Por Tracy L. Barnett
Traducido por Katy D’Oporto
Allá afuera en la oscuridad no lejos de aquí, un coro de coyotes saluda a la aurora. “Que apropiado” pienso con una sonrisa. Aquí en Huehuecoyotl, lugar del antiguo coyote. Acabo de despedirme del más grande de ellos, el Subcoyote Alfredo Ruz Bunefil, quien me deja usar su casa como base por algunos días. Ahora es tiempo de que él regrese a la ciudad de México donde está tomando lecciones de La Caravana Arcoíris por la Paz en otro de los barrios de los coyotes, Coyoacán.
Vine a Huehuecoyotl a encontrarme con su familia y algunas personas que forman el corazón del grupo de agentes de cambio de este mundo. Vine a compartir el pan, historias y aprender consejos para el resto de la jornada. Alberto ha estado envuelto en un torbellino de actividades desde que llegué –está actuando el papel protagónico en un film sobre la jornada espiritual de Fellini a través de México y el fantasma espiritual del gran realizador italiano estuvo aquí para supervisar desde otra dimensión la filmación de algunas escenas; su gran amigo de mucho tiempo el autor y visionario José Argüelles, pasó algún tiempo aquí.
Durante mis dos días aquí, terminó otro libro y lo envió a los revisores, sufrió un torrente de juntas comunitarias y despidió a su hija que está en camino de regreso a España; ahora se está preparando para un saludo musical y una recaudación de fondos para Haití, y una visita del Presidente de Bolivia Evo Morales, pero aun así, se tomó el tiempo para mostrarme los alrededores, me orientó sobre la regadera solar y el baño seco, compartió conmigo fotos y reminiscencias sobre el increíble ecoaldea nómada de 13 años cuyo rastro ahora sigo, desde México hasta la Patagonia.
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Una antigua leyenda habla sobre los tiempos cuando la Tierra estuvo en crisis, y la vida misma estuvo en peligro, en estos tiempos, dice la leyenda, se levantó una nueva raza de guerreros, una tribu de todas las razas, de todos los credos y nacionalidades, que conducida por el amor, será conocida por el símbolo universal del arcoíris y tiene como misión salvar el planeta de la extinción.
Esto es lo que Alberto escribe en su libro “Los Guerreros del Arcoiris” (Editorial Circulo Cuadrado)- Alberto ha dedicado su vida a nutrir esta tribu, liderando La Caravana Arcoíris de la Paz, en una épica jornada a través de México, Centro y Sudamérica. Esta ecoaldea nómada viajó de país en país, conducida por el viejo bus escolar, La Mazorca; coloreado para parecerse al icónico fruto del maíz. La siempre-cambiante tribu, busca conectar grupos activos de resistencia al destructivo modelo corporativo. Instalan campamentos en junglas y montañas, en aldeas indígenas y barrios urbanos, comparten música, teatro y las semillas de sabiduría ambiental, ecotecnias de construcción, tecnología alternativa simple, técnicas de curación naturistas y mucho más. Al mismo tiempo, recogen trocitos de antigua sabiduría y ciencia local y conectan grupos diversos en una red hemisférica. En Agosto de 2009, la tribu finalmente se desbandó y se dispersaron a diferentes partes del continente para continuar el duro trabajo de cambio social.
Alberto regresó a Huehuecoyotl, la pintoresca ecoaldea establecida en 1982 en las montañas cercanas a Tepoztlan por el mismo Alberto y su comunidad de guerreros del arcoíris. Él me permite usar su casa como base por unos días mientras me organizo para la siguiente fase de mi viaje, La preciosa casa de adobe está llena con la luz de las ventanas arcadas que miran hacia el valle cubierto de pasto villa abajo, más allá de la puerta frontal, hay una larga fila de verdes y fragantes plantas de hoja santa y más allá junto a una torre protectora de piedra caliza, la hermosa casa de su hijo Odín, músico y uno de los más prominentes practicantes de permacultura en México.
Veré a Alberto una vez más antes de irme, cuando reciba al Presidente Boliviano Evo Morales en una breve visita a la ciudad el domingo. Mientras tanto, aquí tienen una corta entrevista que le hice recientemente en su oficina en la Casa de Cultura Reyes Heroles en Coyoacán. Su advertencia viene como un aullido de coyote a la luz de la luna que se desvanece.
“Como los Mayas Zapatistas dicen, hemos tenido mucho tiempo para soñar. Ahora es tiempo de despertar. Porque cualquier sueño no manifestado se convierte en una pesadilla, hecha por alguien más.”
(entrevista en inglés: Otra en español viene pronto.)
























