Agricultura sostenible Archive

Instituto de Permacultura sana las heridas de la guerra

Instituto de Permacultura sana las heridas de la guerra

Por Tracy L. Barnett

SUCHITOTO, El Salvador – Una suave brisa agita el techo de paja del refugio en la cima de la colina, aquí en el Instituto Permacultura. Una mariposa morfo pasa revoloteando, su color azul eléctrico acentúa agudamente contra el azul apagado del volcán de Guazapa al fondo. Un fondo pacífico incongruente con la violencia, masacres, tierra quemada y evacuaciones forzadas que arrasaron con esta región hace menos de 2 décadas.
Esa montaña, que era el único escondite de las fuerzas guerrilleras en kilómetros a la redonda, era bombardeada diariamente y quemada repetidamente, y el propio pueblo de Suchitoto se convirtió en un campo de batalla.

Llovían cientos de toneladas de artillería, fósforos blancos y napalm, en los bosques de estas tierras los cuales alguna vez fueron exuberantes, incluso secando los manantiales, las personas obtenían agua.

Pero la Madre Tierra tiene una manera de salvarse a sí mismo, y a sus habitantes; y estas tierras y la gente que la trabaja, son una prueba viviente de esta realidad.

El Instituto de Permacultura – El Salvador, o por sus siglas IPES, ha transformado esta pedregosa montaña en la región de Suchitoto, una hora de la ciudad capital de San Salvador. En parte por las fuertes organizaciones comunitarias, que se formaron antes de la guerra, Suchitoto se ha demostrado ser tierra fértil para una nueva propuesta del desarrollo de la comunidad iniciado por los campesinos, excombatientes y una permaculturista terca de origen británica.

Karen Inwood era una especialista en el desarrollo comunitario, en busca de una propuesta diferente cuando conoció a Juan Rojas, un ex disidente salvadoreño, forzado a dejar su país durante la guerra. Rojas, por un giro del destino, terminó en Australia, donde conoció a Bill Mollison, fundador de un sistema innovador de diseño ecológico conocido como permacultura.

Rojas se emocionó con la idea del sistema como una propuesta para reconstruir su país después de la guerra, y regresó en 1993 luego que los Acuerdos de Paz fueran firmados, para ver qué podía hacer. Al darse cuenta que los principios permaculturales tienen mucho en común con las prácticas ancestrales de agricultura, inició en el fuertemente impactado departamento de Morazán, el cual es también el lugar donde aun vive la concentración más grande de indígenas. El empezó a trabajar con los campesinos locales para aprender sus prácticas tradicionales. Utilizando el método de campesino a campesino, empezó a difundir estas ideas de los principios de la permacultura, y luego empezó a trabajar con líderes en el departamento de La Libertad y su natal Sonsonate.

El primer diseño permacultural mesoamericano se llevó a cabo en Perquín, Morazán en 1998 con la participación de campesinos de México, Guatemala y El Salvador. Estos primeros permaculturistas mesoamericanos continuaron para formar la base de lo que luego se convirtió en IPES en El Salvador y IMAP en Guatemala, entre otros.

En el 2000, viajó a Inglaterra para asistir a un curso de entrenamiento de ecoaldeas en la Fundación Findhorn, y Karen, a quien conoció allá, se intrigó con su proyecto.

Se dirigió a El Salvador para ayudarlo a construir el Instituto de Permacultura, y llegó a un país desesperadamente necesitado de lecciones de autosuficiencia y sustentabilidad, de la cuales Juan y otros se encargaban de esparcir.

“Siempre he visto a las ecoaldeas como un estilo de vida alternativo para aquellos con los recursos para comprar tierra e ir al campo y hacer lo suyo,” dice ella. “Mi interés era usar la permacultura para impulsar un cambio social, más que para una elección de estilo de vida, y vine a El Salvador precisamente para eso.”

La permacultura, como Inwood lo explica, puede ser aplicada en todo, desde agricultura, a arquitectura a diseño comunitario. Su mayor aplicación aquí, por el momento, es enseñar prácticas sustanciales de agricultura y de vida, para los agricultores de subsistencia que luchan al filo de la supervivencia en todo el campo salvadoreño. En la práctica, puede significar la diferencia entre la desnutrición y la miseria, y una vida de buena salud, dignidad y autonomía. Además, en una era de cambio climático, cuando esta pequeña y densamente poblada nación centroamericana ha sido nombrada entre las más vulnerables del mundo, todos hablan de la seguridad alimentaria, y la permacultura parece estar tomando una más grande y nueva vida.

Luego de una década de trabajar en la oscuridad de este campo, con un mínimo de apoyo financiero, sobre todo de donantes individuales y fundaciones en Inglaterra, Inwood ha empezado a ver los frutos del esfuerzo del grupo. Más de 1,000 familias han adoptado las prácticas de la permacultura en sus tierras, y están sembrando productos orgánicos para su propio consumo y para venderlos. Un grupo de promotores, o agricultores que se convirtieron en maestros de permacultura, utilizan el método de campesino a campesino, trabajando a través de las conexiones ecológicas regionales, esparciendo los principios de la permacultura en los pueblos.

Esta tosca, típicamente montañosa y no particularmente fértil parcela se ha convertido en un centro de educación y sitio de demostración para la difusión de una nueva propuesta para la vida rural aquí en El Salvador, una propuesta que promete sacar a sus practicantes de la pobreza y hacia la auto-suficiencia, en armonía entre ellos y con la naturaleza.

Es un lugar rústico y simple, mayormente construido con materiales naturales encontrados en el lugar, y con una gran diversidad de cultivos, trabajados por un sencillo y apasionado equipo de campesinos.

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Otros proyectos en el remoto departamento de Morazán, una de las regiones más pobres del país y uno de las más afectados por la guerra, han iniciado y están floreciendo; los gobiernos municipales brindan su apoyo, y varios cientos de familias practican ahora la permacultura, con un equipo de promotores en el lugar que se empiezan a esparcir aun mas en el campo.

Ahora, luego de años de conocer y trabajar con otras organizaciones de desarrollo comunitario en la región, y siendo repetidamente ignorados, los líderes regionales empiezan a buscar el asesoramiento y aportaciones de IPES.

Más recientemente, los representantes del gobierno izquierdista de Mauricio Funes han expresado su interés en aplicar los principios de la permacultura, a un programa de seguridad para la comida nacional y que apunta al fortalecimiento del rol de las familias campesinas.

Inwood no está segura de qué ha causado el repentino interés, pero especula que se trata de las recientes crisis causadas por el cambio climático: los cultivos se arruinan debido a las intensas inundaciones, seguidas por sequías. Una gran parte de los cultivos de frijol centroamericano se han arruinado, y el precio de lo que queda se ha ido al cielo; el precio de la canasta básica ha aumentado un 300 por ciento en septiembre y octubre.

Irónicamente, justo cuando IPES ha iniciado a romper el hielo con las agencias del gobierno, y justo cuando los servicios del grupo están siendo ampliamente buscados, sus fuentes de financiación han caído precipitadamente. La caída en el precio de la Libra Esterlina ha tenido un alto costo, al igual que la crisis financiera ha dejado a los fundadores con menos para compartir.

Al mismo tiempo, el gobierno de Funes ha heredado el sistema tradicional de patrocinio de asistencia agricultural, en el cual $33 millones en “paquetes” agrícolas, que contienen semillas hibridas y agroquímicos, son distribuidos en todo el país.

En su primer año de administración, antes que el joven gobierno tuviera la oportunidad de organizar una alternativa, los paquetes agrícolas se entregaban de manera tradicional, lo cual generaba protestas entre aquellos que no los recibían. El gobierno se dio cuenta que el sistema antiguo no estaba funcionando, y ahora está en busca de nuevas alternativas, dijo Karen. La Permacultura es una de esas alternativas.

“Estamos emocionados, pero al mismo tiempo es un desafío,” confesó ella, abriendo más sus expresivos ojos azules. Esos ojos azules, junto con su generosidad, su dulzura y su español con acento británico, han usado su magia con más de algún burócrata de corazón duro, me imagino, viéndola presentar sus ideas a un par de autoridades de la Fundación de Desarrollo de las Naciones Unidas. La pareja se fue impresionada con lo que vio, y programaron otra reunión con IPES para la próxima semana.

Al contrario del toque británico femenino de Karen, se encuentran las propuestas apasionadas y muy salvadoreñas de Agustín “Maclobio” Duran y Alejandro Martínez, dos ex guerrilleros salvadoreños quienes tomaron el curso de diseño y terminaron convirtiéndose a la causa de la permacultura. Ambos ven la permacultura como un medio para alcanzar las mismas metas que buscaban en la revolución: una vida digna para sus familias.

Después de la guerra, un ejército de organizaciones no gubernamentales llegaron a El Salvador, cada una con una propuesta diferente para resolver los problemas profundamente arraigados del país. Al igual que otros de IPES, Agustín es fundamental en su propuesta. Ninguna de las que ha visto últimamente eran viables, dijo, e incluso algunas eran falsas; juntas, se fueron de las comunidades dejándolas dependientes mentalmente, y de alguna forma peor de lo que estaban antes. La permacultura, por otro lado, ofrece un modelo diferente, uno que capacita a las personas para tomar el control de sus propias vidas.

“Yo lo veo como una diferente forma de revolución, una que alcanza justo por lo que estábamos peleando – una vida digna para nuestra gente, comida saludable y una educación,” dijo.

“De todo lo que he visto desde la guerra, y de hecho en toda mi vida, la permacultura es lo que más me convence; es una propuesta más integral. Por supuesto, requiere de mucho sacrificio, pero si pudimos resistir todos los riesgos y dificultades de la guerra, también podemos hacer esto.”

Para Alejandro, el cambio a esta forma de agricultura es urgentemente necesario, no solo individual, sino a nivel comunitario.

“Si continuamos con las mismas prácticas de agricultura que hemos heredado, vamos a sufrir una gran escasez,” dijo. “Si podemos difundir las ideas de la permacultura, podemos vivir bien todos, y tener un mejor sistema para heredarles a las futuras generaciones.”

Agustín asintió. “Ese es el reto que enfrentamos,” dijo. “Si podemos transmitir estas ideas exitosamente, en 20 años las cosas aquí serán muy diferentes, y tal vez podemos desviar un poco nuestro actual rumbo hacia la destrucción. Ya tenemos encima de nosotros los efectos del cambio climático – pero desde la trinchera de IPES, podemos minimizar el impacto y las consecuencias que ya estamos sufriendo.

“Nosotros como campesinos, gente que no tiene poder económico, queremos mostrar al mundo que se puede confiar en soluciones y alternativas tan simples de la naturaleza que nos rodea, que podemos tener múltiples soluciones para grandes problemas, y podemos resolverlos. Es solo cuestión de educación y conciencia.”

Para más información sobre el Instituto de Permacultura – El Salvador, para pagar por una visita o para enlistarse como voluntario, visite su sitio web y/o página de Facebook.


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Aguila y condor se encuentran en visionario consejo

Aguila y condor se encuentran en visionario consejo

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Stella Maris

CHALMITA, México, México – Mucho antes de que el sol aparezca sobre los blancos acantilados alrededor nuestro, este pueblo provisorio viene a la vida. Los guardianes del fuego ceremonial están avivando las llamas para el temazcal, el equipo de cocina corta y pela y revuelve los alimentos, el humo se eleva desde la tienda de las mujeres. De pronto el resonante llamado de la caracola suena a lo largo del valle, llamándonos para saludar al sol, y el grito de un águila atraviesa el aire como una bendición.

Nos hemos reunido en este valle encantado para el Llamado del Águila, la décima reunión intercontinental de un grupo de personas visionarias y emprendedoras que en silencio están cambiando el mundo desde adentro hacia afuera: el Consejo de Visiones – Guardianes de la Tierra.

