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Compositor de Wirikuta: “Es como una lágrima que derramó desde mi alma”

Compositor de Wirikuta: “Es como una lágrima que derramó desde mi alma”

Arriba: Los Huizaches del Desierto: Yaser Ventura, Javier Ignacio Martínez Sánchez y Juan Prado.

Por Tracy L. Barnett

La posibilidad de un atentado sobre Wirikuta, tierra sagrada por los Wixárika y muchos más, llegó por primera vez a Javier Martínez a través de una visión de un marakame Wixárika. El sueño del marakame lo marcó de por la vida: La montaña le había dicho que estaban sacando sus entrañas, su vientre.

En eso entonces, nadie sabía lo que significó el sueño. Ahora, todos los presente en esa ceremonia entienden muy bien lo que estaba revelando la montaña en esa visión. Ahora la empresa minera canadiense First Majestic Silver Corp. está preparando para abrir una mina de plata a unos pocos metros del mero Cerro Quemado, el corazón del sitio sagrado.

“Es como una lágrima derramó profundo desde mi alma, un cariño muy especial,” relata Javier, quien ha vivido en la zona durante mas de 10 años. “Entonces cuando se me invita a través de este movimiento que surgió de la aparición de esta empresa minera que entiende el territorio de otra forma, sin este peculiar matiz afectivo, cariñoso, profundo – yo creo que es tiempo para empezar a decir algo.”

Cuando Javier recibió una invitación para escribir una canción para un evento en defensa de Wirikuta, se acordó de la visión del marakame.

“Entonces nació esta cancioncita, así muy muy de mi corazón y creo que con voz de muchas personas,” dijo el compositor. “No tiene una voz subversiva así muy guerrillera para confrontar sino mas bien es una propuesta para despertar un poquito la consciencia de lo que estamos hablando, y como unir estas voces de los abuelos huicholes.”

Lo que sigue es una entrevista con Javier realizada durante una visita a las oficinas de AJAGI en enero 2011.

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Mañana en Wirikuta (Javier Ignacio Martínez Sánchez foto)

Entrevista con Javier Ignacio Martínez Sánchez
Músico y compositor de Margaritas, Wirikuta

Tracy: Como te ocurrió la idea de escribir una canción sobre la situación en Wirikuta?

Javier: La idea de Wirikuta resuena en mi corazón y en mi experiencia de vida en muchas formas, porque llegue a Wirikuta haciendo un estudio que contribuía al plan de manejo de la Reserva de Wirikuta en 1998. Entonces ahí viví en una de las comunidades que pertenecen a Wirikuta y las que están incluido en uno de las áreas núcleo, es decir áreas en que dejan las ofrendas los grupos de jicareros wixarika, y pues me involucré varios años trabajando. Después de mi trabajo de tesis me quede varios años viviendo en la comunidad de Las Margaritas del municipio de Real de Catorce.

Entonces trabajamos varias proyectos sociales junto con Eduardo Guzmán Chávez atendiendo cuatro comunidades y fue un experiencia muy grata. Después hice un estudio sobre Wirikuta y el uso del peyote. Eso es un tesis de maestría en antropología social. Entonces bueno esto en el lado académico pero a la vez interrelacionado con mi propia vida, no? Desde conocer a la gente, el matiz mas acercado al ambiente que tiene el pueblo de México en este área de la región del altiplano. Para mi fue súper enriquecedor y fue súper halagador conocer gente tan perseverante en sus tradiciones orales y sus tradiciones de relación con la naturaleza y el campo.

Tracy: Era gente Wixárika entonces?

Javier: No, son mestizos. Son personas que pertenecen a haciendas, de producción española, sus antepasados eran peones de estas tierras, con una mezcla de sangre española entre tlazcalteca, huachichila … son comunidades que se dedican al modo de producción campesino, de alguna forma, que tienen una consciencia del territorio muy profunda. Entonces de esto me enamoró ahí, me quede trabajando ahí, por supuesto mi vocación de cuidar el ambiente en que se dan las culturas tanto la mestiza tanto la wixaritari, la wixarika. Fue lo que me apasiono para quedarme a vivir ahí.

Tracy: Cuantos años has estado ahí?

Javier: He estado ya como 10, 12 años. He tenido temporadas en que he salido, pero todavía estoy ahí.

Entonces todo este cariño para esta tierra, la oportunidad para conocer un poco una pequeña luzecita del aspecto de lo que es la cosmovisión huichola me complementó mucho, el querer por esa tierra, un querer tan profundo, digamos, tan arraigado, una relación tan profunda, tan compenetrada en el organismo de las comunidades huicholas. Es como una lágrima que derramó profundo desde mi alma, un cariño muy especial.

Entonces cuando se me invita a través de este movimiento que surgió de la aparición de esta empresa minera que entiende el territorio de otra forma, sin este peculiar matiz afectivo, cariñoso, profundo – yo creo que es tiempo para empezar de decir algo en forma mas real, desde una perspectiva mas profundo, un cariño mas profundo en términos de la relación a la tierra. Ya es bastante conocido que la tierra es un ser viviente, y que tiene sus matices bioregionales de expresar la vida, y necesitamos recordar esa manera en la que todavía muchas culturas de nuestra mundo se entiende con ella.

De mi parte, la contribución digamos, a poder decir algo acerca de este asunto de minera a través de una canción, de una voz que pudiera hablar un poco desde mi parcial punto de vista sobre el asunto, teniendo que ver con mi experiencia directa en algunos momentos muy especiales en que como invitado formamos parte en ceremonias huicholas y se escuchaba la voz del marakame, con la revelación que daba al amanecer el marakame acerca de lo que había dicho la montaña, que estaba sacando sus entrañas, que era su vientre, que eso era lo que realmente necesitaba expresar la tierra …. entonces eso fue hace 10 años y todavía me queda muy grabada.

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Marakame (Javier Ignacio Martínez Sánchez foto)

Tracy: hace 10 años estaba todavía practicando minería en la zona?

Javier: No…

Tracy: Entonces estaba viendo lo que pasó hace años?

Javier: No, quizás él estaba escuchando esta voz de la montaña que estaba ocurriendo eso… en aquel entonces nosotros teníamos una preocupación más superficial sobre el saqueo del peyote. Nosotros estábamos acercando las comunidades para hacer una vigilancia comunitaria sobre el abuso del peyote. Como podemos involucrar a los que llegaba, a los actores que tienen años de entrar este territorio, en algo mas participativo, que no se les viera como algo indeseable, sino poder tener una comunicación con estas personas que llegaban, para hacerles entender de otra forma que están entrando un lugar sagrado, que necesitaba respetar, que era ademas un terreno ejidal… como darles un contexto de lo que ocurría, no?

Entonces a partir de esto apareció nuestra prioridad – pero sin embargo lo que nos reveló este marakame Eusebio fue que la Madre Tierra, la montaña, estaba diciendo que necesitaba atender este asunto, que eso fue realmente lo que le estaba dañando, no? … en eso entonces, o como premonición que lo advertían. Entonces 10 años después, Lalo (Eduardo Guzmán) comentó eso en una primera reunión que tuvimos, eso entre varias personas para saber lo que necesitábamos atender y por donde debemos empezar a darnos cuenta a lo que estaba sucediendo. Entonces nació esta cancioncita, así muy muy de mi corazón y creo que con voz de muchas personas porque de alguna forma nosotros como mestizos, como cultura digamos de la ciudad, con otra tipo de expresión también, pues hemos tenido alguna luz en nuestro camino, algo nos ha dado esta lugar, alguien que hemos pasado por ahí, o hemos tenido el patrimonio cultural mexicano, que trasciende lo mexicano por supuesto, pero para ponerlo en términos que trasciende y permite a ver esta riqueza que ha de apoyar, no? y dije que vamos a hablar de eso.

