Permacultura Archive

Instituto de Permacultura sana las heridas de la guerra

Instituto de Permacultura sana las heridas de la guerra

Por Tracy L. Barnett

SUCHITOTO, El Salvador – Una suave brisa agita el techo de paja del refugio en la cima de la colina, aquí en el Instituto Permacultura. Una mariposa morfo pasa revoloteando, su color azul eléctrico acentúa agudamente contra el azul apagado del volcán de Guazapa al fondo. Un fondo pacífico incongruente con la violencia, masacres, tierra quemada y evacuaciones forzadas que arrasaron con esta región hace menos de 2 décadas.
Esa montaña, que era el único escondite de las fuerzas guerrilleras en kilómetros a la redonda, era bombardeada diariamente y quemada repetidamente, y el propio pueblo de Suchitoto se convirtió en un campo de batalla.

Llovían cientos de toneladas de artillería, fósforos blancos y napalm, en los bosques de estas tierras los cuales alguna vez fueron exuberantes, incluso secando los manantiales, las personas obtenían agua.

Pero la Madre Tierra tiene una manera de salvarse a sí mismo, y a sus habitantes; y estas tierras y la gente que la trabaja, son una prueba viviente de esta realidad.

El Instituto de Permacultura – El Salvador, o por sus siglas IPES, ha transformado esta pedregosa montaña en la región de Suchitoto, una hora de la ciudad capital de San Salvador. En parte por las fuertes organizaciones comunitarias, que se formaron antes de la guerra, Suchitoto se ha demostrado ser tierra fértil para una nueva propuesta del desarrollo de la comunidad iniciado por los campesinos, excombatientes y una permaculturista terca de origen británica.

Karen Inwood era una especialista en el desarrollo comunitario, en busca de una propuesta diferente cuando conoció a Juan Rojas, un ex disidente salvadoreño, forzado a dejar su país durante la guerra. Rojas, por un giro del destino, terminó en Australia, donde conoció a Bill Mollison, fundador de un sistema innovador de diseño ecológico conocido como permacultura.

Rojas se emocionó con la idea del sistema como una propuesta para reconstruir su país después de la guerra, y regresó en 1993 luego que los Acuerdos de Paz fueran firmados, para ver qué podía hacer. Al darse cuenta que los principios permaculturales tienen mucho en común con las prácticas ancestrales de agricultura, inició en el fuertemente impactado departamento de Morazán, el cual es también el lugar donde aun vive la concentración más grande de indígenas. El empezó a trabajar con los campesinos locales para aprender sus prácticas tradicionales. Utilizando el método de campesino a campesino, empezó a difundir estas ideas de los principios de la permacultura, y luego empezó a trabajar con líderes en el departamento de La Libertad y su natal Sonsonate.

El primer diseño permacultural mesoamericano se llevó a cabo en Perquín, Morazán en 1998 con la participación de campesinos de México, Guatemala y El Salvador. Estos primeros permaculturistas mesoamericanos continuaron para formar la base de lo que luego se convirtió en IPES en El Salvador y IMAP en Guatemala, entre otros.

En el 2000, viajó a Inglaterra para asistir a un curso de entrenamiento de ecoaldeas en la Fundación Findhorn, y Karen, a quien conoció allá, se intrigó con su proyecto.

Se dirigió a El Salvador para ayudarlo a construir el Instituto de Permacultura, y llegó a un país desesperadamente necesitado de lecciones de autosuficiencia y sustentabilidad, de la cuales Juan y otros se encargaban de esparcir.

“Siempre he visto a las ecoaldeas como un estilo de vida alternativo para aquellos con los recursos para comprar tierra e ir al campo y hacer lo suyo,” dice ella. “Mi interés era usar la permacultura para impulsar un cambio social, más que para una elección de estilo de vida, y vine a El Salvador precisamente para eso.”

La permacultura, como Inwood lo explica, puede ser aplicada en todo, desde agricultura, a arquitectura a diseño comunitario. Su mayor aplicación aquí, por el momento, es enseñar prácticas sustanciales de agricultura y de vida, para los agricultores de subsistencia que luchan al filo de la supervivencia en todo el campo salvadoreño. En la práctica, puede significar la diferencia entre la desnutrición y la miseria, y una vida de buena salud, dignidad y autonomía. Además, en una era de cambio climático, cuando esta pequeña y densamente poblada nación centroamericana ha sido nombrada entre las más vulnerables del mundo, todos hablan de la seguridad alimentaria, y la permacultura parece estar tomando una más grande y nueva vida.

Luego de una década de trabajar en la oscuridad de este campo, con un mínimo de apoyo financiero, sobre todo de donantes individuales y fundaciones en Inglaterra, Inwood ha empezado a ver los frutos del esfuerzo del grupo. Más de 1,000 familias han adoptado las prácticas de la permacultura en sus tierras, y están sembrando productos orgánicos para su propio consumo y para venderlos. Un grupo de promotores, o agricultores que se convirtieron en maestros de permacultura, utilizan el método de campesino a campesino, trabajando a través de las conexiones ecológicas regionales, esparciendo los principios de la permacultura en los pueblos.

Esta tosca, típicamente montañosa y no particularmente fértil parcela se ha convertido en un centro de educación y sitio de demostración para la difusión de una nueva propuesta para la vida rural aquí en El Salvador, una propuesta que promete sacar a sus practicantes de la pobreza y hacia la auto-suficiencia, en armonía entre ellos y con la naturaleza.