Unos 500 visitantes de lugares tan lejanos como Australia y tan cerca como los vecinos de Chalmita – cineastas y agricultores, psicólogos y chamanes, artistas y maestros, punks de peinados puntiagudos y poetas líricos – están aprendiendo a vivir juntos bajo el cielo azul y las estrellas brillantes de una itinerante eco-aldea concebida hace más que hace una década bajo la bandera de la Caravana Arcoiris por la Paz y el Movimiento Mexicano Biorregional, entre otros. Para finales de la semana, este evento habrá tocado las vidas de más de 1,000.

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Este décimo encuentro es un evento muy especial por muchas razones, el principal de ellos es que sus organizadores lo ven como el cumplimiento de una profecía inca. Cuando el Águila y el Cóndor vuelan juntos, según la profecía, esto marcará el inicio de una Nueva Era – el águila que representa el Norte y el Cóndor que representa el Sur. Aquí en este valle sagrado, yace a la sombra de una antigua pirámide en medio del fértil Bosque de Agua, un grupo de alta energía de visionarios, artistas, soñadores y hacedores del Norte y del Sur que han completado el círculo.

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Hace catorce años, un grupo ya legendario de ellos, entre ellos Alberto Ruz Buenfil, también conocido como el Subcoyote – primo de Fidel Castro e hijo del arqueólogo que descubrió los fantásticos tesoros escondidos de Palenque – partieron de esta región en un viaje épico con el fin de crear las bases para un movimiento intercontinental del medio ambiente, espiritual y social. Después del primer congreso internacional del Consejo de Visiones en Tepotzlan, se dirigieron en un autobús pintado como una mazorca de maíz a través del territorio zapatista de Chiapas, a través de las montañas volcánicas de América Central, la selvas colombianas, las sabanas venezolanas, la cordillera de los Andes, los desiertos del Perú y Chile y las tierras bajas tropicales de la Amazona hasta llegar a la punta del continente en la Patagonia. Utilizando el teatro y las artes para plantar las semillas de la esperanza, la paz y la sustentabilidad en zonas de conflicto, asentamientos indígenas y barrios pobres, conectaron y alimentaron movimientos sociales en todo el continente.

Su segundo evento internacional, el Llamado del Cóndor en 2003, reunió a unos 1,300 activistas y artistas al Valle Sagrado de Machu Picchu en el Perú para iniciar la labor de consolidación de una visión para una transición a una nueva era.

El tercero, el Llamado del Beijaflor en 2005, reunió a más de 1500 en la Chapada dos Veadeiros, Brasil, para unificar los movimientos latinoamericanos con los brasileños.

Ahora, después de 13 años, esa caravana por fin ha llegado de regreso a sus raíces, y las semillas que plantaron aquí en México y en todo el continente han venido floreciendo en un evento increíble que está despertando incluso al más cínico y reservado de nosotros. Las lágrimas fluyen libremente en los círculos de la danza, en la oscuridad del temazcal, en los abrazos de viejos amigos que se acaban de conocer.

Pero esto está lejos de ser un grupo de encuentro para sentirse bien. De hecho, está lejos de todo lo que he experimentado. Estas personas están enfrentando el futuro con los ojos bien abiertos, dolorosamente consciente de la crisis de recursos y el clima que se ciernen en el horizonte. Tampoco es una sesión de apretones de manos. Aquí nadie está esperando que el gobierno resuelva esta crisis pendiente, aunque los líderes del gobierno están aquí para participar en los foros, talleres y demostraciones en las áreas que abarca la ecología, la salud, la espiritualidad, las tecnologías apropiadas, y la educación entre muchas otras. Escolares locales, también, han sido invitados para participar en los paneles para aprender de la autosuficiencia y los jóvenes locales participan en la organización de foros de acción política y social preparándose para tiempos turbulentos en un mundo post-petróleo. La Universidad Gaia está aquí también, ofreciendo una nueva visión para la educación y otorgando diplomados a unos estudiantes que completan aquí un currículo de diseño ecológico.

Un equipo está construyendo un horno de barro y ladrillos, mientras que otro fabrica un reloj solar, otro grupo está aprendiendo sobre técnicas de curación a base de hierbas nativas, mientras que otro está levantando el tipi ceremonial que será la sede de un poderoso circulo de mujeres sanadoras, y otro está discutiendo estrategias para la protección de este valle, un centro estratégico, pero altamente vulnerable para la conservación del agua. Otra iniciativa está juntando fuerza para apoyar el pueblo Huichol o Wixarika en su lucha para proteger su sitio más sagrado, el Cerro Quemado en Real de Catorce, o Wirikuta, de una mina a cielo abierto propuesta por una transnacional canadiense.

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Rituales sagrados de las tradiciones más importantes del mundo se mezclan con la danza y las creaciones del arte y la canción para aumentar la energía durante toda la semana a un nivel que nunca pensé posible. Las actividades van desde el amanecer hasta las 3 am, pero el sueño parece superfluo.

La culminación del evento se produce después de una noche de vigilia para saludar el amanecer, un grupo de danzantes aztecas espectacularmente pintados y emplumados nos esperan en torno a un fuego ardiente, y estalla un mandala de baile, ritmo y canto.

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Mientras me siento a escribir, tratando de poner este fenómeno en palabras, recuerdo las de Alberto Coyote mientras estábamos juntos en el último día.

“Todo es tan perfecto”, le dije. “Lo único que lamento es que es simplemente imposible de ponerlo en palabras.”

Él se rió a sabiendas – El autor de varios libros sobre la caravana y sus Guerreros del Arco Iris, involucrado ahora en un proyecto para llevar las lecciones de la caravana a la ciudad de México, también ha luchado con este problema diariamente.

“Nadie te cree cuando intentas explicarlo”, dijo. “Ellos te dirán, ‘No haces más que escribir lo que quisieras que hubiese sucedido.” Simplemente no hay manera de explicarlo -. Solo tienes que vivirlo.”

Nunca un ser humano vivió sus palabras más auténtica, poderosa y bellamente que el hombre en el corazón del cual, esta visión se hizo realidad. No puedo hacer nada mejor que terminar con algunas de esa reflexión que Alberto compartió con nosotros, conmemorando el bicentenario y centenario de México.

“Estas tierras fueron hace doscientos años el escenario de batallas sangrientas; mucha sangre se derramó entre nuestros abuelos y abuelas para dar un paso más en el proceso de evolución, de crecimiento, a nuestra propia libertad como personas, como pueblo, como nación… Hace cien años en estas tierras derramo mucha sangre, también de nuestra gente, con el mismo propósito, para poder caminar con un poco más libertad, más fuerza.

“Hoy estamos aquí reunidos por el mismo propósito, porque juntos estamos creando nuestra propia libertad, no solamente para México, sino para el planeta entero.

“Hace 200 años empezó el proceso de nuestra independencia. Hoy, lo que nos hemos aprendido, es que somos interdependientes. Todos de todos…La independencia no existe. Estamos generando hoy una nación planetaria, interdependiente.

Esta fecha la llevamos ya en el corazón de cada uno de nosotros, ya que este día damos todos un paso más en este camino a la libertad, este camino de la dignidad y la justicia. Todos somos responsables por todos y todo lo que sucede. Nuestro compromiso, siendo los primeros que iniciamos esta lucha y este camino es que ya no lucharemos, con armas de guerra sino con armas de danza, de música, de arte, de ceremonia, de ritual.

“Si hace cien años aquí dio inicio el proceso de una revolución, hoy también venimos para dar un nuevo paso, venimos a celebrar una re-evolución de la consciencia.

“Estamos parados aquí hoy en día, gente de todo el planeta, y cada uno de nosotros trae consigo a todos sus ancestros, todas sus tradiciones, a todos los luchadores del pasado. Cada uno de ustedes, es fruto de todo esas sangres, de esas luchas que en el pasado se dieron, para que hoy pudiéramos estar aquí presentes, celebrando, juntos en el mismo círculo, con un mismo corazón y una misma visión. Justamente en este día de hoy.

“Nuestros abuelos nos hablaban de profecías. Hoy nos están viendo, y ven que nosotros somos aquellos que ellos esperaban.”

Escuchando a mi mismo en el Centro de Artes Ecológicas

Escuchando a mi mismo en el Centro de Artes Ecológicas

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

SAJONIA, RIO NEGRO, Colombia – Mi contacto principal en Medellín, a quien conocí por medio de amigos de la Caravana del Arco iris en México, es un líder misterioso en el movimiento ambiental, dueño de un café, ingeniero y permacultor, conocido para mí solo como Pato. Tristemente para mi, Pato estuvo en Perú durante la duración de mi estadía, pero me puso en contacto con un par de jóvenes compañeros que me guiaron debidamente.

El primero me llevo a la campiña, para un merecido respiro de la ciudad, al recién fundado Centro de Artes Ecológicas. Me solicitaron que colabore con un libro sobre proyectos de permacultura alrededor del mundo, estaba muy intrigada por conocer lo que estos creativos paisas habían ideado. No estoy segura de que esperaba – casas ecológicas, jardines fragantes y un equipo ocupado quizás – pero no fue lo que encontré.

En la parada de autobuses sobre el camino de grava, cerca de Sajonia, Río Negro, me esperaba David Rojas, un voluntario que en ausencia de Pato se estaba haciendo cargo de sus responsabilidades. Se echo al hombro mi pesada mochila y juntos bajamos por el camino.

“Algún día planeamos construir edificios, pero por ahora solo tenemos el carro-casa,” me iba contando.

El Centro de Artes Ecológicas se encuentra ubicado actualmente en una pequeña casa mobil, desglosada, donada por un ciudadano alemán que solía viajar constantemente a Latinoamericana. Parecía que estaríamos acampando. “Espero que no estés decepcionada,” me dijo David.

Rápidamente me recupere de mi desilusión inicial, y empece a escuchar y ver lo que encontraba a mi alrededor. David, un joven de suave hablar y despeinada cabellera, parecía llevar el peso del valor de cada palabra frente a la de la quietud. Pronto encontré un manantial de sabiduría en que esa quietud y en las conversaciones que compartimos en este refugio de montaña hermosa.

“La mayoría de la gente está tan ocupada que realmente no se toman el tiempo ni siquiera de escucharse a ellos mismos, mucho menos a la naturaleza que nos rodea,” me dijo. “Llegué a este lugar justamente para hacer eso.”

Me acompañó a recorrer el lugar, los puntos de vista sobre las prácticas innovadoras de la permacultura que el grupo está aplicando son variadas mientras los desarrollan en la propiedad para ir convirtiéndola en un centro de entrenamiento de diseño ecológico. La hectárea de tierra que el grupo ha elegido es enormemente diversa, se encuentran desde un río, humedales, bosques de pinos hasta pastizales, y se inclina hacia arriba hacia una espectacular vista de las colinas de alrededor.

Me dio una demostración de la técnica de los eco–ladrillos la cual está siendo utilizada en varios sitios en Latinoamérica, la misma consiste en llenar botellas de plásticos con basura y compactarlas para ser convertidas en ladrillos para construir depósitos de agua, tanques, bancos, caminos y hasta casas.

La oscuridad cayó, hicimos un fuego, y cocinamos una cena simple de pasta con cebolla, tomates y queso, servida con aguapanela – una deliciosa bebida típica de la región hecha de agua caliente y panela, un trozo sin refinar de azúcar condensada.

Me desperté con el sonido de la lluvia sobre el techo de metal y me sentí un enorme sentimiento de gratitud por el refugio del carro-casa. Pasé un rato escuchando la lluvia, los pájaros, la respiración tranquila de David en la cama sobre la cabina – y a mí misma.