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Madre huichola (Javier Ignacio Martínez Sánchez foto)

De esta forma tuvimos una reunión y Sergio un compañero de trabajo, también de la asociación Masacalli, me pidió a formar un parte también. Me pidió a escribir una canción para un evento que íbamos a tener ahí en allá y me sentí a escribirla y pues así nació como una expresión natural. Ahora para mi era como una necesidad de contribuir en algo. La cuestión musical esta relacionado con la cultura y por supuesto con el hikuri, con la flor que crece en el desierto….mas allá de esa forma, mas allá de entender el hikuri como una forma sino como un ser, si en este mundo de comunicación, de tantos redes de que se hablan hoy, pero como transmisor de un mensaje que liga mundos en el sentido de a través de música, de las expresiones musicales, a mí me ha apasionado como un ser como el hikuri puede expresarse a través de los pueblos con diferentes tonalidades y diferentes expresiones culturales expresadas en canto, en arte, en filosofía, entonces me he dedicado mucho lo que ha descubierto los matices en los cantos de los marakames, en los cantos de los tantos culturas que no son huicholes pero que también tienen un expresión como los raramuris, como los kikapú, como los arapaho, los kiowa, los cheyenne.

Hay una ruta, dicen que todos los del Norte se ligaron con las culturas aquí del altiplano y de ahí subieron esta cultura a sus pueblos. Hay varios estudios sobre eso. No conozco a profundidad pero actualmente hay grupos del Norte hasta Canadá que tienen sus expresiones aunque son relativamente nuevo como 300 años pero también es algo que se ha tejido el mismo hikuri.

Entonces por eso, me ha llamado mucho la atención atender eso de las expresiones musicales a través de hikuri y mi propuesta es también una expresión, es una expresión de esa de alguna forma, porque la canción tiene un poco este ritmo de guitarra tradicional pero mas fusionado con algo mas moderno como pop jazz y un poco de soft rock.

Estamos también Juan (Prado, flautista), también Cesar (Castañeda, productor) y Yaser (Ventura, percusionista), y yo compuse la canción y la base de la música y la guitarra, y adaptamos unos beats de sampler, y por supuesto percusión, y los coros de Ernesto (Jiménez) están ahí, así surgió la canción Estop Maining. No tiene una voz subversiva así muy guerrillera para confrontar sino mas bien es una propuesta para despertar un poquito la consciencia de lo que estamos hablando, y como unir estas voces de los abuelos huicholes …. Nuestra propia preocupación sobre la tierra, sobre considerar un espacio tan importante mas allá, mas trascendido lo de los huicholes es un espacio, un nicho ecológico muy importante en la región, es un parteaguas, es muy claro que la minería, años anteriores lo que dejaron en los suelos, perdida de cubierta vegetal en los suelos, erosión de los suelos, contaminación.

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Wirikuta (Javier Ignacio Martínez Sánchez foto)

No creo que sea un inyector clave en el desarrollo social de la región, no? – considero que es un alarma que este sonando para atender – claro, muchas realidades sociales tienen que ver con este espacio por supuesto, pero creo que no podemos seguir empleando estas propuestas en estos espacios que son relicto, espacios donde todavía son brotes de agua naturales, de agua limpia, de manantiales, donde corren venados o sus pumas y águilas reales….animales que llaman así la atención profundamente a proyectos fuertes de conservación, sino también aquellos matices sociales, estas riquezas de pueblos totalmente compenetrados con la región, y su manera de subsistir…hay muchas propuestas, ya que se están manejando en otras reservaciones protegidas alrededor del mundo, en que ya no cuadriculan las regiones de acuerdo a las direcciones políticas de la misma sino mas bien contemplan todo unificado que tiene que ver por supuesto con cuestiones de agua, de suelo, de vegetación – y por supuesto la cuestión humana, y la cuestión cultural, y la cuestión simbólica sagrada.

Aunque las grandes aportaciones de ecología que han se manejan como dice Gregory Bateson que han impulsado el hombre al santificar estos espacios por lo menos aunque llegan al conceptos por lo menos es un avance, es todavía un ecología espiritual que necesitamos, deshacer estos conceptos para compenetrarnos un poco mas con los elementos de la naturaleza, y ahí es lo que tenemos que aprender le las culturas madre, las culturas padre, de las culturas nativas que nos enseñan bien como es ese dialogar como es esa comunicación como es esa relación.

Prácticamente todo eso que te platico quede un poco resumido en esta canción, musicalmente es algo muy modesto muy sencillo, no es la gran obra maestra, pero engloba muchos pedacitos que tratan de decir algo y de llegar al corazón de las personas para que podamos voltear a ver estas realidades, para decir que ya basta, ya es hora de que sepan mucha gente que están dándonos cuenta que estamos acabando con nuestro mundo, con nuestros pequeños jardines, nuestros espacios para respirar, para caminar, para conectarnos con nuestra tierra, con nuestra madre que nos ha mantenido aquí como si fuera un escenario natural para vivir nuestros verdades, no? y nuestros sueños.

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Aquí son las letras de la canción: Estop Maining

Aguila y condor se encuentran en visionario consejo

Aguila y condor se encuentran en visionario consejo

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Stella Maris

CHALMITA, México, México – Mucho antes de que el sol aparezca sobre los blancos acantilados alrededor nuestro, este pueblo provisorio viene a la vida. Los guardianes del fuego ceremonial están avivando las llamas para el temazcal, el equipo de cocina corta y pela y revuelve los alimentos, el humo se eleva desde la tienda de las mujeres. De pronto el resonante llamado de la caracola suena a lo largo del valle, llamándonos para saludar al sol, y el grito de un águila atraviesa el aire como una bendición.

Nos hemos reunido en este valle encantado para el Llamado del Águila, la décima reunión intercontinental de un grupo de personas visionarias y emprendedoras que en silencio están cambiando el mundo desde adentro hacia afuera: el Consejo de Visiones – Guardianes de la Tierra.

Unos 500 visitantes de lugares tan lejanos como Australia y tan cerca como los vecinos de Chalmita – cineastas y agricultores, psicólogos y chamanes, artistas y maestros, punks de peinados puntiagudos y poetas líricos – están aprendiendo a vivir juntos bajo el cielo azul y las estrellas brillantes de una itinerante eco-aldea concebida hace más que hace una década bajo la bandera de la Caravana Arcoiris por la Paz y el Movimiento Mexicano Biorregional, entre otros. Para finales de la semana, este evento habrá tocado las vidas de más de 1,000.

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Este décimo encuentro es un evento muy especial por muchas razones, el principal de ellos es que sus organizadores lo ven como el cumplimiento de una profecía inca. Cuando el Águila y el Cóndor vuelan juntos, según la profecía, esto marcará el inicio de una Nueva Era – el águila que representa el Norte y el Cóndor que representa el Sur. Aquí en este valle sagrado, yace a la sombra de una antigua pirámide en medio del fértil Bosque de Agua, un grupo de alta energía de visionarios, artistas, soñadores y hacedores del Norte y del Sur que han completado el círculo.

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Hace catorce años, un grupo ya legendario de ellos, entre ellos Alberto Ruz Buenfil, también conocido como el Subcoyote – primo de Fidel Castro e hijo del arqueólogo que descubrió los fantásticos tesoros escondidos de Palenque – partieron de esta región en un viaje épico con el fin de crear las bases para un movimiento intercontinental del medio ambiente, espiritual y social. Después del primer congreso internacional del Consejo de Visiones en Tepotzlan, se dirigieron en un autobús pintado como una mazorca de maíz a través del territorio zapatista de Chiapas, a través de las montañas volcánicas de América Central, la selvas colombianas, las sabanas venezolanas, la cordillera de los Andes, los desiertos del Perú y Chile y las tierras bajas tropicales de la Amazona hasta llegar a la punta del continente en la Patagonia. Utilizando el teatro y las artes para plantar las semillas de la esperanza, la paz y la sustentabilidad en zonas de conflicto, asentamientos indígenas y barrios pobres, conectaron y alimentaron movimientos sociales en todo el continente.

Su segundo evento internacional, el Llamado del Cóndor en 2003, reunió a unos 1,300 activistas y artistas al Valle Sagrado de Machu Picchu en el Perú para iniciar la labor de consolidación de una visión para una transición a una nueva era.