Es un lugar rústico y simple, mayormente construido con materiales naturales encontrados en el lugar, y con una gran diversidad de cultivos, trabajados por un sencillo y apasionado equipo de campesinos.

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Otros proyectos en el remoto departamento de Morazán, una de las regiones más pobres del país y uno de las más afectados por la guerra, han iniciado y están floreciendo; los gobiernos municipales brindan su apoyo, y varios cientos de familias practican ahora la permacultura, con un equipo de promotores en el lugar que se empiezan a esparcir aun mas en el campo.

Ahora, luego de años de conocer y trabajar con otras organizaciones de desarrollo comunitario en la región, y siendo repetidamente ignorados, los líderes regionales empiezan a buscar el asesoramiento y aportaciones de IPES.

Más recientemente, los representantes del gobierno izquierdista de Mauricio Funes han expresado su interés en aplicar los principios de la permacultura, a un programa de seguridad para la comida nacional y que apunta al fortalecimiento del rol de las familias campesinas.

Inwood no está segura de qué ha causado el repentino interés, pero especula que se trata de las recientes crisis causadas por el cambio climático: los cultivos se arruinan debido a las intensas inundaciones, seguidas por sequías. Una gran parte de los cultivos de frijol centroamericano se han arruinado, y el precio de lo que queda se ha ido al cielo; el precio de la canasta básica ha aumentado un 300 por ciento en septiembre y octubre.

Irónicamente, justo cuando IPES ha iniciado a romper el hielo con las agencias del gobierno, y justo cuando los servicios del grupo están siendo ampliamente buscados, sus fuentes de financiación han caído precipitadamente. La caída en el precio de la Libra Esterlina ha tenido un alto costo, al igual que la crisis financiera ha dejado a los fundadores con menos para compartir.

Al mismo tiempo, el gobierno de Funes ha heredado el sistema tradicional de patrocinio de asistencia agricultural, en el cual $33 millones en “paquetes” agrícolas, que contienen semillas hibridas y agroquímicos, son distribuidos en todo el país.

En su primer año de administración, antes que el joven gobierno tuviera la oportunidad de organizar una alternativa, los paquetes agrícolas se entregaban de manera tradicional, lo cual generaba protestas entre aquellos que no los recibían. El gobierno se dio cuenta que el sistema antiguo no estaba funcionando, y ahora está en busca de nuevas alternativas, dijo Karen. La Permacultura es una de esas alternativas.

“Estamos emocionados, pero al mismo tiempo es un desafío,” confesó ella, abriendo más sus expresivos ojos azules. Esos ojos azules, junto con su generosidad, su dulzura y su español con acento británico, han usado su magia con más de algún burócrata de corazón duro, me imagino, viéndola presentar sus ideas a un par de autoridades de la Fundación de Desarrollo de las Naciones Unidas. La pareja se fue impresionada con lo que vio, y programaron otra reunión con IPES para la próxima semana.

Al contrario del toque británico femenino de Karen, se encuentran las propuestas apasionadas y muy salvadoreñas de Agustín “Maclobio” Duran y Alejandro Martínez, dos ex guerrilleros salvadoreños quienes tomaron el curso de diseño y terminaron convirtiéndose a la causa de la permacultura. Ambos ven la permacultura como un medio para alcanzar las mismas metas que buscaban en la revolución: una vida digna para sus familias.

Después de la guerra, un ejército de organizaciones no gubernamentales llegaron a El Salvador, cada una con una propuesta diferente para resolver los problemas profundamente arraigados del país. Al igual que otros de IPES, Agustín es fundamental en su propuesta. Ninguna de las que ha visto últimamente eran viables, dijo, e incluso algunas eran falsas; juntas, se fueron de las comunidades dejándolas dependientes mentalmente, y de alguna forma peor de lo que estaban antes. La permacultura, por otro lado, ofrece un modelo diferente, uno que capacita a las personas para tomar el control de sus propias vidas.

“Yo lo veo como una diferente forma de revolución, una que alcanza justo por lo que estábamos peleando – una vida digna para nuestra gente, comida saludable y una educación,” dijo.

“De todo lo que he visto desde la guerra, y de hecho en toda mi vida, la permacultura es lo que más me convence; es una propuesta más integral. Por supuesto, requiere de mucho sacrificio, pero si pudimos resistir todos los riesgos y dificultades de la guerra, también podemos hacer esto.”

Para Alejandro, el cambio a esta forma de agricultura es urgentemente necesario, no solo individual, sino a nivel comunitario.

“Si continuamos con las mismas prácticas de agricultura que hemos heredado, vamos a sufrir una gran escasez,” dijo. “Si podemos difundir las ideas de la permacultura, podemos vivir bien todos, y tener un mejor sistema para heredarles a las futuras generaciones.”

Agustín asintió. “Ese es el reto que enfrentamos,” dijo. “Si podemos transmitir estas ideas exitosamente, en 20 años las cosas aquí serán muy diferentes, y tal vez podemos desviar un poco nuestro actual rumbo hacia la destrucción. Ya tenemos encima de nosotros los efectos del cambio climático – pero desde la trinchera de IPES, podemos minimizar el impacto y las consecuencias que ya estamos sufriendo.

“Nosotros como campesinos, gente que no tiene poder económico, queremos mostrar al mundo que se puede confiar en soluciones y alternativas tan simples de la naturaleza que nos rodea, que podemos tener múltiples soluciones para grandes problemas, y podemos resolverlos. Es solo cuestión de educación y conciencia.”