Al día siguiente viajamos juntos a la ciudad de La Ceja, donde conocí a su amigo y colega Andrés Correa, otro joven energético y carismático líder. Ambos están trabajando en el diseño de un proyecto ecológico para un eco-resort en Corconá, Tierra de Agua, y me acompañaron en un recorrido por un nuevo proyecto agro forestal establecido por el YMCA, en el cual conducen talleres con los jóvenes locales. Aquí nos encontrábamos en frente al centro, sentados en un banco hecho por con eco-ladrillos por Andrés y su grupo de jóvenes mientras la noche iba cayendo.

Sobre el café, Andrés indagó sobre mis viajes. Estaba intrigado por el concepto de mi viaje, y quería saber que había visto. Pero mas que nada, quería saber si había encontrado lo que estaba buscando: Esperanza.

El y David son novatos en la causa de la permacultura, ven un movimiento de vuelta a la tierra que va creciendo y evolucionando en su país, a causa del cambio que se siente en el aire – cambios predicados por políticos que hacen muy poco pero manifestados en ultima instancia por la naturaleza misma, por la dependencia y la escasez de petróleo y otras sustancias de las cuales depende nuestra economía, y por las profecías del Calendario Maya, el cual termina su ciclo en el 2012.

“Básicamente, nos estamos preparando,” me dijo. “Me gustaría sentir esperanza, pero principalmente, creo que necesitamos sentirnos preparados”.

En muchas de mis conversaciones aquí en el Sur, pregunto a personas sobre la visión que tienen de la transición que llega, y en frente a la fogata, David me dejó con una imagen que quedará conmigo por siempre. La recordé aquella noche sobre el café, y terminamos nuestra conversación con una nota esperanzadora.

De vuelta a la fogata, David había respondido a mi pregunta con un gesto hacia las montañas que nos rodeaban.

“Veo un futuro aquí en esta montaña, estará llena de pequeñas fogatas como esta misma, y junto con cada fuego habrá una familia,” dijo él. “Estarán cocinando juntos, compartiendo aguapanela, hablando los unos con los otros justamente como nosotros lo estamos haciendo.

“Ahora mismo, en donde veas una luz es una familia – Una familia que es mas probable que este sentada en frente al televisor o a la computadora, pero probablemente no estén hablando los unos con los otros. Creo que eso va a cambiar.”
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Yo también pienso eso – y por todo el miedo que el cambio pueda generar, al final, puede ser que no sea algo tan malo.

Para mayor información sobre el Centro de Artes Ecológicas, busque a su blog, Aprender Ahsiendo, o su página de Facebook.


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Los ganaderos de El Hatico: El problema es la solución

Los ganaderos de El Hatico: El problema es la solución

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Karina Santos y Diana María Belén Paredes

VALLE DEL CAUCA, Colombia – Cuando Alicia Calle, una científica ambiental de la Iniciativa de Liderazgo y Entrenamiento Ambiental de Yale, me contó sobre la Reserva Natural de El Hatico, su cara se iluminó por primera vez desde que la conocí una hora atrás. Habíamos estado hablando sobre el estado del medio ambiente en Colombia, un tema con mucho que lamentar, debido a la propagación de operaciones de minería, la deforestación para dar paso a plantaciones de coca, crianza de ganado, vastos monocultivos de caña de azúcar y palmera africana, contaminación del agua, la misma historia por todas las Américas.

¿Qué es lo que te da esperanza? –le pregunté, como siempre lo hago en cada entrevista. Fue ahí cuando sacó un folleto y comenzó a mostrarme fotos de El Hatico.

“Déjame aclarar algo: no me gusta la ganadería; creo que su expansión ha creado terribles problemas ambientales y desigualdad social en toda América Latina. Pero este es un lugar que realmente quiero que veas, un lugar que ha convertido un problema mayor en parte de la solución.”

Miré la fotografía y me pareció estar viendo la granja de mi abuelo, en las montañas Ozark, en el sur de Missouri: un hato de ganado color rojizo pastando entre los bosques sombreados de árboles maduros. Nada como los demoledores de pastizales sin árboles que se extienden hasta el horizonte, granjas de ganado que ví por todo el Petén guatemalteco, El Chaco argentino, en el México rural y en Paraguay.

Los ganaderos han despejado millones de hectáreas de selva tropical y bosques secos tropicales para crear pastizales para el ganado, liberando así incontables toneladas de carbono a la atmósfera en constante calentamiento, causando olas de sequías y erosión, eliminando el hábitat de vida silvestre y degradando los ríos que fluyen a través de ellos. Cerca del 27% del suelo colombiano es utilizado ahora para la producción de ganado y la deforestación continúa a una agresiva tasa de 300,000 hectáreas por año, de acuerdo con un artículo escrito por Calle y otros autores, publicado este mes en la prestigiosa revista Forest Ecology and Management.

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El Hatico, una granja familiar de nueve generaciones que se ha convertido en un oasis de biodiversidad entre los desiertos de caña de azúcar del Valle del Cauca en el sudeste de Colombia, ha seguido un camino diferente, y finalmente, los líderes del gobierno y la industria han comenzado a darse cuenta de ello. Ahora – según Calle – el modelo de El Hatico está siendo replicado a través del país gracias a un nuevo programa del gobierno y otros países están viendo los resultados.

Fue así como me encontré acompañando a la hermana de Alicia, Zoraida, a través de millas de campos de caña de azúcar, mientras me contaba un poco de la historia de El Hatico.

“Estamos viviendo un momento muy emocionante en el desarrollo del sistema”, me comentaba Zoraida. Como especialista en restauración ecológica en CIPAV Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria), ella ve en El Hatico y su sistema silvopastoral intensivo de crianza de ganado una herramienta clave para la rehabilitación ecológica de tierras tropicales degradadas. CIPAV ha dedicado 19 años a este proyecto y nunca había tenido una receptividad como la que se ha dado en el último año.

“Cada año estamos recibiendo dos o más visitas de grupos de productores mexicanos; estamos viendo a ganaderos y técnicos de Nicaragua, Panamá, Brasil, Cuba y Argentina. Ellos quieren ver cómo es posible hacer lo que se está haciendo”.

La crianza de ganado convencional requiere la aplicación de 100 a 800 kilogramos de úrea por hectárea al año, un fertilizante importado de alto costo basado en combustibles fósiles que contamina las cuencas regionales, degradando así, la calidad del agua y suprimiendo la población de peces. Los bosques tropicales que una vez se extendieron a lo largo y ancho del Valle del Cauca fueron tumbados hace más de un siglo para y muchas hectáreas fueron convertidas en ranchos de crianza de ganado. Desde ese entonces, el negocio más lucrativo del azúcar ha suplantado la mayoría de las granjas de ganado, causando así un impacto ambiental aún mayor por el uso extendido de herbicidas y pesticidas.

Finalmente estamos dejando el paisaje monocromático de las plantaciones de caña de azúcar y estamos entrando a un paseo de árboles de samán llenos de gracia. Una gigantesca ave desciende a través del camino frente a nosotras, como si nos diera la bienvenida a su mundo –un garrapatero, Zoraida me decía.

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Una bandada de ibis negras con sus picos rojos curvados revolotean alrededor y aterrizan en el exuberante césped del bosque a nuestra izquierda.

“Oh mira, es un coclí,” exclama Zoraida mientras un par de aves gigantes y magnificas aterrizan en un campo junto al camino. Esta especie está –también- casi extinta en la región. “Estas aves están casi extintas en el monocultivo del Valle del Cauca, pero acá tienen un hogar”.

Hemos llegado a El Hatico.

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Arribamos a una elegante puerta de hierro y Carlos Hernando Molina está ahí para darnos la bienvenida. Es el mayor de seis hermanos que atienden la herencia de sus abuelos y trabajan como educadores en agrosilvicultura, agrónomos y empresarios. Un hombre alto y bien parecido, con una sonrisa relajada bajo su sombrero de paja de ala ancha, está encantado de escuchar la historia de mi abuelo, el pionero en agrosilvicultura y de mi madre, la granjera orgánica, y nos conectamos inmediatamente.

Mi abuelo falleció en abril, y desde ese momento he sentido su presencia en mí fuertemente, especialmente en este día, ya que lo invité a acompañarnos al paseo. Creo que está contento con lo que vio.

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Carlos Hernando nos mostró primero la casa, una reliquia hermosa del finales de 1700, cuyas tejas de terracota han sobrevivido estos 230 años con daños menores, pero algunas de las vigas están comenzando a arquearse, y unos trabajadores estaban cuidadosamente desensamblándolas, reemplazando las secciones arqueadas y maravillándose al ver la integridad de la estructura original.

“Mira este pedazo de caña brava,” dijo Carlos Hernando, moviendo la cabeza maravillado. “Tan fuerte como hace 230 años”.

Lo mismo puede decirse de esta familia y su granja, que se ha mantenido junta a través de dos siglos de conflictos armados y revolución, guerras de drogas y crisis económicas y climáticas, un oasis en medio de las tormentas.

Pronto se nos unió otro de los hermanos Molina, el igualmente carismático Enrique José, junto con un especialista en biodiversidad y una educadora ambiental de Costa Rica, que habían venido para visitar la granja también.
“El problema de la defensa de los bosques es una gravedad angustiosa, y la más terrible amenaza con el porvenir de la región,” escribió el tío abuelo de Carlos Hernando y Enrique José, Ciro Molina Garcés, en 1937.

Para 1942, vastas extensiones por toda la región habían sido despejadas para la explotación de la madera y la crianza de ganado como podemos observar en las fotos aéreas que comenzaron esta presentación. Para 1986, el paisaje se había convertido en una enorme extensión de cultivos de caña de azúcar. Solamente el parche oscuro de El Hatico permaneció como bosque.

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Ahora, El Hatico es una granja de operaciones y usos mezclados, 32% del terreno está dedicado al cultivo de caña de azúcar orgánica, solamente el 5.5% es bosque maduro, pero otro casi 9% es bosque de bambú nativo, mientras que el 12.7% está bajo el denominado Sistema Silvopastoral Intensivo o SSPI por su acrónimo en español, y es la parte que está siendo observada de cerca por los líderes de la industria.

“Cuando hablamos con los productores agrícolas, miran a su alrededor y dicen, ah, esto no es bueno. Nuestros padres y abuelos nos enseñaron que se tienen que talar los árboles”, dijo Carlos Hernando. “Pero yo les digo, miren a su alrededor, vean por ustedes mismos. Tenemos 80 por ciento de cobertura de dosel aquí, y vean la calidad y cantidad de los pastos. Y esto es con cero insumos químicos. La conservación y la producción no compiten, sino que se complementan”.

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En términos de costo, la hoja de balance de El Hatico habla por sí misma. Debido en parte a la mejoría en la producción y en parte a la reducción considerable en el costo de los insumos – cero agroquímicos, cero suplementos de soya para los animales debido al mayor valor nutricional de sus plantas de pastoreo, y la disminución significativa de los costos de riego y la factura de electricidad asociadas – El Hatico muestra que la conservación es un buen negocio.

Además, los Molinas se están posicionando para recibir pagos por los bienes y servicios ambientales que proporcionan: fijación de carbono, producción de oxígeno, la regulación del ciclo hidrológico, la capacidad productiva del suelo y la conservación de la biodiversidad.

Pero lo que realmente captó la atención de los líderes del gremio ganadero fue la producción de El Hatico durante la sequía de 2009-2010, provocada por El Niño, que devastó los productores en toda América Latina. En el año 2009, El Hatico en realidad tuvo una mayor producción que el año anterior – un resultado sin precedentes en toda la industria.

“Y esto fue sin riego”, subrayó Carlos Hernando.

Llegó el momento del tour, un ejemplo excelente de la nueva oferta de agroturismo que es parte de su misión de educación. Carlos Hernando y Enrique José nos habían llevado a través de la puerta de hierro fundido y por el camino sombreado, donde un par de magníficos coclíes pacían en los altos pastos cercanos. Enrique José habló del reto de transferir los valores de la familia a cada nueva generación en una época donde la mayoría de los jóvenes dejan la granja en busca de otras oportunidades en las ciudades.