El tercero, el Llamado del Beijaflor en 2005, reunió a más de 1500 en la Chapada dos Veadeiros, Brasil, para unificar los movimientos latinoamericanos con los brasileños.

Ahora, después de 13 años, esa caravana por fin ha llegado de regreso a sus raíces, y las semillas que plantaron aquí en México y en todo el continente han venido floreciendo en un evento increíble que está despertando incluso al más cínico y reservado de nosotros. Las lágrimas fluyen libremente en los círculos de la danza, en la oscuridad del temazcal, en los abrazos de viejos amigos que se acaban de conocer.

Pero esto está lejos de ser un grupo de encuentro para sentirse bien. De hecho, está lejos de todo lo que he experimentado. Estas personas están enfrentando el futuro con los ojos bien abiertos, dolorosamente consciente de la crisis de recursos y el clima que se ciernen en el horizonte. Tampoco es una sesión de apretones de manos. Aquí nadie está esperando que el gobierno resuelva esta crisis pendiente, aunque los líderes del gobierno están aquí para participar en los foros, talleres y demostraciones en las áreas que abarca la ecología, la salud, la espiritualidad, las tecnologías apropiadas, y la educación entre muchas otras. Escolares locales, también, han sido invitados para participar en los paneles para aprender de la autosuficiencia y los jóvenes locales participan en la organización de foros de acción política y social preparándose para tiempos turbulentos en un mundo post-petróleo. La Universidad Gaia está aquí también, ofreciendo una nueva visión para la educación y otorgando diplomados a unos estudiantes que completan aquí un currículo de diseño ecológico.

Un equipo está construyendo un horno de barro y ladrillos, mientras que otro fabrica un reloj solar, otro grupo está aprendiendo sobre técnicas de curación a base de hierbas nativas, mientras que otro está levantando el tipi ceremonial que será la sede de un poderoso circulo de mujeres sanadoras, y otro está discutiendo estrategias para la protección de este valle, un centro estratégico, pero altamente vulnerable para la conservación del agua. Otra iniciativa está juntando fuerza para apoyar el pueblo Huichol o Wixarika en su lucha para proteger su sitio más sagrado, el Cerro Quemado en Real de Catorce, o Wirikuta, de una mina a cielo abierto propuesta por una transnacional canadiense.

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Rituales sagrados de las tradiciones más importantes del mundo se mezclan con la danza y las creaciones del arte y la canción para aumentar la energía durante toda la semana a un nivel que nunca pensé posible. Las actividades van desde el amanecer hasta las 3 am, pero el sueño parece superfluo.

La culminación del evento se produce después de una noche de vigilia para saludar el amanecer, un grupo de danzantes aztecas espectacularmente pintados y emplumados nos esperan en torno a un fuego ardiente, y estalla un mandala de baile, ritmo y canto.

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Mientras me siento a escribir, tratando de poner este fenómeno en palabras, recuerdo las de Alberto Coyote mientras estábamos juntos en el último día.

“Todo es tan perfecto”, le dije. “Lo único que lamento es que es simplemente imposible de ponerlo en palabras.”

Él se rió a sabiendas – El autor de varios libros sobre la caravana y sus Guerreros del Arco Iris, involucrado ahora en un proyecto para llevar las lecciones de la caravana a la ciudad de México, también ha luchado con este problema diariamente.

“Nadie te cree cuando intentas explicarlo”, dijo. “Ellos te dirán, ‘No haces más que escribir lo que quisieras que hubiese sucedido.” Simplemente no hay manera de explicarlo -. Solo tienes que vivirlo.”

Nunca un ser humano vivió sus palabras más auténtica, poderosa y bellamente que el hombre en el corazón del cual, esta visión se hizo realidad. No puedo hacer nada mejor que terminar con algunas de esa reflexión que Alberto compartió con nosotros, conmemorando el bicentenario y centenario de México.

“Estas tierras fueron hace doscientos años el escenario de batallas sangrientas; mucha sangre se derramó entre nuestros abuelos y abuelas para dar un paso más en el proceso de evolución, de crecimiento, a nuestra propia libertad como personas, como pueblo, como nación… Hace cien años en estas tierras derramo mucha sangre, también de nuestra gente, con el mismo propósito, para poder caminar con un poco más libertad, más fuerza.

“Hoy estamos aquí reunidos por el mismo propósito, porque juntos estamos creando nuestra propia libertad, no solamente para México, sino para el planeta entero.

“Hace 200 años empezó el proceso de nuestra independencia. Hoy, lo que nos hemos aprendido, es que somos interdependientes. Todos de todos…La independencia no existe. Estamos generando hoy una nación planetaria, interdependiente.

Esta fecha la llevamos ya en el corazón de cada uno de nosotros, ya que este día damos todos un paso más en este camino a la libertad, este camino de la dignidad y la justicia. Todos somos responsables por todos y todo lo que sucede. Nuestro compromiso, siendo los primeros que iniciamos esta lucha y este camino es que ya no lucharemos, con armas de guerra sino con armas de danza, de música, de arte, de ceremonia, de ritual.

“Si hace cien años aquí dio inicio el proceso de una revolución, hoy también venimos para dar un nuevo paso, venimos a celebrar una re-evolución de la consciencia.

“Estamos parados aquí hoy en día, gente de todo el planeta, y cada uno de nosotros trae consigo a todos sus ancestros, todas sus tradiciones, a todos los luchadores del pasado. Cada uno de ustedes, es fruto de todo esas sangres, de esas luchas que en el pasado se dieron, para que hoy pudiéramos estar aquí presentes, celebrando, juntos en el mismo círculo, con un mismo corazón y una misma visión. Justamente en este día de hoy.

“Nuestros abuelos nos hablaban de profecías. Hoy nos están viendo, y ven que nosotros somos aquellos que ellos esperaban.”

Los ganaderos de El Hatico: El problema es la solución

Los ganaderos de El Hatico: El problema es la solución

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Karina Santos y Diana María Belén Paredes

VALLE DEL CAUCA, Colombia – Cuando Alicia Calle, una científica ambiental de la Iniciativa de Liderazgo y Entrenamiento Ambiental de Yale, me contó sobre la Reserva Natural de El Hatico, su cara se iluminó por primera vez desde que la conocí una hora atrás. Habíamos estado hablando sobre el estado del medio ambiente en Colombia, un tema con mucho que lamentar, debido a la propagación de operaciones de minería, la deforestación para dar paso a plantaciones de coca, crianza de ganado, vastos monocultivos de caña de azúcar y palmera africana, contaminación del agua, la misma historia por todas las Américas.

¿Qué es lo que te da esperanza? –le pregunté, como siempre lo hago en cada entrevista. Fue ahí cuando sacó un folleto y comenzó a mostrarme fotos de El Hatico.

“Déjame aclarar algo: no me gusta la ganadería; creo que su expansión ha creado terribles problemas ambientales y desigualdad social en toda América Latina. Pero este es un lugar que realmente quiero que veas, un lugar que ha convertido un problema mayor en parte de la solución.”

Miré la fotografía y me pareció estar viendo la granja de mi abuelo, en las montañas Ozark, en el sur de Missouri: un hato de ganado color rojizo pastando entre los bosques sombreados de árboles maduros. Nada como los demoledores de pastizales sin árboles que se extienden hasta el horizonte, granjas de ganado que ví por todo el Petén guatemalteco, El Chaco argentino, en el México rural y en Paraguay.

Los ganaderos han despejado millones de hectáreas de selva tropical y bosques secos tropicales para crear pastizales para el ganado, liberando así incontables toneladas de carbono a la atmósfera en constante calentamiento, causando olas de sequías y erosión, eliminando el hábitat de vida silvestre y degradando los ríos que fluyen a través de ellos. Cerca del 27% del suelo colombiano es utilizado ahora para la producción de ganado y la deforestación continúa a una agresiva tasa de 300,000 hectáreas por año, de acuerdo con un artículo escrito por Calle y otros autores, publicado este mes en la prestigiosa revista Forest Ecology and Management.