Para más información sobre el Instituto de Permacultura – El Salvador, para pagar por una visita o para enlistarse como voluntario, visite su sitio web y/o página de Facebook.


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Aguila y condor se encuentran en visionario consejo

Aguila y condor se encuentran en visionario consejo

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Stella Maris

CHALMITA, México, México – Mucho antes de que el sol aparezca sobre los blancos acantilados alrededor nuestro, este pueblo provisorio viene a la vida. Los guardianes del fuego ceremonial están avivando las llamas para el temazcal, el equipo de cocina corta y pela y revuelve los alimentos, el humo se eleva desde la tienda de las mujeres. De pronto el resonante llamado de la caracola suena a lo largo del valle, llamándonos para saludar al sol, y el grito de un águila atraviesa el aire como una bendición.

Nos hemos reunido en este valle encantado para el Llamado del Águila, la décima reunión intercontinental de un grupo de personas visionarias y emprendedoras que en silencio están cambiando el mundo desde adentro hacia afuera: el Consejo de Visiones – Guardianes de la Tierra.

Unos 500 visitantes de lugares tan lejanos como Australia y tan cerca como los vecinos de Chalmita – cineastas y agricultores, psicólogos y chamanes, artistas y maestros, punks de peinados puntiagudos y poetas líricos – están aprendiendo a vivir juntos bajo el cielo azul y las estrellas brillantes de una itinerante eco-aldea concebida hace más que hace una década bajo la bandera de la Caravana Arcoiris por la Paz y el Movimiento Mexicano Biorregional, entre otros. Para finales de la semana, este evento habrá tocado las vidas de más de 1,000.

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Este décimo encuentro es un evento muy especial por muchas razones, el principal de ellos es que sus organizadores lo ven como el cumplimiento de una profecía inca. Cuando el Águila y el Cóndor vuelan juntos, según la profecía, esto marcará el inicio de una Nueva Era – el águila que representa el Norte y el Cóndor que representa el Sur. Aquí en este valle sagrado, yace a la sombra de una antigua pirámide en medio del fértil Bosque de Agua, un grupo de alta energía de visionarios, artistas, soñadores y hacedores del Norte y del Sur que han completado el círculo.

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Hace catorce años, un grupo ya legendario de ellos, entre ellos Alberto Ruz Buenfil, también conocido como el Subcoyote – primo de Fidel Castro e hijo del arqueólogo que descubrió los fantásticos tesoros escondidos de Palenque – partieron de esta región en un viaje épico con el fin de crear las bases para un movimiento intercontinental del medio ambiente, espiritual y social. Después del primer congreso internacional del Consejo de Visiones en Tepotzlan, se dirigieron en un autobús pintado como una mazorca de maíz a través del territorio zapatista de Chiapas, a través de las montañas volcánicas de América Central, la selvas colombianas, las sabanas venezolanas, la cordillera de los Andes, los desiertos del Perú y Chile y las tierras bajas tropicales de la Amazona hasta llegar a la punta del continente en la Patagonia. Utilizando el teatro y las artes para plantar las semillas de la esperanza, la paz y la sustentabilidad en zonas de conflicto, asentamientos indígenas y barrios pobres, conectaron y alimentaron movimientos sociales en todo el continente.

Su segundo evento internacional, el Llamado del Cóndor en 2003, reunió a unos 1,300 activistas y artistas al Valle Sagrado de Machu Picchu en el Perú para iniciar la labor de consolidación de una visión para una transición a una nueva era.

El tercero, el Llamado del Beijaflor en 2005, reunió a más de 1500 en la Chapada dos Veadeiros, Brasil, para unificar los movimientos latinoamericanos con los brasileños.

Ahora, después de 13 años, esa caravana por fin ha llegado de regreso a sus raíces, y las semillas que plantaron aquí en México y en todo el continente han venido floreciendo en un evento increíble que está despertando incluso al más cínico y reservado de nosotros. Las lágrimas fluyen libremente en los círculos de la danza, en la oscuridad del temazcal, en los abrazos de viejos amigos que se acaban de conocer.

Pero esto está lejos de ser un grupo de encuentro para sentirse bien. De hecho, está lejos de todo lo que he experimentado. Estas personas están enfrentando el futuro con los ojos bien abiertos, dolorosamente consciente de la crisis de recursos y el clima que se ciernen en el horizonte. Tampoco es una sesión de apretones de manos. Aquí nadie está esperando que el gobierno resuelva esta crisis pendiente, aunque los líderes del gobierno están aquí para participar en los foros, talleres y demostraciones en las áreas que abarca la ecología, la salud, la espiritualidad, las tecnologías apropiadas, y la educación entre muchas otras. Escolares locales, también, han sido invitados para participar en los paneles para aprender de la autosuficiencia y los jóvenes locales participan en la organización de foros de acción política y social preparándose para tiempos turbulentos en un mundo post-petróleo. La Universidad Gaia está aquí también, ofreciendo una nueva visión para la educación y otorgando diplomados a unos estudiantes que completan aquí un currículo de diseño ecológico.

Un equipo está construyendo un horno de barro y ladrillos, mientras que otro fabrica un reloj solar, otro grupo está aprendiendo sobre técnicas de curación a base de hierbas nativas, mientras que otro está levantando el tipi ceremonial que será la sede de un poderoso circulo de mujeres sanadoras, y otro está discutiendo estrategias para la protección de este valle, un centro estratégico, pero altamente vulnerable para la conservación del agua. Otra iniciativa está juntando fuerza para apoyar el pueblo Huichol o Wixarika en su lucha para proteger su sitio más sagrado, el Cerro Quemado en Real de Catorce, o Wirikuta, de una mina a cielo abierto propuesta por una transnacional canadiense.