Aquí en El Hatico, cada niño al cumplir su tercer mes de vida es llevado a dar su primer paseo a caballo. El caballo sigue siendo una herramienta para conectar a los niños con la granja, y en su primera comunión reciben una pequeña yegua o potranca.

“Esto crea una especie de adicción”, explicó Enrique José, “una sana adicción – los sensibiliza frente a la herencia familiar. El conjunto de estos tres elementos – el equino, el humana y el entorno natural – son una bella manera de brindar educación ambiental a los niños.”

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De hecho, el recorrido por toda la granja es un enfoque educativo sumamente hermoso para todos nosotros. La siguiente parada es bajo las enormes ramas del árbol de samán que el padre de Enrique José y Carlos Hernando plantó hace 70 años y que se ha convertido en un símbolo de la finca.

Gran parte de la resistencia a la agrosilvicultura para el pastoreo proviene de la idea de que las plantas de hoja ancha son malas hierbas y deben ser eliminadas, explica Carlos Hernando. De hecho, la sombra elimina las malezas de hoja ancha más problemáticas y las plantas nativas proporcionan buen forraje con alto contenido de proteínas – “por lo que la ‘maleza’ se convierte en ‘bueneza’ “, bromea.

De vuelta en la vía de la entrada, una bandada de iguazas salió volando del pasto y los visitantes alistaron sus cámaras. Me doy cuenta que he visto más pájaros aquí en El Hatico de los que he visto en varias expediciones de observación de aves durante mi viaje.

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Aprendí muchas cosas en esta gira, una es que la caña de azúcar orgánica puede ser tan rentable como su homólogo asistido por productos químicos, y puede ser acompañada de otras plantas. Parte de la brigada de la caña de azúcar de los Molina estaba trabajando duro cuando llegamos: un rebaño de ovejas de pelo pastando en las gramíneas que crecen entre los callejones de la caña, lo que elimina la necesidad de herbicidas.

Cuando empezaron a experimentar con las ovejas como un medio para controlar las malezas, tuvieron mucho cuidado de usar cercas móviles para proteger la caña de los animales. Un día, sin embargo, el cerco fue derribado, y el pastor observó, para su sorpresa, que las ovejas no habían tocado la caña – sólo las gramíneas que crecían alrededor y entre las filas.

Al principio, los vecinos temían que las ovejas pudieran escapar y crear el caos en sus campos. Ahora, dice Enrique José, suele recibir llamadas telefónicas de los vecinos, que quieren pedir prestadas a las ovejas para la eliminación las malezas en sus propias parcelas: “¡Envíen los contratistas! dicen.”

Quizás lo más importante es la alternativa de los Molina a la quema de la caña, el enfoque de gestión de residuos de cosecha que predomina en toda la agroindustria azucarera. Al final de cada temporada de cultivo, la mayoría de los productores de caña queman sus campos, lo que lleva a la contaminación del aire, grandes cantidades de carbono vertido en la atmósfera, y la destrucción de la ecología del suelo saludable, que requiere más insumos químicos para la próxima cosecha.

En lugar de quemar, los Molina utilizan sus residuos de caña para proteger el suelo con un acolchado que se devuelve a la tierra como abono en cada nueva temporada. Esta biomasa se deposita entre las filas y conserva la humedad del suelo, reduciendo drásticamente la necesidad de riego, explica Carlos Hernando. Coge un puñado de la hojarasca marrón del suelo, y la retuerce dejando salir de ella un chorro de líquido que demuestra su capacidad para retener el agua.

“Este fue el sistema que se utilizó en el Valle del Cauca hasta la década de 1960, cuando empezaron a quemar la caña porque esto se hacía en Hawai”, explicó.

En condiciones normales, un cultivador de caña invierte 300,000 pesos (unos 150 dólares) en cada riego de una hectárea del cultivo, dijo Carlos Hernando. Los Molinas pueden regar sus campos por mucho menos.

Hoy en día, dice Carlos Hernando, los visitantes de la granja salen motivados a hacer una transición en sus propias fincas. “La gente ya no nos ve como románticos”, dice. “Nos ve como pragmáticos.”

El sol se pone rápidamente aquí en el trópico, y los insectos y ranas arborícolas cantan en coro de despedida como llegamos a la vieja casa.

Regresamos al salón de la casa donde Carlos Hernando y Enrique José compartieron una canción de despedida con nosotros, que fue escrita para El Hatico por un amigo que es un compositor.

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Los Molina compartieron con nosotros un suntuoso buffet de la cocina típica colombiana, incluyendo el jugo de naranja fresco y las crujientes tostadas de plátano de su propia granja, y nos despidieron con abrazos y una invitación a volver pronto. A medida que nos acercamos a nuestro coche, miré arriba y observé una nube que pasó frente a la luna.

En algún lugar, mi abuelo estaba sonriendo, pensé.

El Hatico está abierto para tours de agroecología. Está a menos de una hora de Cali y vale la pena. Puedes escribir a CIPAV al rnhatico@cipav.org.co para mayor información. Entretanto, aquí esta el tour virtual.


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Magui Balbuena: Luchadora por la vida

Magui Balbuena: Luchadora por la vida

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

ASUNCION, Paraguay – La primera vez que vi a Magui Balbuena fue en el Foro Social de las Américas – una mujer pequeña con una poderosa presencia, ella era una de las maestras de ceremonia en el evento. La fundadora de CONAMURI, el Consejo Nacional de Trabajadores Rurales y Mujeres Indígenas, Magui ha sido una activista en la lucha de los derechos de los sintierras y los campesinos de su país durante toda su vida. Su trabajo con los grupos campesinos durante la dictadura la llevo a prisión y ha costado la vida a muchos de sus amigos y colegas, y ahora ella se ha convertido en una voz de liderazgo para el movimiento campesino que lucha contra el rápido crecimiento de los cultivos transgénicos que han devastado el campo paraguayo.

“El movimiento campesino representa lo mejor de nuestro país,” me había comentado una periodista paraguaya amiga, así es que rastreé el número telefónico de Magui y me puse en contacto con ella.

Una vos amistosa contestó el teléfono inmediatamente – Era una voz gentil nada parecida aquella poderosa voz que había escuchado exhortando a las masas. Le comenté sobre mi misión y le pregunté si tendría un tiempo en la semana para reunirse conmigo.

“Puedes venir mañana entre las 7 y las 8?” me preguntó. “Ese es el único tiempo que tengo disponible.”

Llegué a las oficinas de CONAMURI a las 7:30 según el “tiempo paraguayo” y me encontré con un torbellino de actividades. Magui se movía a la velocidad de la luz, organizando un taller para jóvenes líderes de todo el país, contestando preguntas y llamadas telefónicas, una tras otra.

Miré a mi alrededor en la sala de recepción, la cual no contaba con muebles excepto por 2 sillas plegadizas. Sin embargo las paredes hablaban alto, y me tomé un momento para leer la colección de afiches y pósters que conmemoraban los eventos y causas organizados a través de los años, una galería de esperanza y de lucha.

Soja para hoy; hambre para mañana”, leí en uno de ellos. “Ya es tiempo para soberanía alimentaria – con una agricultura recíproca con la Madre Tierra”, expresaba otro.

Finalmente Magui se recostó en la silla plegadiza y me miro con una cálida sonrisa. “Siempre empezamos nuestros talleres con una mística,” me dijo. “Querías ver?”

“Claro,” le respondí. No tenía idea de que era una mística, pero me encontraba intrigada por aquello.
Conversamos por unos momentos mientras el grupo se preparaba. Compartí con ella mis orígenes como hija y nieta de granjeros de la tierra de Monsanto, y una oponente de los cultivos transgénicos desde hace tiempo. Ella me adoptó inmediatamente como su compañera de lucha.

Antes de nuestra entrevista, sin embargo, compartimos noticias devastadoras. Habían diagnosticado a su amado nieto de 11 años, Amaru, un neurofibroma, una condición neurológica que podría amenazar su vida, y ella estaba aguardando por noticias sobre cuan severo era el su caso. Su hija estaba en camino, lo llevarían juntas al hospital. Una habitación llena de adolescentes animados esperaba la presentación, y su teléfono seguía sonando constantemente, pero ella se tomó un tiempo para compartir conmigo.

El taller empezó a las 8; y me di cuenta que literalmente el tiempo de 7 a 8 de la mañana era el único con el que contaba.

“Estamos listos,” dijo una de las compañeras y nos dirigimos afuera al patio. Los jóvenes se dispusieron en un círculo, cada uno de ellos llevando un poncho de colores diferentes, y un pedazo de papel en el que estaba escrito lo que representaba: Tierra, Aire, Fuego, Nativos, Semillas… cada uno sosteniendo un recipiente que representaba su elemento elegido. En el centro, vestido en un poncho negro, se encontraba la representación campesina de la muerte, cubierto con los nombres de las peores pesadillas de los campesinos: Monsanto, Cargill, ADM, biodiesel, transgénicos, militarización.

Julia Franco, una camarada de Magui por muchos años, guió al grupo de jóvenes en una procesión. Uno a uno los elementos armados con sus ponchos tomaron lugar en esta procesión que se movía a través del patio, cantando en Guaraní y formando un círculo alrededor del Señor Monsanto. De manera silenciosa y sin perder el compás de la canción , cada uno arrancó una etiqueta del Señor Monsanto y se agruparon a su alrededor. Como la bruja malvada de Oz, el Señor Monsanto lentamente se fue encogiendo hasta desaparecer.

Después de la mística los jóvenes se sacaron sus ponchos y tomaron asiento, mientras Magui tomo su lugar en frente a la pizarra y entrego un fiero análisis sobre el modelo de exportación agrícola que ha deforestado el campo paraguayo y ha empobrecido a muchos mientras ha enriquecido a tan pocos. Su discurso fluía entre el español y el guaraní, pero sus diagramas dejaron bien en claro el mensaje: El negocio transnacional de la exportación agrícola no es amigo suyo. Hablo desde su amarga experiencia; su comunidad fue una de las comunidades desplazadas por las amenazas y violencia que los productores de soja en el área, quienes casi matan a su cuñado.

La biografía de Magui, “Magui Balbuena: Semilla para una nueva siembra” es parecida a una versión campesina de “Yo, Rigoberta Menchú,” biografía de la premiada Nobel de la Paz de Guatemala. Narrada en sus propias palabras a la escritora argentina Elisabeth Roig, ella habla de sus primeros años creciendo en una familia tan pobre que no tuvo sus primeros zapatos hasta la edad de 13 años. Habla del liderazgo de su padre en movimiento de ocupación de tierra, y como arriesgó su vida para reclamar el uso de tierras comunitarias, que habían sido vendidas por el corrupto dictador Stroessner. Habla del movimiento de la reforma agrícola en su país en las décadas de 1960 y 1970, un movimiento al que se unió en su juventud, que luchaba por la dignidad de la vida de los pequeños granjeros, los derechos a la tierra segura y la brutal represión que le siguió, con compañeros activistas perseguidos, torturados y asesinados en maneras terribles.

Habla de el tiempo en que ella misma estuvo en prisión y de su milagrosa liberación, su matrimonio con un compañero revolucionario y su huida a una favela de Brasil, con un pequeño niño y otro en camino, una vida en un exilio en condiciones miserables, en una tierra extraña, donde casi muere al dar a luz y casi pierde a sus hijos a causa de extrañas enfermedades.