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El Hatico, una granja familiar de nueve generaciones que se ha convertido en un oasis de biodiversidad entre los desiertos de caña de azúcar del Valle del Cauca en el sudeste de Colombia, ha seguido un camino diferente, y finalmente, los líderes del gobierno y la industria han comenzado a darse cuenta de ello. Ahora – según Calle – el modelo de El Hatico está siendo replicado a través del país gracias a un nuevo programa del gobierno y otros países están viendo los resultados.

Fue así como me encontré acompañando a la hermana de Alicia, Zoraida, a través de millas de campos de caña de azúcar, mientras me contaba un poco de la historia de El Hatico.

“Estamos viviendo un momento muy emocionante en el desarrollo del sistema”, me comentaba Zoraida. Como especialista en restauración ecológica en CIPAV Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria), ella ve en El Hatico y su sistema silvopastoral intensivo de crianza de ganado una herramienta clave para la rehabilitación ecológica de tierras tropicales degradadas. CIPAV ha dedicado 19 años a este proyecto y nunca había tenido una receptividad como la que se ha dado en el último año.

“Cada año estamos recibiendo dos o más visitas de grupos de productores mexicanos; estamos viendo a ganaderos y técnicos de Nicaragua, Panamá, Brasil, Cuba y Argentina. Ellos quieren ver cómo es posible hacer lo que se está haciendo”.

La crianza de ganado convencional requiere la aplicación de 100 a 800 kilogramos de úrea por hectárea al año, un fertilizante importado de alto costo basado en combustibles fósiles que contamina las cuencas regionales, degradando así, la calidad del agua y suprimiendo la población de peces. Los bosques tropicales que una vez se extendieron a lo largo y ancho del Valle del Cauca fueron tumbados hace más de un siglo para y muchas hectáreas fueron convertidas en ranchos de crianza de ganado. Desde ese entonces, el negocio más lucrativo del azúcar ha suplantado la mayoría de las granjas de ganado, causando así un impacto ambiental aún mayor por el uso extendido de herbicidas y pesticidas.

Finalmente estamos dejando el paisaje monocromático de las plantaciones de caña de azúcar y estamos entrando a un paseo de árboles de samán llenos de gracia. Una gigantesca ave desciende a través del camino frente a nosotras, como si nos diera la bienvenida a su mundo –un garrapatero, Zoraida me decía.

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Una bandada de ibis negras con sus picos rojos curvados revolotean alrededor y aterrizan en el exuberante césped del bosque a nuestra izquierda.

“Oh mira, es un coclí,” exclama Zoraida mientras un par de aves gigantes y magnificas aterrizan en un campo junto al camino. Esta especie está –también- casi extinta en la región. “Estas aves están casi extintas en el monocultivo del Valle del Cauca, pero acá tienen un hogar”.

Hemos llegado a El Hatico.

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Arribamos a una elegante puerta de hierro y Carlos Hernando Molina está ahí para darnos la bienvenida. Es el mayor de seis hermanos que atienden la herencia de sus abuelos y trabajan como educadores en agrosilvicultura, agrónomos y empresarios. Un hombre alto y bien parecido, con una sonrisa relajada bajo su sombrero de paja de ala ancha, está encantado de escuchar la historia de mi abuelo, el pionero en agrosilvicultura y de mi madre, la granjera orgánica, y nos conectamos inmediatamente.

Mi abuelo falleció en abril, y desde ese momento he sentido su presencia en mí fuertemente, especialmente en este día, ya que lo invité a acompañarnos al paseo. Creo que está contento con lo que vio.

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Carlos Hernando nos mostró primero la casa, una reliquia hermosa del finales de 1700, cuyas tejas de terracota han sobrevivido estos 230 años con daños menores, pero algunas de las vigas están comenzando a arquearse, y unos trabajadores estaban cuidadosamente desensamblándolas, reemplazando las secciones arqueadas y maravillándose al ver la integridad de la estructura original.

“Mira este pedazo de caña brava,” dijo Carlos Hernando, moviendo la cabeza maravillado. “Tan fuerte como hace 230 años”.

Lo mismo puede decirse de esta familia y su granja, que se ha mantenido junta a través de dos siglos de conflictos armados y revolución, guerras de drogas y crisis económicas y climáticas, un oasis en medio de las tormentas.

Pronto se nos unió otro de los hermanos Molina, el igualmente carismático Enrique José, junto con un especialista en biodiversidad y una educadora ambiental de Costa Rica, que habían venido para visitar la granja también.
“El problema de la defensa de los bosques es una gravedad angustiosa, y la más terrible amenaza con el porvenir de la región,” escribió el tío abuelo de Carlos Hernando y Enrique José, Ciro Molina Garcés, en 1937.

Para 1942, vastas extensiones por toda la región habían sido despejadas para la explotación de la madera y la crianza de ganado como podemos observar en las fotos aéreas que comenzaron esta presentación. Para 1986, el paisaje se había convertido en una enorme extensión de cultivos de caña de azúcar. Solamente el parche oscuro de El Hatico permaneció como bosque.

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Ahora, El Hatico es una granja de operaciones y usos mezclados, 32% del terreno está dedicado al cultivo de caña de azúcar orgánica, solamente el 5.5% es bosque maduro, pero otro casi 9% es bosque de bambú nativo, mientras que el 12.7% está bajo el denominado Sistema Silvopastoral Intensivo o SSPI por su acrónimo en español, y es la parte que está siendo observada de cerca por los líderes de la industria.

“Cuando hablamos con los productores agrícolas, miran a su alrededor y dicen, ah, esto no es bueno. Nuestros padres y abuelos nos enseñaron que se tienen que talar los árboles”, dijo Carlos Hernando. “Pero yo les digo, miren a su alrededor, vean por ustedes mismos. Tenemos 80 por ciento de cobertura de dosel aquí, y vean la calidad y cantidad de los pastos. Y esto es con cero insumos químicos. La conservación y la producción no compiten, sino que se complementan”.

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En términos de costo, la hoja de balance de El Hatico habla por sí misma. Debido en parte a la mejoría en la producción y en parte a la reducción considerable en el costo de los insumos – cero agroquímicos, cero suplementos de soya para los animales debido al mayor valor nutricional de sus plantas de pastoreo, y la disminución significativa de los costos de riego y la factura de electricidad asociadas – El Hatico muestra que la conservación es un buen negocio.

Además, los Molinas se están posicionando para recibir pagos por los bienes y servicios ambientales que proporcionan: fijación de carbono, producción de oxígeno, la regulación del ciclo hidrológico, la capacidad productiva del suelo y la conservación de la biodiversidad.

Pero lo que realmente captó la atención de los líderes del gremio ganadero fue la producción de El Hatico durante la sequía de 2009-2010, provocada por El Niño, que devastó los productores en toda América Latina. En el año 2009, El Hatico en realidad tuvo una mayor producción que el año anterior – un resultado sin precedentes en toda la industria.

“Y esto fue sin riego”, subrayó Carlos Hernando.

Llegó el momento del tour, un ejemplo excelente de la nueva oferta de agroturismo que es parte de su misión de educación. Carlos Hernando y Enrique José nos habían llevado a través de la puerta de hierro fundido y por el camino sombreado, donde un par de magníficos coclíes pacían en los altos pastos cercanos. Enrique José habló del reto de transferir los valores de la familia a cada nueva generación en una época donde la mayoría de los jóvenes dejan la granja en busca de otras oportunidades en las ciudades.

Aquí en El Hatico, cada niño al cumplir su tercer mes de vida es llevado a dar su primer paseo a caballo. El caballo sigue siendo una herramienta para conectar a los niños con la granja, y en su primera comunión reciben una pequeña yegua o potranca.

“Esto crea una especie de adicción”, explicó Enrique José, “una sana adicción – los sensibiliza frente a la herencia familiar. El conjunto de estos tres elementos – el equino, el humana y el entorno natural – son una bella manera de brindar educación ambiental a los niños.”