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Rituales sagrados de las tradiciones más importantes del mundo se mezclan con la danza y las creaciones del arte y la canción para aumentar la energía durante toda la semana a un nivel que nunca pensé posible. Las actividades van desde el amanecer hasta las 3 am, pero el sueño parece superfluo.

La culminación del evento se produce después de una noche de vigilia para saludar el amanecer, un grupo de danzantes aztecas espectacularmente pintados y emplumados nos esperan en torno a un fuego ardiente, y estalla un mandala de baile, ritmo y canto.

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Mientras me siento a escribir, tratando de poner este fenómeno en palabras, recuerdo las de Alberto Coyote mientras estábamos juntos en el último día.

“Todo es tan perfecto”, le dije. “Lo único que lamento es que es simplemente imposible de ponerlo en palabras.”

Él se rió a sabiendas – El autor de varios libros sobre la caravana y sus Guerreros del Arco Iris, involucrado ahora en un proyecto para llevar las lecciones de la caravana a la ciudad de México, también ha luchado con este problema diariamente.

“Nadie te cree cuando intentas explicarlo”, dijo. “Ellos te dirán, ‘No haces más que escribir lo que quisieras que hubiese sucedido.” Simplemente no hay manera de explicarlo -. Solo tienes que vivirlo.”

Nunca un ser humano vivió sus palabras más auténtica, poderosa y bellamente que el hombre en el corazón del cual, esta visión se hizo realidad. No puedo hacer nada mejor que terminar con algunas de esa reflexión que Alberto compartió con nosotros, conmemorando el bicentenario y centenario de México.

“Estas tierras fueron hace doscientos años el escenario de batallas sangrientas; mucha sangre se derramó entre nuestros abuelos y abuelas para dar un paso más en el proceso de evolución, de crecimiento, a nuestra propia libertad como personas, como pueblo, como nación… Hace cien años en estas tierras derramo mucha sangre, también de nuestra gente, con el mismo propósito, para poder caminar con un poco más libertad, más fuerza.

“Hoy estamos aquí reunidos por el mismo propósito, porque juntos estamos creando nuestra propia libertad, no solamente para México, sino para el planeta entero.

“Hace 200 años empezó el proceso de nuestra independencia. Hoy, lo que nos hemos aprendido, es que somos interdependientes. Todos de todos…La independencia no existe. Estamos generando hoy una nación planetaria, interdependiente.

Esta fecha la llevamos ya en el corazón de cada uno de nosotros, ya que este día damos todos un paso más en este camino a la libertad, este camino de la dignidad y la justicia. Todos somos responsables por todos y todo lo que sucede. Nuestro compromiso, siendo los primeros que iniciamos esta lucha y este camino es que ya no lucharemos, con armas de guerra sino con armas de danza, de música, de arte, de ceremonia, de ritual.

“Si hace cien años aquí dio inicio el proceso de una revolución, hoy también venimos para dar un nuevo paso, venimos a celebrar una re-evolución de la consciencia.

“Estamos parados aquí hoy en día, gente de todo el planeta, y cada uno de nosotros trae consigo a todos sus ancestros, todas sus tradiciones, a todos los luchadores del pasado. Cada uno de ustedes, es fruto de todo esas sangres, de esas luchas que en el pasado se dieron, para que hoy pudiéramos estar aquí presentes, celebrando, juntos en el mismo círculo, con un mismo corazón y una misma visión. Justamente en este día de hoy.

“Nuestros abuelos nos hablaban de profecías. Hoy nos están viendo, y ven que nosotros somos aquellos que ellos esperaban.”

Juan Rojas: Recuperando la memoria indígena en El Salvador

Juan Rojas: Recuperando la memoria indígena en El Salvador

Nota y videos por Tracy L. Barnett
Traducido por Amparo Galeana Tarditi
Fotos por Juan Rojas

LA FLORIDA, El Salvador – “Ese es uno de los objetivos del estado salvadoreño, hacer que olvidemos,” me explica esto Juan Rojas mientras vamos camino abajo por un camino de tierra que nos lleva a su casa, sólo a seis kilómetros de San Salvador, pero es un mundo aparte.

Rojas está decidido a recordar y ayudar a recordar a otros también. Es aquí, en los pueblos rurales, y en otras partes del país, en donde Rojas está trabajando con los indígenas para recuperar las raíces mayas de éste país. Un país donde el nombre Izalco, el cual para la mayoría de la gente joven, solo significa el nombre de un volcán, un pueblo o una calle en San Salvador, pero para la gente mayor es el nombre de una masacre y de la gente nativa de éste lugar que un día se extinguieron.

Una mezcla curiosa de revolucionario salvadoreño, permacultor australiano y espiritista maya, conocí a Juan Rojas la primera vez que visité El Salvador. Fue uno de los fundadores del Instituto de Permacultura de El Salvador, un centro de enseñanza de diseño ecológico y principios de agricultura para campesinos a través del país. Hoy en día Rojas está lanzando otros proyectos. Sus comentarios acerca de la restauración de la herencia indígena en El Salvador me dieron curiosidad y cuando regresé lo contacté para aprender más acerca de éste tema.

La historia de cómo se involucró en la revolución, de los atentados contra su vida y su huída a México, finalmente su traslado a Australia y su amistad con el fundador permacultor Bill Mollison y el regreso a su país para ayudar a reconstruirlo después de la guerra utilizando técnicas de permacultura son dignos de una novela de aventura ecológica en sí mismos. El comparte esa historia en éste video.