También habla sobre su regreso a reconstruir un movimiento devastado en el corazón de la dictadura, luchando por una voz en una organización dirigida por hombres, y la decisión de agruparse con sus compañeras para continuar la lucha por la justicia en el campo, pero como mujeres. 10 años atrás CONAMURI (Coordinadora Nacional de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas), su organización actual, fue fundada para solidificar esa lucha.

Hoy en día la dictadura no es más que un amargo recuerdo, pero su legado vive en los millones de campesinos sintierra e indígenas quienes se amontonan en los barrios pobres a las laderas de las grandes ciudades. Para Magui y sus compañeros, la lucha continua, solo la cara del opresor ha cambiado.

Después de la presentación para los jóvenes y antes de la llegada de su hija y su nieto, escapamos a otro lugar, y tuve la oportunidad de preguntarle sobre esos nuevos enemigos sin rostro y el impacto que han tenido en Paraguay. Su apasionada defensa fluyó como un río durante una hora y media.

(La video de esta entrevista viene pronto.)

Un pedazo de paraíso paraguayo: San Rafael

Un pedazo de paraíso paraguayo: San Rafael

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

LA RESERVA SAN RAFAEL, Departamento de Alto Vera, Paraguay – “Está a punto de conocer el lugar mas hermoso del mundo,” me dijo Daniel, mientras atravesamos el accidentado camino rojo, el cual se hacia cada vez mas accidentado y angosto al minuto, mientas el oscuro bosque se cerraba alrededor de nosotros, helechos que crecen hasta la cintura y arboles drapeados de rosa vid se elevaban en la oscuridad.

Hacían dos horas y media desde que salimos de Encarnación, en el centro sur de Paraguay, a orillas del rió Parana, y había pasado aproximadamente una hora desde que vimos algún tipo de de civilización, en su lugar millas de hectares de plantaciones de trigo se extienden al horizonte – la cosecha de invierno, la cual sera cosechada pronto para hacer lugar a las plantaciones de soja.

“Los cambios aquí en Alto Vera han sido muy dramáticos en los últimos años” me dice Daniel. El observó mientras el vasto Bosque Atlántico de su tierra nativa y las pequeñas granjas que un tiempo atrás existían desaparecían milla tras milla, para abrir paso a estos campos.

“Lo que está sucediendo es muy triste,” dice. “Los campesinos que han vivido y cultivado la tierra aquí todas sus vidas están en una situación muy precaria- si sufren una temporada difícil, sentirán hambre todo el año. Cuando un gran productor se acerca a ellos y les ofrece dinero por sus tierras, muchos de ellos no pueden rehusarse a aceptarlo. A $6.000 la hectárea, es una cantidad inconcebible de dinero y suficiente para vivir de el por unos años – piensan ellos, y se mudan a la ciudad. En un año o dos el dinero se termina.”

Mi tiempo en Paraguay ha sido coloreado en varios sentidos por la tristeza de su historia. He llegado sin embargo a San Rafael, para dejarlo todo atrás por dos días y dos noches preciosas, en un lugar donde un fragmento del antiguo paraíso de Paraguay aun sigue vivo, y un dedicado grupo de conservacionistas esta trabajando para restaurarlo.

Entre otros roles, Daniel Espinola es el supervisor de operaciones en la reserva San Rafael, ademas de ser miembro de Guyra Paraguay, uno de los grupos de conservación lideres en Paraguay, su nombre deriva del la palabra Guaraní para “ave”, dado que la misión original de la organización fue la conservación de los hábitats de aves, pero el grupo ha crecido mas allá de sus orígenes.

Eran las 10:30 al momento en que llegamos, y la noche se había cerrado en el bosque un buen tiempo atrás, así es que tendría que esperar para juzgar la precisión de la descripción de Daniel. “Uno siempre piensa que su propia tierra es el lugar mas hermoso del mundo,” reconoció. “Así es que tendrás que decidir por ti misma.”

La estación de investigación incluye lugar de alojamiento hasta para 12 visitantes, observadores de pájaros, científicos, y ecoturistas se abren camino por aquí desde todo el mundo para ver algunas de las mas de 400 especies diferentes que hacen de San Rafael su hogar.

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Mañana, me dice Daniel, seré Guardabosques por un día. Mientras me cubría con la cobija en la fría noche, y apagaba una vela, un absoluto silencio me envolvió y el sueño descendió sobre mi como una tibia manta.

La luz comenzaba asomarse por mi ventana cuando una excitada conmoción comenzó afuera de mi cabina, como si fuera que cada ave de la creación hubiera llegado a nuestro valle a para comenzar una sinfonía de sonidos en esa misma mañana. La variedad era tremenda, trinos y gorjeos y riffs melodiosos se entrelazaban en un tapiz de sonido que parecía envolver a mi estado medio dormido.

Mientras dormitaba escuché por un momento, luego abrí las persianas para encontrarme con un matiz dorado- rojo en el horizonte. En el aire se sentía la alegría, era contagiosa, y comprendí lo que Daniel quiso decir.

Antes del desayuno pude ver a un papamoscas cola de tenedor, un tero, y – fui personalmente saludada por lo que parecía ser un colibrí de color esmeralda tornasolado, que se precipito hacia la puerta de mi camarote, floto cerca de mi un momento y luego volvió a salir afuera. Luego intente comenzar con un poco de escritura antes de nuestra salida en la mañana, pero la algarabía afuera de mi ventana fue demasiado para mi; tome mis binoculares y en cuestión de segundos ya había divisado un pájaro de plumaje y cresta parecido a la felpa y un búho pigmeo.

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Mi día estuvo lleno de actividades mientras acompañaba a Ramón y Ariel en las rondas que realizan para revisar una serie de “trampas de arena” dispuestas para registrar las huellas de los felinos que habitan en el parque.

Esperaba ver una huella de jaguar pero quedé decepcionada, aunque sí llegamos a encontrar huellas de zorros y armadillos. Aproveché de buena manera los binoculares que Daniel me había prestado, en la tarde, dimos un paseo por las praderas y observamos un trío de carpinteros campestres de pecho amarillo (un tipo de pájaro carpintero) mientras rodeaban un nido de termitas gigante en busca de sus presas de seis patas, y logramos obtener algunas tomas decentes. Localizamos a un impresionante tirano cola serpentina, similar a un cola de tijera, pero con una cola aun mas espectacular, con plumas dobles y un rostro de color canela, el cual también pude fotografiar.

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La primavera está floreciendo en la reserva, con flores salvajes llenando las praderas y el niño azote, una delicada flor parecida a una mimosa rosada salpicando el bosque. Las aves macho están vistiendo su mas ostentoso plumaje y cantando con todo su corazón para atraer a sus parejas, y las especies migratorias permanecen alrededor como el tirannus savanna, el papamoscas de cola blanca y negra que había visto en la mañana.

Ariel me acompaño a una caminata al río, observe el espectacular atardecer por encima de la mezcla de praderas y bosques que rodean a la estación, y absorbí el alboroto de la vida silvestre de las aves.
El tiempo paso demasiado rápido y pronto ya estuve en camino de vuelta a la ciudad con Daniel, pero no antes sin visitar a los campesinos con quien las personas de la fundación Guyra están trabajando para promover practicas sustentables de agricultura.

Para aprender más de Guyra Paraguay revise su sitio web. Tiene cinco reservas en varias partes del pais, y un serie de programas en Asuncion.

Construyendo un mundo mejor con bambú

Construyendo un mundo mejor con bambú

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Janina Ralda y Gaby de Mendoza

CERRO ROKE, Paraguay—El bus rojo hace su recorrido traqueteante, bajando por el camino de terracería rojo, abriéndose brecha a través de la niebla gris. El conductor me aseguró que no habíamos ido demasiado lejos; mi destino era la ultima parada del recorrido. Finalmente hace un frenazo sacudido.

La entrada de bambú era la única pista que tenía de haber llegado a Takuara Rendá, centro de permacultura de Paraguay. Guillermo Gayo, el corazón de todo el proyecto, estaba allí para saludarme y darme la bienvenida al estilo sudamericano, con el tradicional beso en las dos mejillas.

Yo conocí acerca de Takuara Rendá en el Foro Social de las Américas en Asunción, donde Guillermo había transformado un rincón del intenso y ocupado foro en un santuario de paz con una de sus casas de bambú.

Fue allí donde conocí sobre su participación única en permacultura, basándose en los principios básicos del bambú y el trabajo de toda una vida como arquitecto, dedicándose al campo de la bioconstrucción, una forma de construcción que hace énfasis en el uso de recursos naturales y tecnología sostenible.

Takuara Rendá, el centro de permacultura en referencia, posee ese nombre derivado del idioma nativo de Paraguay, Guaraní, que significa “hogar del bambú”. Como un arquitecto y diseñador en busca de dignificar la vida de las personas, mitigando al mismo tiempo el impacto ambiental, tiene la inclinación hacia el bambú como un recurso renovable rápido y como un material de construcción altamente versátil.

Me invitó a conocer su centro de permacultura*, el cual se encuentra aproximadamente a dos horas de distancia de la ciudad de Paraguarí, de modo que pudiera conocerlo por cuenta propia y así lo hice.

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Lo que encontré allí, en los exuberantes bosques verdes, era algo parecido a un santuario zen y el taller de un inventor poblado de árboles y un centro de aprendizaje con participación activa. Allí se encontraba el personal; estudiantes paraguayos, argentinos, brasileños, trabajando en el ensamble de creaciones en bambú, desde puertas y sillas hasta instalaciones de luz.

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Lo que no era tan visible era el infinitamente minucioso trabajo de crear una reserva agroforestal de un terreno incultivable donde se agotaban los recursos naturales.

La renovación, el cultivo de árboles del bosque, el jardín y el taller de bambú, trabajan en conjunto para crear un estilo de vida integral para Guillermo, quien se gana la vida enseñando en todo el continente sobre la bioconstrucción utilizando bambú. Guillermo enseñaba antes herramientas para la subsistencia del planeta hasta que encontró en la casa de un amigo brasileño la guía de permacultura de David Holmgren traducida al español. Leer el libro le hizo recordar varios aspectos de sus ideas y práctica y logró llevarlos hacia un mejor enfoque, el cual eventualmente lo dirigió al aprendizaje del diseño en permacultura y al establecimiento de Takuara Rendá.

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“Si hubieran visto este lugar hace diez años, no lo hubieran creído”, les cuenta a un grupo de invitados de Asunción, quienes llegaron a hacer un recorrido por el lugar. Explotado, lleno de maleza y quemado una y otra vez, ya que esa era la práctica agricultural de ese lugar, la tierra había llegado al punto en que la regeneración natural estaba a punto de no ser posible. “Era como un tejido con cicatrices” nos cuenta. “Tuvimos que reincorporar la tierra y eso toma tiempo”.

Es difícil imaginarlo, al ver ahora alrededor del bosque frondoso y el increíble y diverso desarrollo – palmera coco, acacia, guayaba y papaya, junto con cactus, piña se entremezclan con parches de musgo y helecho – es difícil de pensar.

En esta tierra parece que pudiera crecer cualquier cosa. Pero fue el resultado de años de limpiar la maleza, preparar la tierra con composta, y cultivar los retoños de palmera, guayabas y papayas con agua y los nutrientes necesarios. “Nosotros los humanos tenemos una capacidad grande para la destrucción, pero también tenemos una capacidad grande para la recuperación”, comenta.

Más tarde Guillermo me llevó a uno de los lugares más duros y rudos de la tierra, donde él sutilmente engaña a los pastos nativos de la tierra, en otro lugar está cultivando retoños de nuez de macadamia, árboles de mango, entre otros vegetales. La idea es sembrar para mañana, y para los próximos diez años a la vez, empezando desde ahora, explicó. Los vegetales servirán de alimento mientras los árboles crecen lo suficiente para proveerles fruta y nueces.