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De hecho, el recorrido por toda la granja es un enfoque educativo sumamente hermoso para todos nosotros. La siguiente parada es bajo las enormes ramas del árbol de samán que el padre de Enrique José y Carlos Hernando plantó hace 70 años y que se ha convertido en un símbolo de la finca.

Gran parte de la resistencia a la agrosilvicultura para el pastoreo proviene de la idea de que las plantas de hoja ancha son malas hierbas y deben ser eliminadas, explica Carlos Hernando. De hecho, la sombra elimina las malezas de hoja ancha más problemáticas y las plantas nativas proporcionan buen forraje con alto contenido de proteínas – “por lo que la ‘maleza’ se convierte en ‘bueneza’ “, bromea.

De vuelta en la vía de la entrada, una bandada de iguazas salió volando del pasto y los visitantes alistaron sus cámaras. Me doy cuenta que he visto más pájaros aquí en El Hatico de los que he visto en varias expediciones de observación de aves durante mi viaje.

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Aprendí muchas cosas en esta gira, una es que la caña de azúcar orgánica puede ser tan rentable como su homólogo asistido por productos químicos, y puede ser acompañada de otras plantas. Parte de la brigada de la caña de azúcar de los Molina estaba trabajando duro cuando llegamos: un rebaño de ovejas de pelo pastando en las gramíneas que crecen entre los callejones de la caña, lo que elimina la necesidad de herbicidas.

Cuando empezaron a experimentar con las ovejas como un medio para controlar las malezas, tuvieron mucho cuidado de usar cercas móviles para proteger la caña de los animales. Un día, sin embargo, el cerco fue derribado, y el pastor observó, para su sorpresa, que las ovejas no habían tocado la caña – sólo las gramíneas que crecían alrededor y entre las filas.

Al principio, los vecinos temían que las ovejas pudieran escapar y crear el caos en sus campos. Ahora, dice Enrique José, suele recibir llamadas telefónicas de los vecinos, que quieren pedir prestadas a las ovejas para la eliminación las malezas en sus propias parcelas: “¡Envíen los contratistas! dicen.”

Quizás lo más importante es la alternativa de los Molina a la quema de la caña, el enfoque de gestión de residuos de cosecha que predomina en toda la agroindustria azucarera. Al final de cada temporada de cultivo, la mayoría de los productores de caña queman sus campos, lo que lleva a la contaminación del aire, grandes cantidades de carbono vertido en la atmósfera, y la destrucción de la ecología del suelo saludable, que requiere más insumos químicos para la próxima cosecha.

En lugar de quemar, los Molina utilizan sus residuos de caña para proteger el suelo con un acolchado que se devuelve a la tierra como abono en cada nueva temporada. Esta biomasa se deposita entre las filas y conserva la humedad del suelo, reduciendo drásticamente la necesidad de riego, explica Carlos Hernando. Coge un puñado de la hojarasca marrón del suelo, y la retuerce dejando salir de ella un chorro de líquido que demuestra su capacidad para retener el agua.

“Este fue el sistema que se utilizó en el Valle del Cauca hasta la década de 1960, cuando empezaron a quemar la caña porque esto se hacía en Hawai”, explicó.

En condiciones normales, un cultivador de caña invierte 300,000 pesos (unos 150 dólares) en cada riego de una hectárea del cultivo, dijo Carlos Hernando. Los Molinas pueden regar sus campos por mucho menos.

Hoy en día, dice Carlos Hernando, los visitantes de la granja salen motivados a hacer una transición en sus propias fincas. “La gente ya no nos ve como románticos”, dice. “Nos ve como pragmáticos.”

El sol se pone rápidamente aquí en el trópico, y los insectos y ranas arborícolas cantan en coro de despedida como llegamos a la vieja casa.

Regresamos al salón de la casa donde Carlos Hernando y Enrique José compartieron una canción de despedida con nosotros, que fue escrita para El Hatico por un amigo que es un compositor.

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Los Molina compartieron con nosotros un suntuoso buffet de la cocina típica colombiana, incluyendo el jugo de naranja fresco y las crujientes tostadas de plátano de su propia granja, y nos despidieron con abrazos y una invitación a volver pronto. A medida que nos acercamos a nuestro coche, miré arriba y observé una nube que pasó frente a la luna.

En algún lugar, mi abuelo estaba sonriendo, pensé.

El Hatico está abierto para tours de agroecología. Está a menos de una hora de Cali y vale la pena. Puedes escribir a CIPAV al rnhatico@cipav.org.co para mayor información. Entretanto, aquí esta el tour virtual.


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Sembrando el Reino de Dios en Sibinal

Sembrando el Reino de Dios en Sibinal

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Divi Perdomo y fAfA Granadeño

SIBINAL, San Marcos, Guatemala- Juan Pablo Morales y Nathan Howard provienen de muy diferentes tradiciones religiosas, circunstancias sociales y geografías. Pero al final, fue su fe que los unió en su oposición contra la minería, así como su proyecto de proveer alternativas económicas en una de las regiones más pobres de Guatemala.

Para Juan Pablo, fue su fe en un Dios justo y amoroso; para Nathan fue su fe en el potencial de la humanidad. Para ambos, a medida que trabajan juntos para establecer opciones de desarrollo sostenible en una región programada para la minería a cielo abierto, es su esperanza que las personas pueden encontrar una manera de ganarse la vida gracias a la tierra sin destruirla.

“Estamos construyendo el Reino De Dios entre los pobres de Guatemala”. Así inició – Juan Pablo, con su sonrisa tan grande como la de un niño. “La pobreza no es parte del plan de Dios; pobreza es el anti-reino. Cuando hablo de anti-reino, estoy hablando de las fuerzas de la oscuridad, las fuerzas del imperio del neoliberalismo,– las cuales tienden a fluir desde el Norte hacia el Sur”.

Juan Pablo habla el lenguaje de la Teología de la Liberación, un enfoque al Catolicismo nacido en el continente Latinoamericano, profundamente dividido cuando las brutales dictaduras se impusieron. En esos días, algunos líderes religiosos vieron la brutal represión proveniente del Gobierno, y decidieron ponerse del lado de los pobres; muchos pagaron con sus vidas. 18 Sacerdotes y 150 catequistas fueron asesinados en Guatemala, de acuerdo con las cuentas de Juan Pablo, y también 400 pueblos fueron masacrados.

“Los Evangélicos predican la venida del Apocalipsis – pero pasamos a través de nuestro apocalipsis durante esos 36 años de guerra.”

Juan Pablo fue afectado personalmente, ya que su hermano se encontraba entre esos catequistas asesinados. Pero en lugar de alejarlo de estos movimientos, lo dejó con un compromiso de seguir los pasos de su hermano. Luego de 4 años de estudio, el se volvió también, un apasionado profesor de la Fe Católica, y pronto se acerco a Caritas, una organización Católica sin fines de lucro, la cual trabaja para los pobres.

Nathan es más reservado, pero no menos apasionado por el llamado de la Iglesia, a empoderar a los pobres. Como muchos nativos del estado de Indiana, en el medio oeste de los Estados Unidos, él fue criado como un Cristiano Evangélico, pero se alejó de la fe en su juventud. Estudio en la Universidad de Indiana y luego en la Universidad del Este de Pensilvania, y obtuvo un Máster en Administración de Empresas, en el desarrollo de la economía internacional. Ahora el trabaja para el Comité Central Menonita, ayudando a las comunidades a crear modelos económicos sustentables y basados en su localidad.

Su experiencia práctica aquí en Guatemala le dio un entendimiento de la economía muy diferente de lo que había aprendido en sus libros de la universidad.

“La economía no es una ciencia; es realmente el estudio de las relaciones humanas,” dijo. “Se trata sobre nuestras relaciones con la tierra y entre cada uno de nosotros; se trata de teología, ecología y sociología.”

Su primordial trabajo aquí, según lo ve él, es apoyar a Juan Pablo y a los lugareños, que el de llevar a cabo el desarrollo del proyecto.

“Nuestra meta es tratar de ayudar a la gente a verse como poderosos actores y a trabajar juntos para ver lo que se puede lograr,” me dijo en el bus durante el trayecto lleno de baches mientras nos dirigíamos a la montaña arriba.

