el único espacio verde público. Algunos presentan aceras o caminos y son el lugar más conveniente para pasear al perro o hacer ejercicio. Quedan tan pocos espacios verdes que la gente siente mucho la pérdida de cada árbol. Así que “Ciudad Para Todos” decidió tomar cartas en el asunto.
El campamento, con su oferta de actividades de entretenimiento y educativas para la comunidad, siempre atrajo a un buen número de personas, y dio a los activistas una oportunidad para hablar sobre la necesidad de espacios públicos, y un plan de transporte coherente para la ciudad, que proporcione alternativas para todos, no sólo a los poseedores de automóviles.

Karla “La Sub” Preciado Robles

Karla, por su parte, aunque creció en una familia conservadora centrada en el trabajo, la familia y el vecindario, tiene su propio punto de vista completamente distinto como graduada en comunicaciones en el seno del ambiente liberal de la ITESO. Comenzó a trabajar con grupos de derechos humanos y grupos ambientales en el propio campus, pero cuando llegó el momento de graduarse, terminó trabajando en la industria de la construcción.
“Fue entonces cuando realmente comencé a interesarme en cómo se forman las comunidades”, comenta ella. “Cómo crecen las ciudades, cómo se contamina el aire, como las zonas que antes eran verdes y en las que sólo había árboles ahora están llenas de gente – cómo una autovía recién construida hace dos meses para facilitar el tráfico ya está llena”.
La empresa se hizo cargo de una parcela en la Barranca de Huentitán, un cañón ecológicamente sensible que supuestamente estaba protegido “y comenzaron a venderlo como si fueran rosquillas”, dijo.
“Así que, partiendo de aquí, acabé dejando mi trabajo, porque me deprimía”.
Estuvo a la deriva durante unos meses, tratando de encontrar su lugar, tras lo cual comenzó a trabajar en la campaña de un hombre que se presentaba para un cargo público y cuya campaña consistía, en parte, en desarrollar un sistema de carriles bici. Esto la puso en contacto con Felipeno Reyes, un arquitecto local y autor de un blog sobre ciclismo popular y uno de los fundadores de la “Ciudad Para Todos.” Él y Jesús reclutaron a Karla para ser su encargada de comunicaciones.
“Así es como empecé, pero no pasó mucho tiempo antes de que yo lo hiciera todo – Comencé como la cara amable de “Ciudad Para Todos” y terminé siendo la cara agresiva”, se rió. Poco a poco su pasado como comunicadora se afianzó y terminó convirtiéndose en una más que elocuente portavoz para el campamento y para una ciudad más sostenible.
“Una de las grandes lecciones de “Ciudad Para Todos” que queremos compartir con la gente es que esta es su ciudad y que pueden vivir bien o vivir mal, realmente depende de ellos.”
“Queremos demostrar que otra ciudad es posible”, agregó Soto. “Eso a pesar de que tenemos todo este tráfico, a pesar de que aunque tenemos una ciudad que está desorganizada, contaminada y mal planificada, aún es posible arreglarla, porque se ha hecho en otros lugares”.
Próximamente: Lo siento mucho amigos pero me he quedado sin espacio, tiempo y energías.
En mi agenda: una sugerente entrevista con el arquitecto Felipeno Reyes, autor del blog ciclista Felipeno y uno de los fundadores de “Ciudad Para Todos”.

De México a Palestina: los bonos de carbono

De México a Palestina: los bonos de carbono

Por Tracy L. Barnett
treeMucho ha sido escrito sobre los pros y contras de los “Bonos de Carbono”, como se le llama a las compensaciones por la emisión de dióxido de carbono. La idea, si no las has seguido, es que tú das dinero a una organización sin fines de lucro que planta árboles o invierte en materiales renovables con el objeto de reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, en un intento de compensar la contaminación que has generado.

Hay muchos sitios en Internet que te pueden ayudar a calcular cuánto dióxido de carbono has generado y dónde deberías hacer donativos. Carbon Footprint es uno de esos sitios amables y flexibles que te permite calcular aspectos individuales de tu vida en lugar de realizar una auditoria completa. Ambas acciones pueden ser útiles, pero desde que me encuentro viajando, mi estilo de vida no corresponde fácilmente con ninguno de esos métodos. Como mi impacto principal sobre el medio ambiente son los viajes, yo calculo la cantidad de kilómetros recorridos y multiplico esa distancia por 1.9 para estimar las emisiones de dióxido de carbono de los aviones (la cifra es de Carbon Footprint). Eso te permite seleccionar una variedad de programas valiosos desde Kenia hasta Centroamérica.