Ahora, sin embargo, ha dado vuelta a la página hacia un nuevo capítulo en su vida y estoy aquí para aprender más acerca de eso.

A través de su trabajo con el Instituto de Permacultura, el cual ha propagado técnicas de agricultura sustentables a través del movimiento de agricultor a agricultor. Se familiarizó con la manera de sobrevivir de los agricultores de Mesoamérica de los cuales algunos aun practican las tradiciones indígenas de sus ancestros. Fue entonces que Juan empezó a darse cuenta que los principios de la permacultura en realidad no tienen mucha diferencia con las enseñanzas tradicionales de la agricultura.

“Esa es una de las primeras cosas que aprendimos en la permacultura y Bill Mollison explicó ésto muy bien: Para ver y observar, ¿por dónde entra el aire en su tierra en cada estación del año? ¿Cómo penetra el agua y como sale? Lo mismo para el sol y para la tierra: son objeto de estudio, de análisis, cuando se va a diseñar un pedazo de tierra,” dijo. “Pero cuando uno vive en una región como Mesoamérica, entre las culturas ancestrales ya se ha elaborado un sistema de pensamiento basándose en éstos principios: el viento, el agua, la tierra y el sol.

“Desafortunadamente, nosotros en El Salvador hemos perdido nuestra cosmología, nuestro entendimiento de la vida y es por eso que estamos en una posición tan difícil, hablando en cuestión ambiental, en términos de soberanía alimenticia, violencia criminal, todas esas cosas están haciendo que El Salvador sea famoso por todo el mundo,” me dijo.

Juan compartió conmigo sus pensamientos acerca de la cosmovisión maya y el cambio climático, el cual grabé en éste video:

Este ha sido año emocionante para él, mientras tanto el lento proceso de recuperación de la memoria histórica y ancestral ha comenzado a dar frutos. Trabajando en comunidades indígenas en su natal Sonsonate y en Morazan, él ha estado enseñando los principios de la permacultura y ha incorporado la cosmovisión maya.

En el camino, conforme estudian el Pop Wuj, el libro sagrado maya, o hablan acerca de algunas tradiciones sobre la plantación, los alumnos se detendrán y de repente se mirarán a la cara y se reconocerán, dijo Juan. “¡Oh! ¡Así que es por eso que mi abuelo lo hizo!” dirán o “¡Oh, sí, recuerdo haber escuchado acerca de la virgen que dio a luz a dos gemelos que fueron los primeros humanos, es como la Virgen María!”

Al mismo tiempo, la visión indígena ha ido aumentando en El Salvador, el cual una vez se pensó que era un país que no tenía población indígena desde la masacre de 1932 en Izcalco que reclamaba la vida de aproximadamente de 32,000 personas.

En agosto, un grupo de personas indígenas en Izcalco hicieron una demanda pública en la cual pedían se les reconociera de manera oficial y pidieron al gobierno se firmara en el artículo 169 de la Ley Internacional del Trabajo, ley internacional que garantiza los derechos de las personas indígenas.

Y en octubre, el Presidente salvadoreño Mauricio Funes dio una disculpa pública a las personas indígenas del país por el desempeño histórico del gobierno en su represión y respondiendo a su demanda de reconocer a El Salvador como una “sociedad multiétnica y multicultural.”

Después de mi regreso a la ciudad, Juan me mandó unas palabras de un cacique indígena de mi propio país, conocido en el Norte como el famoso Cacique Seattle, y me pidió agregarlas a esta nota:

Tal vez comprendan ustedes un día que nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes, ahora ustedes piensan que Dios les pertenece así como quieren que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así, El es el Dios de todos los hombres, su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inmenso para El y si se daña se provocara la ira del Creador; también los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Los hombres blancos contaminan sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

Pero ustedes caminaran a su propia destrucción, rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja.

Ese destino es un misterio para nosotros pues no entendemos porque se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes.

Donde esta el Matorral? Destruido
Donde esta el águila? Desapareció
Termina la vida y empieza la supervivencia.

-Gran Jefe Noah Seathl de las tribus Duwamish, Suquamish, y Skykomish

Para mayor información acerca de las comunidades indígenas de El Salvador y sus esfuerzos por recuperar la memoria y herencia ancestral, escríban a la dirección mesopermacultura@yahoo.es

Escuchando a mi mismo en el Centro de Artes Ecológicas

Escuchando a mi mismo en el Centro de Artes Ecológicas

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Claudia Duarte

SAJONIA, RIO NEGRO, Colombia – Mi contacto principal en Medellín, a quien conocí por medio de amigos de la Caravana del Arco iris en México, es un líder misterioso en el movimiento ambiental, dueño de un café, ingeniero y permacultor, conocido para mí solo como Pato. Tristemente para mi, Pato estuvo en Perú durante la duración de mi estadía, pero me puso en contacto con un par de jóvenes compañeros que me guiaron debidamente.

El primero me llevo a la campiña, para un merecido respiro de la ciudad, al recién fundado Centro de Artes Ecológicas. Me solicitaron que colabore con un libro sobre proyectos de permacultura alrededor del mundo, estaba muy intrigada por conocer lo que estos creativos paisas habían ideado. No estoy segura de que esperaba – casas ecológicas, jardines fragantes y un equipo ocupado quizás – pero no fue lo que encontré.