Vivir y trabajar en el Distrito de San Marcos, en el montañoso lado oeste de Guatemala, cerca de la frontera mexicana, ha sido una experiencia que ha servido para abrirle los ojos a este hombre del medio oeste. La oportunidad económica es tan limitada en este lugar, que cerca del 70% de la población masculina de esta región ha emigrado a algún lugar en los Estados Unidos, y el dinero que ellos envían a sus familias, es el que eleva los estándares de vida por sobre la pobreza extrema.

Ahora, sin embargo, con la crisis económica y el creciente sentimiento anti-inmigrante, mas y mas inmigrantes guatemaltecos se están viendo desempleados; muchos están regresando a casa, algunos deportados.

Nathan y yo nos levantamos a las 4 a.m. esta mañana para abordar el bus de 2 horas de camino hacia el pueblo de Sibinal, y desde ahí íbamos a escalar una montaña hacia La Vega del Volcán a ver el criadero de truchas. Pero la punta de la montana estaba cubierta de un gris oscuro, y mientras ordenábamos nuestros huevos, frijoles negros y café, los contactos de Nathan en La Vega le llamaron para advertirle que en el pueblo estaba lloviendo bastante fuerte.

Escalar la roca pura aun cuando está seca es difícil, me dice Nathan, y Juan Pablo lo secunda.

“Lo puedes lograr, pero vas a sufrir,” dijo Juan Pablo. “No te lo voy a recomendar.”

Entonces, en lugar de ello, mejor me instalé y preparé para unas entrevistas ahí en el pueblo de Sibinal.

Nathan y Juan Pablo se enfocan en una red de cooperativas poco organizada en varios pueblos rurales del municipio de Sibinal. Una de ellas es un criadero de truchas en La Vega, en donde el claro arroyo de la montaña alimentado por un manantial, hace ideal al lugar para cultivar a esta especie difícil de cuidar. El criadero ha sido todo un éxito, que la comunidad se encuentra trabajando ya en la Fase II, cultivando y recogiendo alevines para venderlas a las comunidades de los alrededores.

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(Granja de truchas en La Vega del Volcán: Foto de Nathan Howard)

Otros proyectos agrícolas, incluyendo papas y flores ornamentales, han ayudado a diversificar las oportunidades de mercado regionales más allá del maíz y frijol de subsistencia, y han hecho entrar un poco más de dinero.

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(Granja de Flores en La Línea: Foto de Nathan Howard)

Pero lo que más ha emocionado a Nathan hasta el momento es el proyecto de ecoturismo, el cual llevaría a los viajeros a una variedad de caminatas, la mayoría de ellas a través del desierto virgen del Volcán Tacaná en la frontera con México.

Después de desayuno con Nathan y Juan Pablo, ellos me llevaron al edificio municipal para hablar con miembros del consejo, y llené un cuaderno de críticas favorables por su trabajo.

“Aquí han habido muchas organizaciones de ayuda internacional a través de los años; han gastado millones de dólares, y muy poco ha cambiado” dijo Elfego Zunún Ortiz, uno de los miembros del consejo. “Pero ahora vemos como esos tipos están realizando un proyecto extremadamente efectivo, si gastar mucho dinero, tan solo involucrando a la gente en el liderazgo y planeamiento del proyecto –y tenemos grandes esperanzas.”

Domingo Javier Godínez, otro miembro del consejo, destacó la importancia de proyectos de desarrollo sostenible como estos como una alternativa a la minería.

“Vemos que la minería brinda desarrollo a los Estados Unidos, Canadá y a Europa – pero nos brinda muy poco desarrollo a nosotros, la gente más pobre de Guatemala –solo el 1% de los beneficios se queda en Guatemala,” dijo.

He escuchado las estadísticas muchas veces y lo he verificado; aunque parece tan difícil de creer, es verdad.

Godines describió la escena de un proyecto de minería que visito en El Salvador. Al pie de la montana, 35 comunidades habían perdido su fuente de agua – una situación que el predice que sucederá aquí si se permite que la minería continúe.

Nathan, por su parte, resalta la importancia de estos proyectos de desarrollo como una alternativa a la minería.
“Creemos que este tipo de organización comunitaria y de desarrollo económico tendrán un mayor impacto en la manera en que comunidades como Sibinal respondan a los futuros propósitos de minería,” escribió él en un reporte reciente. “¿Porque la gente de La Vega del Volcán consideraría vender sus manantiales y tierras a una corporación minera, si estas están siendo usadas para su producción de truchas y otras empresas agrícolas sostenibles? ¿Porque las comunidades de Sibinal consentirían la destrucción de sus montañas y hábitats de pájaros que atraen a turistas a sus pueblos?”

De verdad, ¿¡Por qué!?. Él compartió algunas fotos conmigo, y eso es suficiente para hacerme volver –cuando no sea temporada de lluvias. Quiero ver por mi misma esta impresionante belleza, y quiero, más que cualquier otra cosa, que el grupo tenga éxito al preservar esta espectacular rincón del Reino De Dios.

Mientras tanto, para mayor información acerca de este proyecto, para programar caminatas, y para contribuir al proyecto o para ser voluntario, contacten a Nathan Howard en: natedavehow@yahoo.com. Aquí, algunas de las fotos de Nathan, desde las caminatas por las montañas de Sibinal.


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Vecinos valen por su mismo después de Agatha

Vecinos valen por su mismo después de Agatha

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Por Tracy L. Barnett
Traducido por Julie Butler

SAN LUCAS TOLIMAN, Guatemala – El director de escuela Anexo, Aroldo Jerez Celada, últimamente el director de albergue para los damnificados de Agatha, entiende la importancia de los árboles para la prevención de desastres como la tormenta tropical Agatha. Además, ha visto de primera mano el desastre humano que dificulta la necesidad evidente a reforestar.
 
“Por supuesto, nosotros a la escuela nos inquietamos por este desastre, ubicado como estamos al pie de estos volcanes. Hemos hecho mas que inquitearse: hemos intentado hacer algo ante él.”
Hace algunos años organizó un grupo de voluntarios sociales con estudiantes para plantar árboles en las laderas empinadas circundantes de este pueblo. Consulta con expertos sobre cuáles especies eran buenas para estas condiciones climáticas y recauda fondos para comprar las estaquillas.
 
El grupo estuvo orgulloso y jubiloso con su primer plantación de 500 árboles. Tuvieron un proyecto para seguir manteniéndolos, repartiendo turnos para subir las laderas a verificar y regar durante la época seca. Pero un día descubrieron que la zona plantada había sido cercada. La pendiente empinada estaba prevista para urbanización.
 
En muchos casos, las municipalidades tienden a ser más parte del problema que de la solución. Aquí, un barrio muy afectado por la tormenta fue el complejo de viviendas subvencionadas construido al lado de una ladera. El día de la tormenta y todavía el día siguiente, los oficiales estuvieron notablemente ausentes, me dijeron Jerez y otros.
 
“Nuestro municipalidad, desgraciadamente, necesita ser más organizado,” dijo Jerez. “No tenían plan, nadie sabía que hacer o dónde ir.”
 
Empecé el día con Rony Lec, del Instituto Mesoamericano de Permacultura, y otros miembros de una coalición de grupos sociales reunidos en la sala municipal. Estaban trazando un plano de emergencia, asignando tareas, sin aporte aparente de la municipalidad que estuvo en gran parte ausente. Rony dirigía la reunión. Como la mayoría de los otros en esta comisión, él trabaja de tiempo completo sin sueldo para ayudar a organizar la respuesta a la tormenta. Dejé el grupo hacer su tarea enorme y me dirigí a la escuela/albergue para entrevistar a Jerez.
 
El sábado por la mañana, después de unas 12 horas de lluvia intensa y torrencial que seguía sin disminuir, Jerez se atrevió a alquilar un mototaxi y echar una mirada a su alrededor.

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“Me di cuenta a las 9 horas que tuvimos un desastre,” dijo. “Ya había muchas familias en la zona del campo de fútbol de quienes sus casas estaban bajo del agua.”