Los críticos comparan este sistema con el indulto de la Iglesia católica en los tiempos medioevales que permitía a la gente “comprar” el perdón a sus pecados con donaciones a la Iglesia. Ellos argumentan que hay una gran variedad de grupos de Bonos de Carbono sin regular y sin forma de saber con seguridad que los árboles que tú pagas van a ser plantados en realidad.

Ahora no estoy interesada en comprar ningún indulto o cualquier versión moderna como el greenwashing o simulación ecológica; y tampoco me preocupa realmente que la cantidad de dióxido de carbono que genero se traduzca precisamente en un número correspondiente de árboles. Pero sí estoy interesada, sin embargo, en minimizar su impacto mientras promuevo el cambio social.

De esa manera, cuando supe que The Farm en Tenesí, un estado al centro-este de Estados Unidos, había creado un sistema que permitía donaciones que serían usadas para plantar árboles en la granja Marda Permaculture Farm, decidí tomar esa ruta. Yo confío en el juicio de los compañeros de The Farm, que por décadas ha sido una organización líder en la promoción de una vida sustentable en el mundo. Además, conozco muy bien el proyecto en Marda, un pueblo palestino de unos 2,000 habitantes en Cisjordania, en la ribera occidental del río Jordán.

Aunque no los conozco directamente, tengo relación personal con la granja Marda Permaculture porque mi hermana Tami Brunk es una de sus cofundadoras. Ella trabajó con la fundadora Murad Alkufash para crear la organización, con viajes a Marda. Ella me ha compartido mucho acerca del trabajo del grupo a través de los años, no sólo en términos de proveer una seguridad alimenticia indispensable, sino también para estimular la esperanza y construir la capacidad de sobrevivencia en los territorios palestinos, donde la necesidad de tener esas cualidades es muy grande.

Entonces, una vez que decidí dónde poner mi dinero, hice mis propios cálculos con la ayuda de la página Trees for Airmiles page y la herramienta Geobyte’s City Distance Tool para calcular mi kilometraje: Volar de San Luis, Misuri, a la ciudad de México, vía Dallas, acumuló 2,383 kilómetros; multiplica eso por 1.9 como sugiere Carbon Footprint y tienes entonces 4,527 kilómetros. Entonces hice un cálculo rápido de lo que pienso serán mis viajes en los próximos dos meses: Ciudad de México – Guadalajara – Nayarit – Guadalajara – Ciudad de México, luego a Cuernavaca, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Quintana Roo antes de dirigirme a Belice. Todo eso acumula, a grandes rasgos, cerca de 4,494 kilómetros.

Uniendo todo, los primeros dos meses me llevarán 9,021 kilómetros recorridos en México. Con el cálculo de The Farm de un árbol por cada 8,046 kilómetros de viaje aéreo y un árbol por cada 1,770 kilómetros de viaje terrestre (aunque viajaré principalmente en autobús, lo que reduce considerablemente el impacto al medio ambiente), he llegado a la conclusión de que estaré cubierta con $10 dólares al mes, lo que equivale a plantar cerca de 30 árboles este año.

No sé si esto sea suficiente o demasiado, pero al menos lo estoy tratando como lo hacen los compañeros en Marda. Y como yo lo veo, eso está bien.

¿Qué piensas y cuáles son tus experiencias con los Bonos de Carbono? Compártelas en la sección de comentarios.

Traducción de Jorge Luis Sierra

Yendo hacia el sur

Yendo hacia el sur

Por Tracy L. Barnett

SAN LUIS, MISURI. – Hoy es el día.

Hice mi lista y la revisé un millón de veces. Escogí y volví a escoger mi equipo. Me despedí y recibí muchas bendiciones y buenos deseos para tener un viaje seguro. Dejé las llaves de mi carro, mi teléfono inteligente y mi navegador satelital para manejar en las calles de Estados Unidos. Ahora viajaré a pie y en transporte público, todo lo que necesito está en mis mochilas. Y si no lo tengo, lo encontraré en el camino o viviré sin él.

He estado sometida a muchos cierres de edición en las últimas semanas sin tener apenas un respiro para tomar una taza de té con mis personas queridas. Ahora que la última de ellas se quedó atrás, he documentado mi equipaje y pasé después a través del control de seguridad del aeropuerto. Tengo una hora para salir.

Hoy, lo único que está en mi itinerario es la ciudad de México.

En la megalópolis mexicana, la gente anda de prisa para llegar a sus citas y lo seguirá haciendo mañana. Pero esta tarde, me tocará un clima 40 grados más cálido y adaptarme a otras formas de pensar. Me relajaré y tomaré el tiempo para pensar, para leer un libro, para conversar con la gente que vaya conociendo en el camino. Tomaré el tiempo para respirar y para mirar alrededor.