En la parada de autobuses sobre el camino de grava, cerca de Sajonia, Río Negro, me esperaba David Rojas, un voluntario que en ausencia de Pato se estaba haciendo cargo de sus responsabilidades. Se echo al hombro mi pesada mochila y juntos bajamos por el camino.

“Algún día planeamos construir edificios, pero por ahora solo tenemos el carro-casa,” me iba contando.

El Centro de Artes Ecológicas se encuentra ubicado actualmente en una pequeña casa mobil, desglosada, donada por un ciudadano alemán que solía viajar constantemente a Latinoamericana. Parecía que estaríamos acampando. “Espero que no estés decepcionada,” me dijo David.

Rápidamente me recupere de mi desilusión inicial, y empece a escuchar y ver lo que encontraba a mi alrededor. David, un joven de suave hablar y despeinada cabellera, parecía llevar el peso del valor de cada palabra frente a la de la quietud. Pronto encontré un manantial de sabiduría en que esa quietud y en las conversaciones que compartimos en este refugio de montaña hermosa.

“La mayoría de la gente está tan ocupada que realmente no se toman el tiempo ni siquiera de escucharse a ellos mismos, mucho menos a la naturaleza que nos rodea,” me dijo. “Llegué a este lugar justamente para hacer eso.”

Me acompañó a recorrer el lugar, los puntos de vista sobre las prácticas innovadoras de la permacultura que el grupo está aplicando son variadas mientras los desarrollan en la propiedad para ir convirtiéndola en un centro de entrenamiento de diseño ecológico. La hectárea de tierra que el grupo ha elegido es enormemente diversa, se encuentran desde un río, humedales, bosques de pinos hasta pastizales, y se inclina hacia arriba hacia una espectacular vista de las colinas de alrededor.

Me dio una demostración de la técnica de los eco–ladrillos la cual está siendo utilizada en varios sitios en Latinoamérica, la misma consiste en llenar botellas de plásticos con basura y compactarlas para ser convertidas en ladrillos para construir depósitos de agua, tanques, bancos, caminos y hasta casas.

La oscuridad cayó, hicimos un fuego, y cocinamos una cena simple de pasta con cebolla, tomates y queso, servida con aguapanela – una deliciosa bebida típica de la región hecha de agua caliente y panela, un trozo sin refinar de azúcar condensada.

Me desperté con el sonido de la lluvia sobre el techo de metal y me sentí un enorme sentimiento de gratitud por el refugio del carro-casa. Pasé un rato escuchando la lluvia, los pájaros, la respiración tranquila de David en la cama sobre la cabina – y a mí misma.

Al día siguiente viajamos juntos a la ciudad de La Ceja, donde conocí a su amigo y colega Andrés Correa, otro joven energético y carismático líder. Ambos están trabajando en el diseño de un proyecto ecológico para un eco-resort en Corconá, Tierra de Agua, y me acompañaron en un recorrido por un nuevo proyecto agro forestal establecido por el YMCA, en el cual conducen talleres con los jóvenes locales. Aquí nos encontrábamos en frente al centro, sentados en un banco hecho por con eco-ladrillos por Andrés y su grupo de jóvenes mientras la noche iba cayendo.

Sobre el café, Andrés indagó sobre mis viajes. Estaba intrigado por el concepto de mi viaje, y quería saber que había visto. Pero mas que nada, quería saber si había encontrado lo que estaba buscando: Esperanza.

El y David son novatos en la causa de la permacultura, ven un movimiento de vuelta a la tierra que va creciendo y evolucionando en su país, a causa del cambio que se siente en el aire – cambios predicados por políticos que hacen muy poco pero manifestados en ultima instancia por la naturaleza misma, por la dependencia y la escasez de petróleo y otras sustancias de las cuales depende nuestra economía, y por las profecías del Calendario Maya, el cual termina su ciclo en el 2012.

“Básicamente, nos estamos preparando,” me dijo. “Me gustaría sentir esperanza, pero principalmente, creo que necesitamos sentirnos preparados”.

En muchas de mis conversaciones aquí en el Sur, pregunto a personas sobre la visión que tienen de la transición que llega, y en frente a la fogata, David me dejó con una imagen que quedará conmigo por siempre. La recordé aquella noche sobre el café, y terminamos nuestra conversación con una nota esperanzadora.

De vuelta a la fogata, David había respondido a mi pregunta con un gesto hacia las montañas que nos rodeaban.

“Veo un futuro aquí en esta montaña, estará llena de pequeñas fogatas como esta misma, y junto con cada fuego habrá una familia,” dijo él. “Estarán cocinando juntos, compartiendo aguapanela, hablando los unos con los otros justamente como nosotros lo estamos haciendo.

“Ahora mismo, en donde veas una luz es una familia – Una familia que es mas probable que este sentada en frente al televisor o a la computadora, pero probablemente no estén hablando los unos con los otros. Creo que eso va a cambiar.”
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Yo también pienso eso – y por todo el miedo que el cambio pueda generar, al final, puede ser que no sea algo tan malo.

Para mayor información sobre el Centro de Artes Ecológicas, busque a su blog, Aprender Ahsiendo, o su página de Facebook.


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Construyendo un mundo mejor con bambú

Construyendo un mundo mejor con bambú

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Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Janina Ralda y Gaby de Mendoza

CERRO ROKE, Paraguay—El bus rojo hace su recorrido traqueteante, bajando por el camino de terracería rojo, abriéndose brecha a través de la niebla gris. El conductor me aseguró que no habíamos ido demasiado lejos; mi destino era la ultima parada del recorrido. Finalmente hace un frenazo sacudido.