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Pero Guillermo, el agricultor, cambia rápidamente a Guillermo el inventor al momento de explicarles a sus estudiantes las leyes de aerodinámica y como se aplican a un molino de viento que construyen para bombear agua, o como ellos meditan acerca de los planes para un serrucho accionado por medio de un péndulo.

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Y Guillermo el inventor también puede fácilmente convertirse en Guillermo el arquitecto, al explicarnos el por qué de las líneas curvas en el techo y las paredes que enmarcan este edificio.

“Debemos romper el esquema rectagonal” – la forma en que nuestras estructuras se crean en la ciudad, están diseñadas para incrementar la productividad, pero la naturaleza está organizada fuera de esa estructura lineal. “Lo que hemos tratado de hacer es crear un hábitat que sea compatible con la biología.”

Como es típico en los permaculturistas, Guillermo posee su propia historia, que es tan interesante como la del centro de aprendizaje. El nació en Argentina y estudiaba en los años 60 y 70. Como muchos de su generación, su participación en movimientos sociales llamó la atención del gobierno represivo de esa época, obligándolo a huir por su vida para evitar enfrentar el trágico destino que tuvieron muchos de sus amigos, la tortura y la muerte.

Decidió dirigirse al norte de Paraguay. Vivió muchos años en Asunción, donde cambió esa resistencia a una de forma más espiritual – una en la cual el podría continuar trabajando por un mundo más sostenible, pero sin arriesgar su vida bajo un régimen de dictadura diferente. A través de la enseñanza del calendario Maya en un centro de pensamiento alternativo él y unos amigos reflexionaron acerca de la historia aborigen de estos suelos, donde los guaraníes aún viven en armonía con la tierra – marginados y en áreas extremadamente remotas del bosque, pero sobreviviendo de la manera en que lo hicieron sus ancestros.
“Los guaraníes no construyeron grandes monumentos, pero lo que dejaron atrás era algo mejor… un ambiente integrado.”

“Hemos destruido un hábitat completo y va a ser muy costoso repararlo. Pero ellos no dejaron nada fuera de su lugar”. Después de la amplia discusión sobre el tema, Guillermo recalca, “hemos llegado a la conclusión que debemos pedir perdón – a la tierra, a los ancestros, a la gente indígena. Al pedir perdón debes ofrecer algo – no solamente decirlo.”

Lo que Guillermo ofrecía era su experiencia como maestro de bioconstrucción, trabajando con un bajo presupuesto y con la gente indígena para ayudarlos a crear espacios habitacionales cómodos y dignos, trabajó con los guaraníes en Paraguay y con los maya quichés de Guatemala, a crear reservas de agua que los ayudarían a evitar las largas horas de cargar agua en la espalda desde las fuentes de dicho líquido que se encuentran alejadas.

En 1999 trajo Takuara Rendá, un centro de demostración de vida sostenible, donde la gracia de las estructuras de bambú perfumadas con hierbas dulces se dispersa entre los árboles.

“Tratamos de hacer los espacios habitacionales lo más pequeño posible y éste se extiende a la parte de afuera”, explicó. “Creemos que con menos que vivas, lo harás mucho mejor”.

El poco tiempo en Takuara Rendá, parece confirmar la veracidad de estas palabras. Yo dormí en una de esas casas de bambú, sobre una cama con base de bambú, con un colchón ecológico de pasto; lavé los platos en un lavatrastos afuera protegido por un cobertizo de bambú, utilizando agua minuciosamente distribuida a través de una serie de botellas plásticas recicladas con un ingenioso sistema de conservación; me senté en una silla de bambú con una mesa del mismo material, y tomé maté en una matero y bombilla de bambú. Utilicé un baño seco de bambú con una ingeniosa forma en espiral, sin sufrir ninguna incomodidad. Manoel, el estudiante brasileño, me ayudó a labrar mi propia taza para beber, utilizando una parte del bambú.

Respiré el aire fresco, mis ojos estaban empapados de la frescura verde, me sentí mucho mejor de lo que me había sentido en semanas. Recapacité sobre una pregunta que Guillermo hizo: “¿Qué es salud – es solamente física, o es espiritual? al decir espiritual no me refiero al sistema religioso que se mantiene corrigiendo una estructura donde todo va mal”.

Mi tiempo con Guillermo, con su asistente Milciades y los estudiantes argentinos y brasileños fue tan corto. Yo deambulaba por los bosques misteriosos y las extrañas formaciones rocosas, escuchando el canto entre los pájaros. Comí deliciosa comida orgánica, preparada por los jóvenes en una sencilla estufa de madera bajo un rótulo pintado a mano con la leyenda de las palabras de Hipócrates que al parecer la medicina moderna ha olvidado: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Ya de regreso en la ciudad, veo el paisaje con formar cuadradas y líneas rectas, y entonces suspiro. Algún día me gustaría tener mi propio Takuara Rendá. Hasta entonces, tengo mi taza para beber hecha de bambú.

Takuara Rendá acepta voluntarios por un tiempo mínimo de dos semanas y un máximo de tres meses. Tiempo durante el cual puedes aprender por medio de práctica; los principios y el ejercicio de la bioconstrucción, cultivo de árboles del bosque, tecnología alternativa y permacultura.

*La permacultura es el diseño de hábitats humanos sostenibles y sistemas agriculturales, que imita las relaciones encontradas en los patrones de la naturaleza. El libro que cambió la vida de Guillermo se puede bajar gratis en el internet como libro electrónico en este sitio.


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Teopantli Kalpulli: Recuperación de lo sagrado en la vida cotidiana

Teopantli Kalpulli: Recuperación de lo sagrado en la vida cotidiana

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Katy D’Oporto

SAN ISIDRO MAZATEPEC, Jalisco, México – Era época de cosecha cuando visité Teopantli Kalpulli, y el maíz nativo de colores estaba en el suelo, secándose al sol. Los niños jugaban en el patio de la escuela cubierto de pasto, mientras Levi Ríos detiene su ronda de momento para observarlos.

No muchos años atrás, este joven líder de la ecoaldea aprendió a leer en esta misma escuela, y ahora es un graduado de la universidad con varios años de experiencia en la ciudad como arquitecto profesional, que ha regresado a sus raíces pastorales para ayudar a guiar a una segunda generación en su comunidad.

Pasado, presente y futuro se reúnen en Teopantli Kalpulli, una comunidad intencional estilo ecoaldea ubicada alrededor de una hora al sur de Guadalajara. Estas familias viven cerca de la tierra, pero todavía disfrutan de las comodidades modernas. Concebida a finales de los década de 1970 por un pequeño grupo que incluía a los padres de Levi, Carlos Ríos y Beatriz Cárdenas, la comunidad ha crecido hasta convertirse en la comunidad intencional más grande de su clase en México.

Teopantli Kalpulli, una frase náhuatl que, traducida libremente, significa “aldea biorregional sagrada”, fue el resultado que tuvieron sus fundadores en “la búsqueda de un estilo de vida centrado en la tierra que incorpora las tradiciones sagradas de sus antepasados. Formaban parte de una red llamada Gran Hermandad Universal, y eran practicantes de yoga, la meditación y el vegetarianismo.

“Se dieron cuenta de que las Américas tenían sus propias tradiciones que son tan sagradas como las de Oriente, por lo que decidieron construir su comunidad en esas tradiciones”, explicó Levi.

Los kalpullis prehispánicos, explicó, eran pueblos que compartían una serie de disciplinas y prácticas culturales, como la siembra tradicional de maíz, la práctica de la danza sagrada y la versión indígena mexicana del temazcal, la cabaña de sudación ceremonial. Teopantli, dijo Levi, fue uno de los primeros espacios en México, que abrió sus puertas a los dirigentes indígenas a compartir sus enseñanzas, y esas enseñanzas se incorporaron a la estructura de las ecoaldeas.

Los miembros de la comunidad tratan de cultivar la mayor cantidad de sus propios alimentos orgánicos, tanto como sea posible, y reverencian el maíz y a la Madre Tierra como lo hicieron sus ancestros.

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Teopantli es un paraíso para los niños, que tienen el dominio del lugar. Veintiún familias tienen sus hogares en estas 92 hectáreas, concentradas en 17 acres de viviendas y espacios comunes. El resto de la tierra se utiliza para el cultivo de su maíz tradicional, para los jardines orgánicos y los árboles frutales y forestales.

La comunidad está diseñada para sostener 55 familias, por lo que la comunidad sigue aceptando nuevos miembros. La propiedad de la tierra es colectiva, Levi explicó, y esta concesión les permite a los miembros que construyan sus viviendas.

“Lo que estamos haciendo aquí es asegurar que la tierra pertenece a la comunidad”, explicó. Otro de los objetivos clave de la comunidad es asegurar una vida sana, en cooperativa; basada en este estilo de vida, la tierra puede ser accesible a todas las personas independientemente de su nivel de ingresos.

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La gira comenzó en el centro de la comunidad, donde una ceiba gigante, sagrada para los mayas y otros pueblos prehispánicos, extiende sus ramas frondosas sobre un círculo ceremonial.

La propia comunidad se presenta a lo largo de los cuatro puntos cardinales, con espacios sagrados en cada uno de los cuatro puntos: En el norte, una pequeña pirámide construida en el camino de sus antepasados prehispánicos; en el este, un santuario para el yoga y la meditación, en el sur, un calihuey, el templo sagrado de los antepasados huicholes, y en el oeste, un temazcal. En cada uno de estos cuatro espacios, que poseen diferentes celebraciones durante todo el año.

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“Hemos aprendido de los huicholes para vincular la siembra del maíz con un calendario de actividades durante todo el año”, dijo Levi. La planificación de actividades en diferentes partes de la comunidad es importante, explicó, ya que “mantiene la energía en movimiento” en toda la comunidad.

Una de las principales prioridades para que la comunidad entre en su siguiente fase, explicó, es ampliar la escuela para crear aulas diferentes para los distintos grupos de edad. En la actualidad los 14 niños que pertenecen a la comunidad estudian en un aula común, pero el grupo sigue creciendo, con la adición de dos familias que se unieron en el último año.

Uno de los cambios que el pueblo ha visto, es que con el tiempo, se produce un aumento en el nivel educativo, explicó Levi. Sus padres tuvieron la suerte de asistir a la universidad, dijo, pero la mayoría de los fundadores no lo hizo, y fue siempre una lucha ganar suficiente dinero para apoyar a la comunidad.

Parte de ese esfuerzo hercúleo es la participación en la reconstrucción del suelo, agotado por años de roza, tumba y quema y el pastoreo excesivo, y la reforestación de lo que se había convertido en pastizales deforestados.

“Si yo le muestro las fotografías de este lugar cuando la primera comunidad compró la tierra, no lo creería – ni un árbol o arbusto podía ser visto”, dijo. “Si te fijas, toda la tierra alrededor de la comunidad son pastos “.
Es cierto, me di cuenta – que había entrado en un exuberante oasis de bosques de madera dura y espacios con abundantes jardines.

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Hoy en día, ya que la comunidad entra en su segunda generación, Levi estaba explicando, más miembros de la comunidad han ido a la universidad y han traído a la comunidad una variedad de habilidades. Hoy en día, el 90 por ciento de los residentes son capaces de ganarse la vida de los negocios basados en la comunidad, 10 por ciento de ellos viajan a la ciudad para hacer otros trabajos.

El siguiente fue un recorrido por el prolífico jardín de permacultura. Nueve hectáreas (20 acres) se trabajan con el tractor antiguo y se plantan como una milpa tradicional – maíz, frijol y calabaza – a la manera tradicional de los antepasados.

Levi intercambia verduras de su jardín con otras familias que producen granos enteros, productos horneados, miel, leche de soya, tofu y una variedad de otros artículos.

“El trueque es algo que viene de manera natural”, dijo. “La gente tiene talleres en sus casas, y los intercambios son justos”.