“¿Estás emocionada?”, me preguntó mi hija en un mensaje de texto anoche mientras yo checaba la lista por una millonésima ocasión.

“No todavía”, le respondí- “Sólo tengo un poco de pánico: ¿habré olvidado algo?, ¿perderé mi vuelo?, ¿llevo todo lo que necesito?

Ahora, sin embargo, mientras el café hace su efecto y el tiempo de abordar se aproxima, tengo un momento para reflexionar en el año que se avecina. Sí, estoy emocionada, también aprehensiva — y curiosa, y un poco soñolienta. Pero lo que más estoy es agradecida.

No mucha gente tiene la oportunidad de tomar un año para cumplir su sueño. Espero que yo pueda hacer algo grande con este viaje — hacer lo que todos los soñadores esperan: marcar la diferencia, para mí, para otros, y para el planeta. Pero en caso de que no pueda hacerlo, esta será la aventura de mi vida y con eso estaré satisfecha.

Para aquellos de ustedes que han ofrecido su ayuda, sus plegarias, sus ideas y sugerencias, muchas gracias. Gracias a todos por leer y por checar este sitio pronto — ¡Estaré buscando historias para compartir!

La Habana a Tracy: “No tan rápido”

La Habana a Tracy: “No tan rápido”

por Tracy L. Barnett

Cuba, al parecer, no estaba lista para mí.

Definitivamente, yo no estaba lista para Cuba.

Parece ser que conseguir una visa de periodista en Cuba es algo mucho más complicado de lo me habían hecho creer. Mi falta de atención a este detalle en particular produjo una brusca recepción de burócratas incrédulos, una larga noche fría en al Aeropuerto Internacional José Martí y mi vuelo de regreso a Miami.

Ésta fue una lección costosa, penosa y extremadamente dolorosa, pero aquí está lo que aprendí. Estoy compartiendo esta historia con la esperanza de que ustedes aprenderán de ella.

(1) Nunca le creas a tu agente de viajes cuando te diga que ella puede conseguirte la visa. Incluso cuando la agente trabaje para una de las escasas compañías con licencia para llevar a ciudadanos estadounidenses a Cuba, cuando ella sabe que tú eres un periodista, y tú has recibido una licencia específica del gobierno de Estados Unidos y la has faxeado como ella te lo ha pedido, y cuando, además, ella te ha dicho que tú puedes recoger tu visa en el mostrador junto con tu pase de abordar. No supongas que ella es experta en estos temas porque no lo es.

En este caso, ella era una brasileña recientemente contratada por la compañía — una mujer agradable que se sintió muy mal de saber lo que habia pasado, pero para nada una experta en las visas cubanas para periodista, tremendamente difíciles de conseguir.

(2) No asumas que los documentos en español aparentemente oficiales son lo que tú supones. Si hubiera revisado los documentos que me dieron en lugar de correr a la sala de abordaje, hubiera notado que no había ninguna visa, sólo una constancia de resultado negativo de la gripe porcina, una forma de embarque y un formulario aduanal. En este punto hubiera tenido algunas opciones, pero no lo supe hasta que ya estaba en La Habana y ahí mis opciones eran extremadamente limitadas.

(3) No se deje llevar tampoco por el manual, que dedica muchas páginas para explicar cómo conseguir permiso del gobierno estadounidense para viajar a Cuba, pero sólo un par de párrafos sobre la visa cubana para periodistas. Uno de éstos últimos asegura que si llegas con una visa de turista, pueder pedir un cambio de estatus y obtener una visa de periodista en cerca de una semana. Esta guía no está escrita para periodistas y mientras podría o no ser precisa, no es ninguna indicación de la facilidad o dificultad en obtener por adelantado una visa de periodista para entrar a Cuba.

(4) No viajes a otro país con sólo dos horas de haber dormido, sobre todo a uno que ha estado en sujeto a controversias o conflictos con el tuyo por décadas.

(5) Bloguear, escribir twitters, actualizar Facebook y enviar mensjaes de texto a tu familia y tus amigos son asuntos opcionales. La atención debida a los aspectos logísticos no lo es.

Bruno Henríquez, un experto en energía solar y autor de libros de ciencia-ficción con el que tenía una cita en Cuba, me consoló con un mensaje electrónico cuando recibió mis malas noticias.

“Aquí en Cuba tenemos un dicho: ‘Lo que sucede, conviene’”.

Fue algo dificil de asimilar en ese momento, pero me reconforta pensar que en el largo plazo, las palabras sabias de Bruno se convertirán en un manifiesto.

De regreso a Houston, Estoy investigando mis opciones. Los mantendré enterados.

Mientras, es tiempo de convertir este fiasco en la mejor experiencia posible.