La entrada de bambú era la única pista que tenía de haber llegado a Takuara Rendá, centro de permacultura de Paraguay. Guillermo Gayo, el corazón de todo el proyecto, estaba allí para saludarme y darme la bienvenida al estilo sudamericano, con el tradicional beso en las dos mejillas.

Yo conocí acerca de Takuara Rendá en el Foro Social de las Américas en Asunción, donde Guillermo había transformado un rincón del intenso y ocupado foro en un santuario de paz con una de sus casas de bambú.

Fue allí donde conocí sobre su participación única en permacultura, basándose en los principios básicos del bambú y el trabajo de toda una vida como arquitecto, dedicándose al campo de la bioconstrucción, una forma de construcción que hace énfasis en el uso de recursos naturales y tecnología sostenible.

Takuara Rendá, el centro de permacultura en referencia, posee ese nombre derivado del idioma nativo de Paraguay, Guaraní, que significa “hogar del bambú”. Como un arquitecto y diseñador en busca de dignificar la vida de las personas, mitigando al mismo tiempo el impacto ambiental, tiene la inclinación hacia el bambú como un recurso renovable rápido y como un material de construcción altamente versátil.

Me invitó a conocer su centro de permacultura*, el cual se encuentra aproximadamente a dos horas de distancia de la ciudad de Paraguarí, de modo que pudiera conocerlo por cuenta propia y así lo hice.

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Lo que encontré allí, en los exuberantes bosques verdes, era algo parecido a un santuario zen y el taller de un inventor poblado de árboles y un centro de aprendizaje con participación activa. Allí se encontraba el personal; estudiantes paraguayos, argentinos, brasileños, trabajando en el ensamble de creaciones en bambú, desde puertas y sillas hasta instalaciones de luz.

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Lo que no era tan visible era el infinitamente minucioso trabajo de crear una reserva agroforestal de un terreno incultivable donde se agotaban los recursos naturales.

La renovación, el cultivo de árboles del bosque, el jardín y el taller de bambú, trabajan en conjunto para crear un estilo de vida integral para Guillermo, quien se gana la vida enseñando en todo el continente sobre la bioconstrucción utilizando bambú. Guillermo enseñaba antes herramientas para la subsistencia del planeta hasta que encontró en la casa de un amigo brasileño la guía de permacultura de David Holmgren traducida al español. Leer el libro le hizo recordar varios aspectos de sus ideas y práctica y logró llevarlos hacia un mejor enfoque, el cual eventualmente lo dirigió al aprendizaje del diseño en permacultura y al establecimiento de Takuara Rendá.

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“Si hubieran visto este lugar hace diez años, no lo hubieran creído”, les cuenta a un grupo de invitados de Asunción, quienes llegaron a hacer un recorrido por el lugar. Explotado, lleno de maleza y quemado una y otra vez, ya que esa era la práctica agricultural de ese lugar, la tierra había llegado al punto en que la regeneración natural estaba a punto de no ser posible. “Era como un tejido con cicatrices” nos cuenta. “Tuvimos que reincorporar la tierra y eso toma tiempo”.

Es difícil imaginarlo, al ver ahora alrededor del bosque frondoso y el increíble y diverso desarrollo – palmera coco, acacia, guayaba y papaya, junto con cactus, piña se entremezclan con parches de musgo y helecho – es difícil de pensar.

En esta tierra parece que pudiera crecer cualquier cosa. Pero fue el resultado de años de limpiar la maleza, preparar la tierra con composta, y cultivar los retoños de palmera, guayabas y papayas con agua y los nutrientes necesarios. “Nosotros los humanos tenemos una capacidad grande para la destrucción, pero también tenemos una capacidad grande para la recuperación”, comenta.

Más tarde Guillermo me llevó a uno de los lugares más duros y rudos de la tierra, donde él sutilmente engaña a los pastos nativos de la tierra, en otro lugar está cultivando retoños de nuez de macadamia, árboles de mango, entre otros vegetales. La idea es sembrar para mañana, y para los próximos diez años a la vez, empezando desde ahora, explicó. Los vegetales servirán de alimento mientras los árboles crecen lo suficiente para proveerles fruta y nueces.

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Pero Guillermo, el agricultor, cambia rápidamente a Guillermo el inventor al momento de explicarles a sus estudiantes las leyes de aerodinámica y como se aplican a un molino de viento que construyen para bombear agua, o como ellos meditan acerca de los planes para un serrucho accionado por medio de un péndulo.

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Y Guillermo el inventor también puede fácilmente convertirse en Guillermo el arquitecto, al explicarnos el por qué de las líneas curvas en el techo y las paredes que enmarcan este edificio.

“Debemos romper el esquema rectagonal” – la forma en que nuestras estructuras se crean en la ciudad, están diseñadas para incrementar la productividad, pero la naturaleza está organizada fuera de esa estructura lineal. “Lo que hemos tratado de hacer es crear un hábitat que sea compatible con la biología.”

Como es típico en los permaculturistas, Guillermo posee su propia historia, que es tan interesante como la del centro de aprendizaje. El nació en Argentina y estudiaba en los años 60 y 70. Como muchos de su generación, su participación en movimientos sociales llamó la atención del gobierno represivo de esa época, obligándolo a huir por su vida para evitar enfrentar el trágico destino que tuvieron muchos de sus amigos, la tortura y la muerte.