Algunas horas más tarde, vinieron los primeros deslaves de tierras, y entonces la gente empezó a llegar. A partir de hoy, seis días más tarde, él cuida de 40 familias, 72 personas en total.
 
Nadie apareció del municipalidad hasta el día próximo. Aroldo tuvo niños enfermos en el refugio, incluyendo una niña con neumonía, y él asumió la responsabilidad de contactar una organización para pedirle medicina donada que llegó 24 horas más tarde. Me mostró con orgullo su amplia reserva.

Reservas para emergencias por fin habían sido repartidas por el gobierno federal el martes. Pero no había personal para coordinar el reparto, y la comida y otras reservas fueron agarrados por quienquiera estaban allá.
 
De repente, un golpe se escuchó en la puerta. Por fin el alcalde llegó.

Era mi chance de conseguir una entrevista, pensé. Salí con Jerez, a descubrir el alcalde rodeado por los habitantes del refugio, cada uno intentando decir su historia, suplicando ayuda. Mientras rodaban las cámaras, el alcalde les escuchó atentamente con lágrimas en sus ojos. Prometió hacer lo que podía y se puso en dirección a la puerta.

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Le detuve para pedirle algunos minutos de su tiempo y me dijo que lo encontrara en su oficina en media hora. “Él no estará,” un hombre en el refugio se rió.
 
Tenía razón; no era el alcalde. Lo esperé una hora. Por fin, lo vi acercándose a la plaza central, flanqueado por una multitud, hablando a muchos ellos. Entonces se preparó para salir. Me acerqué y conseguí su atención, su disculpa, su número de telefono, y acordé llamarle en el tarde. No había respuesta, y su correo de voz no aceptó mensajes. Entonces, lamentablemente, no puedo contar su versión.
 
Félix Gómez, un representante de la Fundación Guillermo Toriello, una dedicada desarrollo social, preside la comisión para la emergencia. Había sido entrenado en manejo de riesgos y trabajaba en la comunidad para preparar a la gente para desastres como éste, cuando Agatha cayó con todo su furia y él se quedó atrapado acá.
 
“Escuchamos en las noticias del jueves que la tormenta fue viniendo” dijo Gómez. “Lamentablemente no tenemos cultura de preparación para desastres.”
 
Gómez ya había avisado a oficiales del gobierno que la gente no debería vivir en zonas de alto riesgo al pie de las montañas, pero su aviso no tuvo atención.
 
Voluntarios crearon un formulario y fueron de refugio a refugio realizando un censo durante los dos primeros días. Los acompañé. El día tercero, empezamos a ir a los barrios de la periferia y a contactar a los líderes para conseguir un cálculo de cuantos había dejado sin hogar y no habían venido a los refugios.
 
Ayer, en refugio Pavarotti, la familia Sicay, Juan y Petrona, me invitó a su casa para ver los daños. Vivían cerca de la familia que fue sepultada en su casa y acordaron mostrarme el lugar.

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Los Sicays fueron una de las familias que vivían cerca del campo de fútbol, y su casa se llenó con agua el viernes por la inundacion torrente, antes de que empezaran los deslaves de tierras. Agarraron a sus hijos jóvenes y a los dos hijos más grandes y huyeron, corriendo por la calle con el agua hasta el pecho. No tuvieron ningún sitio a donde ir, y caminaron entre el aguacero hasta que llegaron a la casa de una familia que les cuidó hasta que se abrió el refugio.

Me mostraron la cocina, que tenía sólo un mueble – uno que antes servía para guardar sus platos. La mayoría se lo había llevado la tormenta. Pregunté donde estaba la estufa.
 
“Nunca tuve estufa – hacía mis tortillas aquí,” dijo Petrona, arrodillándose sobre lodo al lado de un par de bloques, donde antes hacía el fuego. “No te mentiré. Esto es como vivimos.”

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Un hueco grande en el fondo de la cocina mostraba cómo corrió el río dentro de su casa.
 
Luego, toda la familia entraron en fila al área de la habitación pequeña anexa, en donde colchones se apretujaban en un espacio estrecho, y un tocador rebosó con ropas mojadas. Una cuerda extendieron al largo del cuarto, donde colgaron espigas a secar, mismas que estaban empezando a enmohecer.

“Traeríamos nuestras ropas de afuera y intentaríamos salvarlas, pero no tenemos ningún lado para traerlos,” me explicó Patrona.
 
El hijo mayor, Juan Antonio, estaba atrás, intentando a rescatar lo quedó de la pequeña parcela con maíz, pero había muy poco para salvar. La mayoría estaba cubierto con lodo.

Al fin, les pedí llevarme al lugar donde la familia se había negado a salir de su casa y había quedado enterrada. Eran el padre, la madre, sus tres hijos, y un vecino que había intentando a rescatarles.

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El día terminó con un rayo de esperanza de una fuente más alta que el gobierno. La noche antes, noté una multitud congregándose por las calles, maravillarse por una luz brillante que venía desde los cerros. Era tan arriba que nadie podía subirse el cerro para poner una lámpera.
Al otro lado del deslave de tierras relució otra cosa – una imagen blanca de la Virgen María, desde un área de piedra estéril.
 
Para ver de más cerca, fui al pie del cerro con los jóvenes Emilio y Eliazar, con quienes estaba haciendo encuestas de los refugios y los barrios. Un campesino estaba detrás de su casa cuando pasamos, y le pregunté que pensó de todo esto. “Bien, el libro bueno dice que habrá muchos presagios en los días últimos,” dijo, con carcajada. “Creo que los estamos viendo.”

Emilio y Eliazar tenían otra perspectiva en la situación. “Lo fui viendo más como señal de ánimo, como diciendo que cosas serán buenas.” dijo esperanzado Emilio.
 
Hoy, mientras regresé de las casas destruidas, la gente se congregaba en las calles para presenciar otro maravilla – un grupo de jóvenes subiendo la montaña para presentar los respetos. Mis amigos Emilio y Eliazar, fueron con ellos.

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Aquí, algunas imágenes del día segundo en San Lucas.


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Permacultura echa raíces en el Lago de Atitlan

Permacultura echa raíces en el Lago de Atitlan

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Por Tracy L. Barnett
Traducido por Brenda Morales

San Lucas Tolimán, Guatemala – Rony Lec estaba dorando unos granos de café en un comal de arcilla cuando llegué, revolviendolos con paciencia tal el humo se levanta. Él cultivó el café en la parte de atrás, y cada una de las etapas de este proceso, como en muchos de sus otros procesos, por su propia cuenta.

Nos encontramos sentados alrededor de su mesa de cocina, en la casa que él mismo diseñó y construyó, compartiendo una taza de un café tan fresco que nunca antes habia probado. Un narrador con un suave maya Kakchiquel, su cabello en cola de caballo suelto y su gentil voz, Tony da un sorbo de esta fragante bebida y se prepara para contarme su historia.

Los filtros de luz entran de una manera tan agradable desde arriba através de la luz del cielo, pasando por una serie de tubos de bambo acomodados de una manera artistica, que a su vez pasan a través de los vidrios color café, verde y blanco que se encuentran por encima de nosotros sobre las paredes de adobo. Más tarde supe, para mi sorpresa, que esos cilindros son botellas de vidrio quebradas.

El tronco de un árbol con sus ramas retorcidas con gracia emerge en alguna parte a través de la escalera de hierro forjado; una lámpara de bambú tejido cuelga por encima de nosotros. La pared de piedra, la puerta arqueada en el fondo, la exuberante vegetación del jardin de atrás y el sabroso aroma de la cosecha propia y de la propia cocina préparada, completa la imagen de esta armonia natural.

Me encuentro en el hogar de un permaculturista.

La permacultura, para los no-iniciados, es un sistema de diseño que incorpora todo sobre la agricultura y la arquitectura para la organización y el desarrollo de la comunidad en un elegante sistema que trabaja en armonia completa con la naturaleza.