En los bordes de las zonas comunes están las casas, construidas por cada uno de los mismos propietarios. Todas están construidas con materiales disponibles en el área local, algunas con adobe, otras de ladrillo. Pasamos una que ha sido abandonado y el propietario la ha puesto a la venta.

“Es simplemente que la vida no es tan fácil aquí”, explicó Levi. “Tienes que ser capaz de hacer funcionar la economía para ti, tienes que ser capaz de vivir aislado del sistema económico. Si usted puede desarrollar una actividad profesional aislado de la ciudad, usted puede hacer que funcione – pero no es para todos.”

Pocas comunidades como ésta han sobrevivido durante tanto tiempo, dijo. “Hay alrededor de cinco como ésta en México, pero ninguno de ellos con mayor número de personas de las que tenemos ahora en Kalpulli”.

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La gira comenzó en un cómodo y amplio salón comedor de la comunidad, donde Beatriz y sus dos hijos, Yuma y Maya, están disfrutando del sol en el patio. Beatriz es suiza y su esposo es mexicano, y son una de las nuevas familias en la comunidad.

Maya y Yuma están trabajando arduamente en coloración, y Levi se detiene a admirar su obra – y también la de Beatriz, que, Levi me informa, ha diseñado el hermoso suéter de punto que está usando, que es de lino orgánico.

Beatriz ha hecho un negocio de venta de estos suéteres. Éste, dice, tomó alrededor de 80 horas de trabajo y se venderá por 700 pesos – un poco más de $ 50 dólares americanos.

Seguimos en nuestro camino, y nos reunimos Celia Rubalcava, quien tiene un negocio de leche de soya en su casa, e Isaac, que está usando un molino manual para quebrar el maíz seco. Sus hijos están jugando a sus pies, haciendo lo que parecen ser platos muy elaborados de barro.

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“Aurima, ¿qué estás haciendo? ¿Haces bolitas?” pregunta Leví, y Aurima le muestra con orgullo sus creaciones.

En la casa de al lado, me encuentro con José Luis Gutiérrez y Angelita, que operan una pequeña panadería grano entero (integral) y la fábrica de queso de soya en su casa. Me enseñaron todo y compartieron conmigo un poco de pinole de maíz – un polvo de canela, azúcar morena y maíz tostado molido, lo comen como aperitivo o mezclado con agua caliente para una deliciosa bebida.

Luego fuimos a la zona de temazcal, donde pequeñas estructuras abovedadas esperaban para la próxima ceremonia de sudación. Algunas de estas ceremonias son abiertas al público, y otras son sólo para la comunidad.

Por último Levi me lleva a su casa, una fresca casa de ladrillo y adobe con líneas sencillas y limpias, un porche con una hamaca y un hermoso altar que da a los campos.

Él compartió conmigo un poco acerca de su decisión de regresar a la comunidad después de ocho años en Guadalajara, cuatro años en el ITESO, una universidad jesuita, y cuatro años más de trabajo en arquitectura en una empresa constructora local.

“Creo que todas las personas tienen una misión en la vida – ¡o si no tienen una, deben tenerla! – Pero para mí, que crecí en una comunidad, esto me ha marcado con una especial visión comunitaria”, dijo. “Yo quería ir a la universidad, precisamente para ampliar este concepto de comunidad.”

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Sembrando el Reino de Dios en Sibinal

Sembrando el Reino de Dios en Sibinal

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Divi Perdomo y fAfA Granadeño

SIBINAL, San Marcos, Guatemala- Juan Pablo Morales y Nathan Howard provienen de muy diferentes tradiciones religiosas, circunstancias sociales y geografías. Pero al final, fue su fe que los unió en su oposición contra la minería, así como su proyecto de proveer alternativas económicas en una de las regiones más pobres de Guatemala.

Para Juan Pablo, fue su fe en un Dios justo y amoroso; para Nathan fue su fe en el potencial de la humanidad. Para ambos, a medida que trabajan juntos para establecer opciones de desarrollo sostenible en una región programada para la minería a cielo abierto, es su esperanza que las personas pueden encontrar una manera de ganarse la vida gracias a la tierra sin destruirla.

“Estamos construyendo el Reino De Dios entre los pobres de Guatemala”. Así inició – Juan Pablo, con su sonrisa tan grande como la de un niño. “La pobreza no es parte del plan de Dios; pobreza es el anti-reino. Cuando hablo de anti-reino, estoy hablando de las fuerzas de la oscuridad, las fuerzas del imperio del neoliberalismo,– las cuales tienden a fluir desde el Norte hacia el Sur”.

Juan Pablo habla el lenguaje de la Teología de la Liberación, un enfoque al Catolicismo nacido en el continente Latinoamericano, profundamente dividido cuando las brutales dictaduras se impusieron. En esos días, algunos líderes religiosos vieron la brutal represión proveniente del Gobierno, y decidieron ponerse del lado de los pobres; muchos pagaron con sus vidas. 18 Sacerdotes y 150 catequistas fueron asesinados en Guatemala, de acuerdo con las cuentas de Juan Pablo, y también 400 pueblos fueron masacrados.

“Los Evangélicos predican la venida del Apocalipsis – pero pasamos a través de nuestro apocalipsis durante esos 36 años de guerra.”

Juan Pablo fue afectado personalmente, ya que su hermano se encontraba entre esos catequistas asesinados. Pero en lugar de alejarlo de estos movimientos, lo dejó con un compromiso de seguir los pasos de su hermano. Luego de 4 años de estudio, el se volvió también, un apasionado profesor de la Fe Católica, y pronto se acerco a Caritas, una organización Católica sin fines de lucro, la cual trabaja para los pobres.

Nathan es más reservado, pero no menos apasionado por el llamado de la Iglesia, a empoderar a los pobres. Como muchos nativos del estado de Indiana, en el medio oeste de los Estados Unidos, él fue criado como un Cristiano Evangélico, pero se alejó de la fe en su juventud. Estudio en la Universidad de Indiana y luego en la Universidad del Este de Pensilvania, y obtuvo un Máster en Administración de Empresas, en el desarrollo de la economía internacional. Ahora el trabaja para el Comité Central Menonita, ayudando a las comunidades a crear modelos económicos sustentables y basados en su localidad.

Su experiencia práctica aquí en Guatemala le dio un entendimiento de la economía muy diferente de lo que había aprendido en sus libros de la universidad.

“La economía no es una ciencia; es realmente el estudio de las relaciones humanas,” dijo. “Se trata sobre nuestras relaciones con la tierra y entre cada uno de nosotros; se trata de teología, ecología y sociología.”

Su primordial trabajo aquí, según lo ve él, es apoyar a Juan Pablo y a los lugareños, que el de llevar a cabo el desarrollo del proyecto.

“Nuestra meta es tratar de ayudar a la gente a verse como poderosos actores y a trabajar juntos para ver lo que se puede lograr,” me dijo en el bus durante el trayecto lleno de baches mientras nos dirigíamos a la montaña arriba.

Vivir y trabajar en el Distrito de San Marcos, en el montañoso lado oeste de Guatemala, cerca de la frontera mexicana, ha sido una experiencia que ha servido para abrirle los ojos a este hombre del medio oeste. La oportunidad económica es tan limitada en este lugar, que cerca del 70% de la población masculina de esta región ha emigrado a algún lugar en los Estados Unidos, y el dinero que ellos envían a sus familias, es el que eleva los estándares de vida por sobre la pobreza extrema.

Ahora, sin embargo, con la crisis económica y el creciente sentimiento anti-inmigrante, mas y mas inmigrantes guatemaltecos se están viendo desempleados; muchos están regresando a casa, algunos deportados.

Nathan y yo nos levantamos a las 4 a.m. esta mañana para abordar el bus de 2 horas de camino hacia el pueblo de Sibinal, y desde ahí íbamos a escalar una montaña hacia La Vega del Volcán a ver el criadero de truchas. Pero la punta de la montana estaba cubierta de un gris oscuro, y mientras ordenábamos nuestros huevos, frijoles negros y café, los contactos de Nathan en La Vega le llamaron para advertirle que en el pueblo estaba lloviendo bastante fuerte.

Escalar la roca pura aun cuando está seca es difícil, me dice Nathan, y Juan Pablo lo secunda.

“Lo puedes lograr, pero vas a sufrir,” dijo Juan Pablo. “No te lo voy a recomendar.”

Entonces, en lugar de ello, mejor me instalé y preparé para unas entrevistas ahí en el pueblo de Sibinal.

Nathan y Juan Pablo se enfocan en una red de cooperativas poco organizada en varios pueblos rurales del municipio de Sibinal. Una de ellas es un criadero de truchas en La Vega, en donde el claro arroyo de la montaña alimentado por un manantial, hace ideal al lugar para cultivar a esta especie difícil de cuidar. El criadero ha sido todo un éxito, que la comunidad se encuentra trabajando ya en la Fase II, cultivando y recogiendo alevines para venderlas a las comunidades de los alrededores.

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(Granja de truchas en La Vega del Volcán: Foto de Nathan Howard)

Otros proyectos agrícolas, incluyendo papas y flores ornamentales, han ayudado a diversificar las oportunidades de mercado regionales más allá del maíz y frijol de subsistencia, y han hecho entrar un poco más de dinero.

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(Granja de Flores en La Línea: Foto de Nathan Howard)

Pero lo que más ha emocionado a Nathan hasta el momento es el proyecto de ecoturismo, el cual llevaría a los viajeros a una variedad de caminatas, la mayoría de ellas a través del desierto virgen del Volcán Tacaná en la frontera con México.

Después de desayuno con Nathan y Juan Pablo, ellos me llevaron al edificio municipal para hablar con miembros del consejo, y llené un cuaderno de críticas favorables por su trabajo.

“Aquí han habido muchas organizaciones de ayuda internacional a través de los años; han gastado millones de dólares, y muy poco ha cambiado” dijo Elfego Zunún Ortiz, uno de los miembros del consejo. “Pero ahora vemos como esos tipos están realizando un proyecto extremadamente efectivo, si gastar mucho dinero, tan solo involucrando a la gente en el liderazgo y planeamiento del proyecto –y tenemos grandes esperanzas.”

Domingo Javier Godínez, otro miembro del consejo, destacó la importancia de proyectos de desarrollo sostenible como estos como una alternativa a la minería.

“Vemos que la minería brinda desarrollo a los Estados Unidos, Canadá y a Europa – pero nos brinda muy poco desarrollo a nosotros, la gente más pobre de Guatemala –solo el 1% de los beneficios se queda en Guatemala,” dijo.

He escuchado las estadísticas muchas veces y lo he verificado; aunque parece tan difícil de creer, es verdad.

Godines describió la escena de un proyecto de minería que visito en El Salvador. Al pie de la montana, 35 comunidades habían perdido su fuente de agua – una situación que el predice que sucederá aquí si se permite que la minería continúe.

Nathan, por su parte, resalta la importancia de estos proyectos de desarrollo como una alternativa a la minería.
“Creemos que este tipo de organización comunitaria y de desarrollo económico tendrán un mayor impacto en la manera en que comunidades como Sibinal respondan a los futuros propósitos de minería,” escribió él en un reporte reciente. “¿Porque la gente de La Vega del Volcán consideraría vender sus manantiales y tierras a una corporación minera, si estas están siendo usadas para su producción de truchas y otras empresas agrícolas sostenibles? ¿Porque las comunidades de Sibinal consentirían la destrucción de sus montañas y hábitats de pájaros que atraen a turistas a sus pueblos?”

De verdad, ¿¡Por qué!?. Él compartió algunas fotos conmigo, y eso es suficiente para hacerme volver –cuando no sea temporada de lluvias. Quiero ver por mi misma esta impresionante belleza, y quiero, más que cualquier otra cosa, que el grupo tenga éxito al preservar esta espectacular rincón del Reino De Dios.