El explicar cómo fué que la permacultura llegó a este pequeño pueblo en medio de volcanes y de las costas del Lago Atitlán, es una historia tal como las curvas de los canales que Rony diseñó para desviar el flujo de las inundaciones torrenciales aqui.

Rony es uno de los cientos de los miles de Guatemaltecos a los que se les destruyó sus vidas a causa de los 36 años de guerra civil. Él era sólo un niño cuando su padre fue asesinado por el ejército.

“Mi familia estuvo siempre involucrada en el desarrollo y la organización de la comunidad, y esa era la realidad en esos dias; todo aquel que trabajaba para y por la comunidad era percibido como traidor”.

Su familia, por miedo de perder la vida, voló a los Estados Unidos de América con la ayuda de la Diócesis Católica de ‘New Ulm, Minn…’ que estaba muy presente en este pueblo.
Rony estudió en la Universidad de ‘Saint Thomas’ en Minesota, obteniendo un título universitario en antropologia cultural, pero siempre tuvo la idea de regresar a su hogar y aplicar sus conocimientos para hacer y marcar la diferencia para su gente.

“Yo nunca quise ganar conocimiento para plasmarlo en un libro y ponerlo en un estante” dijo, “para mi, el conocimiento tiene que ir más allá de la téoria, es algo que debemos poner en práctica”.

Regresando a casa en 1994, cuando el conflicto se calmó y las negociaciones estaban en marcha, él observó cómo podía realizar un proyecto en donde pudiera aplicar todo lo que él aprendió sobre sus raices en la tradición Maya, una tradición entretejida con los ritmos de la naturaleza.

“Mi idea era cómo podiamos reconstruir y rescatar nuestro conocimiento tradicional y ancestral, y por supuesto todo esto tiene mucho que ver con la agricultura, porque es la base de nuestra cultura”.

De su propia iniciativa leyó y buscó lejos y profundamente sobre las alternativas en la práctica de la agricultura, y empezó a ‘cavar’ en las tradiciones ancianas de su propia gente. Encontró su primer proyecto en una problématica de las zonas inundables cerca del lago, propiedad de la Diocésis Católica. Esta tierra era compactada por el pastoreo de ganado a través del paso de los años, y se inundaba todo al rededor de los hogares cada temporada de lluvia.

Rony pidió por esta tierra para tratar un sistema muy anciano conocido en viejo Nahuatl como ‘chinampas’. El sistema de chinampas está mejor ilustrado por el famoso diseño de la antigua Ciudad de México, el cual fue construido para desviar el flujo de aguas pantanosas del lago hacia unos canales. Un gran vestigio de este sistema anciano de chinampas es Xochimilco, un vecindario histórico al sur de la Ciudad de México.

Aqui en las tierras altas de Guatemala, el Kakchiquel Maya tuvo el mismo concepto pero con un nombre diferente, pero cayó en desuso muchos años atrás con la llegada de las técnicas modernas de la agricultura.

Rony organizó un grupo de granjeros para la subsistencia para ayudarlo a analizar la situación y reclamar esta tierra para que ellos pudieran cultivarla, pasaron muchas semanas cavando las zanjas que detendrían lentamente y enviarían a los canalas las fuertes aguas. Pero a la llegada de la temporada de lluvias, no funcionó; los canales fueron obstruidos con sedimentos y el proyecto fué inundado.

“Claro, en los libros de antropología te hablan de las chinampas, pero no te dicen cómo construirlos” recalcó con una risa.

Esto sucedió cuando fué invitado a una conferencia en los Estados Unidos de América para las prácticas de agricultura tradicional, y decidió hacer el viaje con un doble propósito: visitar igualmente, la base central de la organización Permacultura America Latina en Santa Fé.

Fué ahi, en la “casa de la permacultura” del Principal (PAL) fundador Ali Sharif donde Rony empezó a realizar el gran potencial de la permacultura para transformar los sistemas de vida. Él explicó su plan a Sharif, que vió y dió un diagnóstico rápidamente del problema. Los canales que habian realizado eran lineales y angulares – nada parecido a lo que uno encontraría en la naturaleza. El truco está en diseñar sistemas que trabajen tan bien como se pueda imitando a la naturaleza, le explicó Sharif, trabajar junto con la naturaleza no contra ella.

El viaje fué de un gran progreso para él, y terminó haciendo otro viaje a Australia para estudiar al legendario Bill Mollison, uno de los fundadores del sistema de permacultura.

Rapidamente, después de su viaje a Australia, se unió a él Rebecca Cutter, una artista, diseñadora y educadora de Nueva York, que escuchó acerca del grupo de Rony llamado ‘Ija’tz’, la palabra Kakchiquel para nombrar las semillas. Todo lo que ella sabía de este proyecto era que combinaba el diseño y la agricultura orgánica de maneras innovadoras. Ella llegó como voluntaria y terminó quedándose.

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El nuevo diseño de chinampas era a todas luces un éxito. Rebecca me dió un tour y fuí capaz de ver el exuberante bosque que ellos han creado en las vías urbanas en aproximadamente 60 por 150 metros, donde antes todo era estéril, tierra compacta. Estaba lloviendo y pude apreciar cómo el sistema de canales funciona.

“Lo que esto hace es frenar el agua”, Rebecca explicó. “Las aguas rápidas son destructivas”.

Las aguas impuras que bajan por las laderas de las colinas traen consigo
mucha tierra, limo, arena y otros escombros con ellas, las cuales terminaban en las casas de la gente que se inundaban cada año. Ahora el agua, asi como el suelo que trae consigo, es retenido en la tierra, y al final de cada temporada de lluvia, cuando los canales se secan, los granjeros los limpian y los vacian de esta temporada de riqueza de tierra, arena y limo, apilándolas a los lados. De esta manera montículos de rico y fértil suelo de un metro de altura o más se han construido a lo largo de los serpeantes canales.

Una proliferación de vida vegetal tropical, muchas de ellas comestibles, brota desde esas colinas. Rebecca me mostró la casa donde vivieron alguna vez en ese sitio; y “el círculo de plátanos”, una técnica de permacultura que involucra un círculo hecho de palmeras de plátanos usadas para tratar las aguas grises.

IxChel, la hija de Rebecca y Rony, de cabellos rizados, un ser brillante y lleno de energia, nos acompaña en el tour, corriendo para recoger fresas salvajes y flores amarillas para compartirnoslas.

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Los productores de la colectividad que crearon Ija’tz, por el momento, decidieron enfocar su energia para la producción y comercialización del café orgánico. Rony y Rebecca apoyaron su desición pero desean continuar promoviendo la cultura de Permacultura con la visión de proteger la diversidad genética tanto a nivel local como a través de Mesoamérica. Asi que, en el año 2000, Rony y Rebecca fundaron el Instituto Mesoaméricano de Permacultura, o IMAP, y las dos asociaciones continúan trabajando en conjunto apoyándose mutualmente.

En la década en la que fué fundado, el grupo ha organizado productores locales para la elaboración de semillas y vegetales orgánicanicos. Ha ayudado a crear el comercio equitable e intercambio de semillas con los granjeros y las organizaciones que trabajan localmente y a través de toda Guatemala. Han establecido un centro que ha adaptado el sistema de permacultura a un ajuste subtrópical y autóctono, donde han enseñado a cientos de estudiantes tanto locales como internacionales, y responder al desastre creado por el Huracán Stan con un sistema de tratamiento de aguas de baja tecnología, prácticas de conservación del suelo, jardines comunitarios y enfoques de tecnología adecuada en casos de desastre.

Quizás su más grande éxito ha sido el establecimiento del banco de semillas, almacenar semillas provenientes de miles de plantas nativas y diseminándolas através de los productores locales para mantenerlas en circulación. El banco de semillas es un concepto que ha estado creciendo gracias a la respuesta de un incremento homogeneizado de la agricultura, con productores corporativos presionando a las variedades locales para su existencia.

Ahora, sin embargo, es el momento partir, la lluvia está cayendo con más fuerza. Mi tour al IMAP y al banco de semillas tendrá que esperar un otro dia.


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