Mientras tanto, para mayor información acerca de este proyecto, para programar caminatas, y para contribuir al proyecto o para ser voluntario, contacten a Nathan Howard en: natedavehow@yahoo.com. Aquí, algunas de las fotos de Nathan, desde las caminatas por las montañas de Sibinal.


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Arqueóloga cambia su enfoque sobre los Mayas de nuestros días

Arqueóloga cambia su enfoque sobre los Mayas de nuestros días

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Laura Penado

POPTUN, Guatemala – Ha sido un día largo y Rosa María Chan aun no ha terminado. Ella ha viajado por horas, en caminos rurales rocosos y retorcidos; sostuvo tres reuniones comunitarias, recorrió una granja de Cacao, se reunió con el enlace para el financiamiento del banco mundial y con un granjero de Tilapia, respondió todo el día a las preguntas de los periodistas visitantes, se registro con el Viceministro de medio ambiente guatemalteco, una cantidad de otros a través de su teléfono celular, y cenó precipitadamente mientras revisaba su correo electrónico.

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Son las 9:00 pm y para los estándares de la mayoría de gente, sería un buen momento para retirarse. Ella tiene un taller de dos días para la protección de los mantos acuíferos, este inicia mañana temprano y ella necesita prepararse.

Pero ahora el alcalde de Poptun está aquí, visitando al legislador guatemalteco quien es el líder del comité de medio ambiente y ella tiene que hacer un poco de gestión de relaciones.

No existe tal cosa como tiempo libre para Rosa María Chan, directora de Fundación ProPeten, arqueóloga convertida en directora en unos de las organizaciones ambientalistas más respetados del país. La incansable motivación que ella una vez aplicó en expediciones de 6 días por la jungla, como en la que descubrió una villa ancestral maya, la cual nombró Zapote Corozal, ella ahora se canaliza en búsquedas maratónicas de financiamiento.

Esta vez, sin embargo, ella está motivada no por el llamado de la gente ancestral, sino por el espíritu de sus descendientes, migrantes que han sido echados fuera de sus tierras por la pobreza y la guerra. Estas son las personas que ella ve como la llave para un futuro sostenible y estable, para una región en serios problemas.

El Peten, hogar de El Tikal y anfitrión de magnificas ciudades maya, es la tercera parte de Guatemala, y el más grande de los estados o departamentos. Hasta hace relativamente poco era un paramo de selva no domado. En los años ’60s, eso comenzó a cambiar con la construcción de una nueva carretera, seguido de la venida de terratenientes adinerados que arrasaron con la selva para abrir camino para enormes ranchos ganaderos. Estos terratenientes, llamados Latifundistas, buscaban un lugar más tranquilo para vivir, lejos de los conflictos de las tierras montañosas, resultado de un intento de reforma agraria, y de los mayas Kek’chi y Mopan que se mudaron a esa zona a trabajar las plantaciones.

Los años ’70s y ’80s trajeron un tipo diferente de migrantes, aquellos huyendo de la violencia en sus hogares en las montañas. En tres décadas la población del área aumento un diez por ciento por año; en 1990 la antigua selva era el hogar de 300,000. Pero el cúmulo de recién llegados no encontró la buena tierra de labranza que ellos estaban esperando, la mayoría de esta ya había sido arrebatada por los latifundistas. En su lugar ellos se conformaron con parcelas en las colinas aledañas, y plantaron, como lo habían hecho por siglos, sus milpas. El bosque fue diezmado.

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En 1990 el gobierno respondió a la presión internacional para preservar lo que queda del bosque, principalmente una enorme andana de selva y pantano en el norte, donde fue creada la reserva biosferica Maya, formando la reserva natural más grande de Centroamérica. En 1995 siguió la pelea junto a cuatro reservas naturales más pequeñas, al sur del Peten.

En teoría, sonaba bien. El problema era que las personas que habitaban el lugar no tenían lugar adonde ir. Un amplio plan para reinstalarlos no fue llevado a cabo, y el crecimiento continúo de la población, llevo a que más y más personas invadieran las reservas, causando conflictos que se iban intensificando, especialmente en la región de la reserva biosferica Maya, en donde ProPeten – en ese momento un proyecto de Conservación Internacional – tenía una estación de campo para investigar y trabajar con las locales y proteger la reserva.

Desafortunadamente las personas de las comunidades locales observaron en la comunidad ambientalista como una amenaza a su supervivencia. La tensión culminó en la quema de la estación de campo y en un incidente altamente publicitado en el cual miembros de ProPeten fueron tomados como rehenes.

Todo esto paso en el tiempo antes de Rosa María, pero ella cuenta la historia como si fuera propia, como si pronto fuera a ser como Carlos Sosa, su mentor y amigo hace mucho tiempo, fundador y director de ProPeten, quien le pidió convertirse en la líder de la junta de directores. “Te conozco, y sé que nunca vas a vender a ProPeten,” le dijo.

Según Rosa María, la crisis de rehenes solo sacó a la luz las diferencias filosóficas entre el personal de Conservación Internacional y el personal local de ProPeten. Bajo su punto de vista, Conservación Internacional, como la mayoría de organizaciones conservacionistas de primer nivel en esos tiempos, tomó un acercamiento estrictamente orientado a la conservación, mientras que el personal local reconoció la necesidad de integrar políticas sociales en la organización, una necesidad que Conservación Internacional falló en proporcionar.

“Por ello es que yo me refiero a mi mismo – y a ProPeten – como un ambientalista y no como un conservacionista,” me dijo Rosa María el día que nos conocimos. “Veo a las personas cómo parte del medio ambiente, y si no los incluyes en tu plan, este va a fallar”.

Sosa se dio por vencido tratando de convencer a los líderes de Conservación Internacional que cambiaran su estrategia, entonces decidió que era momento de separarse. Seguido a esto fue una dolorosa lucha de poder, lo que Rosa María llama de manera eufemística: “un divorcio”. Como parte de la junta de directores, fue arrastrada a la lucha. Era un tiempo de pesadilla que a ella no le gusta recordar, en especial la parte más dolorosa. Durante ese año, Sosa fue diagnosticado con cáncer en su etapa terminal, y poco tiempo después falleció.

La junta de directores llamó a una reunión de emergencia, e inmediatamente le pidieron a Rosa María tomar el lugar de Directora. Era una decisión difícil, estaba involucrada en un proyecto arqueológico de gran perfil en Piedras Negras, puesto en lista por la UNESCO como uno de los sitios en mayor peligro del mundo. La organización quedo casi en la banca rota, sin tan siquiera una oficina o provisiones después de la ruptura con Conservación Internacional. La mayoría de la gente hubiera corrido en la dirección opuesta.

Pero Rosa María sintió el llamado de la obligación. Terminó su compromiso de dos meses en Piedras Negras y se puso a trabajar en reconstruir la organización. Siete años después, por todos los medios, su trabajo ha rendido frutos; ProPeten es visto de manera local, nacional e internacionalmente, como una de las organizaciones ambientalistas más exitosas de Guatemala.

Una clave del éxito de Rosa María ha sido su gran experiencia trabajando con el gobierno y con agencia sin fines de lucro. Ella inició haciéndose camino a través de la universidad por medio de un trabajo con la secretaria guatemalteca de planeación. Aquí ella aprendió a hacer presupuestos, y a negociar con el sistema. Y comenzó a construir aliados a nivel nacional. Tiempo después trabajó con bastantes agencias sin fines de lucro, incluyendo la agencia sin fines de lucro alemana GTZ, y aprendió a escribir propuestas para recaudar fondos.

En un día normal, ella con telefonazos, y cuentas de correo electrónico y reuniones con la agilidad de un acróbata. Pero hoy, ella ha dejado todo eso atrás para disfrutar el aire puro de la campiña, y reunirse con algunas comunidades para las cuales ella ha recaudado fondos. He sido invitada a cabalgar con ella, porque este es realmente el único momento que ella tiene para reunirse conmigo. Así que ella y dos trabajadores de ProPeten, Elder Hernández y Héctor Choc, me explican algunos de los muchos programas que ProPeten patrocina en la campiña, conforme vamos trotando a través del camino con laderas chamuscadas alrededor y rebuznante ganado.

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Este día en particular se va a reunir con algunas de las cinco de las comunidades que han expresado interés en iniciar granjas de Cacao. Rosa María se ha acercado a compañías internacionales para encontrar el financiamiento para este proyecto, y quiere estar segura que las comunidades estén preparadas para invertir el tiempo necesario para un proyecto exitoso.

“El Cacao es algo bueno para promover aquí porque es su área nativa, y es parte de su tradición indígena,” explicaba ella. “Requiere sombra así que es una forma de agroforestar, lo cual protege las tierras y los mantos acuíferos”.

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Últimamente, como sea, tal vez el resultado más importante es dar a estas familias una manera de ganarse la vida en su propia tierra sin azotar, quemar y sobre utilizar, como muchas familias han hecho.

También será un incentivo para resistir a los traficantes de tierras, que vienen a comprar partes para las compañías de aceite de palma las cuales ProPeten y otras compañías ambientalistas ven como una amenaza creciente en la región.

Otro programa que ProPeten está patrocinando ahora, a través de la campiña incluye lagunas de tilapia, proyectos de ecoturismo, un programa educacional con una radionovela, y el cultivo de Xate – Xate es una planta nativa utilizada por la industria floral, la cual ha sido severamente deforestada en los bosques guatemaltecos por campesinos extranjeros que la venden para sobrevivir.

De hecho, la cosecha ilegal de Xate ha crecido a tal punto que conforme los bosques guatemaltecos han sido deforestados, la gente cruza la frontera de Belice para cosechar su Xate. La planta está ahora en peligro de extinción y el gobierno ha pasado una ley que requiere que los vendedores de Xate, que sus cultivos vienen de fuentes legales. Las incursiones guatemaltecas a Belice para la cosecha del Xate van en declive, dijeron los contactos beliceños de Rosa María, en parte debido a la nueva ley y en parte debido al cultivo de Xate promovido por ProPeten.

Después de dos días en las comunidades vienen dos días de reuniones de un tipo totalmente diferente: Líderes locales y regionales reunidos para trazar una estrategia para la protección de mantos acuíferos. Luego, el día sábado, una reunión con la cooperativa local de mujeres.

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Mientras el trabajo de Rosa María puede ser extenuante, no se queda sin su recompensa. El Peten del sur la ha recibido con los brazos abiertos, y todos, desde el alcalde hasta el administrador local de agricultura y el líder del departamento regional de planeación, aparecen para permanecer dos días trazando un plan de administración de mantos acuíferos; bajo su mando.

“He tenido la oportunidad de trabajar cerca de Rosa María desde el inicio de mi administración y he visto el éxito que ella ha tenido administrando esta organización, trabajando con los grupos local y la municipalidad,” dice el alcalde de Poptun, Ángel Kilkan Ochoa, “Es una mujer con una enorme visión; quisiera que tuviéramos 10 o más personas cómo ella, y todas las municipalidades trabajarían con ella y su equipo para recuperar nuestras comunidades juntos”.

Donald Pérez, Coordinador de la organización regional de líderes de las comunidades, está de acuerdo. “Yo diría que hoy, ProPeten es la organización sin fines de lucro con el peso y la experiencia para representar las iniciativas de conservación y desarrollo humano en Peten – Y dado que Peten representa un tercio, podríamos decir que somos realmente buenos embajadores de la conservación de nuestro país a nivel internacional gracias a las experiencias vivas de ProPeten, que son ejemplos excelentes”.

Aquí hay algunas imágenes de los cuatro días que estuve con Rosa María, Héctor y Elder. La entrevista video grabada con Rosa María (arriba) está únicamente en español, lo siento! Para más información sobre ProPeten visita su página web www.ProPeten.org.


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