Decidió dirigirse al norte de Paraguay. Vivió muchos años en Asunción, donde cambió esa resistencia a una de forma más espiritual – una en la cual el podría continuar trabajando por un mundo más sostenible, pero sin arriesgar su vida bajo un régimen de dictadura diferente. A través de la enseñanza del calendario Maya en un centro de pensamiento alternativo él y unos amigos reflexionaron acerca de la historia aborigen de estos suelos, donde los guaraníes aún viven en armonía con la tierra – marginados y en áreas extremadamente remotas del bosque, pero sobreviviendo de la manera en que lo hicieron sus ancestros.
“Los guaraníes no construyeron grandes monumentos, pero lo que dejaron atrás era algo mejor… un ambiente integrado.”

“Hemos destruido un hábitat completo y va a ser muy costoso repararlo. Pero ellos no dejaron nada fuera de su lugar”. Después de la amplia discusión sobre el tema, Guillermo recalca, “hemos llegado a la conclusión que debemos pedir perdón – a la tierra, a los ancestros, a la gente indígena. Al pedir perdón debes ofrecer algo – no solamente decirlo.”

Lo que Guillermo ofrecía era su experiencia como maestro de bioconstrucción, trabajando con un bajo presupuesto y con la gente indígena para ayudarlos a crear espacios habitacionales cómodos y dignos, trabajó con los guaraníes en Paraguay y con los maya quichés de Guatemala, a crear reservas de agua que los ayudarían a evitar las largas horas de cargar agua en la espalda desde las fuentes de dicho líquido que se encuentran alejadas.

En 1999 trajo Takuara Rendá, un centro de demostración de vida sostenible, donde la gracia de las estructuras de bambú perfumadas con hierbas dulces se dispersa entre los árboles.

“Tratamos de hacer los espacios habitacionales lo más pequeño posible y éste se extiende a la parte de afuera”, explicó. “Creemos que con menos que vivas, lo harás mucho mejor”.

El poco tiempo en Takuara Rendá, parece confirmar la veracidad de estas palabras. Yo dormí en una de esas casas de bambú, sobre una cama con base de bambú, con un colchón ecológico de pasto; lavé los platos en un lavatrastos afuera protegido por un cobertizo de bambú, utilizando agua minuciosamente distribuida a través de una serie de botellas plásticas recicladas con un ingenioso sistema de conservación; me senté en una silla de bambú con una mesa del mismo material, y tomé maté en una matero y bombilla de bambú. Utilicé un baño seco de bambú con una ingeniosa forma en espiral, sin sufrir ninguna incomodidad. Manoel, el estudiante brasileño, me ayudó a labrar mi propia taza para beber, utilizando una parte del bambú.

Respiré el aire fresco, mis ojos estaban empapados de la frescura verde, me sentí mucho mejor de lo que me había sentido en semanas. Recapacité sobre una pregunta que Guillermo hizo: “¿Qué es salud – es solamente física, o es espiritual? al decir espiritual no me refiero al sistema religioso que se mantiene corrigiendo una estructura donde todo va mal”.

Mi tiempo con Guillermo, con su asistente Milciades y los estudiantes argentinos y brasileños fue tan corto. Yo deambulaba por los bosques misteriosos y las extrañas formaciones rocosas, escuchando el canto entre los pájaros. Comí deliciosa comida orgánica, preparada por los jóvenes en una sencilla estufa de madera bajo un rótulo pintado a mano con la leyenda de las palabras de Hipócrates que al parecer la medicina moderna ha olvidado: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Ya de regreso en la ciudad, veo el paisaje con formar cuadradas y líneas rectas, y entonces suspiro. Algún día me gustaría tener mi propio Takuara Rendá. Hasta entonces, tengo mi taza para beber hecha de bambú.

Takuara Rendá acepta voluntarios por un tiempo mínimo de dos semanas y un máximo de tres meses. Tiempo durante el cual puedes aprender por medio de práctica; los principios y el ejercicio de la bioconstrucción, cultivo de árboles del bosque, tecnología alternativa y permacultura.

*La permacultura es el diseño de hábitats humanos sostenibles y sistemas agriculturales, que imita las relaciones encontradas en los patrones de la naturaleza. El libro que cambió la vida de Guillermo se puede bajar gratis en el internet como libro electrónico en este sitio.


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Teopantli Kalpulli: Recuperación de lo sagrado en la vida cotidiana

Teopantli Kalpulli: Recuperación de lo sagrado en la vida cotidiana

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Katy D’Oporto

SAN ISIDRO MAZATEPEC, Jalisco, México – Era época de cosecha cuando visité Teopantli Kalpulli, y el maíz nativo de colores estaba en el suelo, secándose al sol. Los niños jugaban en el patio de la escuela cubierto de pasto, mientras Levi Ríos detiene su ronda de momento para observarlos.

No muchos años atrás, este joven líder de la ecoaldea aprendió a leer en esta misma escuela, y ahora es un graduado de la universidad con varios años de experiencia en la ciudad como arquitecto profesional, que ha regresado a sus raíces pastorales para ayudar a guiar a una segunda generación en su comunidad.

Pasado, presente y futuro se reúnen en Teopantli Kalpulli, una comunidad intencional estilo ecoaldea ubicada alrededor de una hora al sur de Guadalajara. Estas familias viven cerca de la tierra, pero todavía disfrutan de las comodidades modernas. Concebida a finales de los década de 1970 por un pequeño grupo que incluía a los padres de Levi, Carlos Ríos y Beatriz Cárdenas, la comunidad ha crecido hasta convertirse en la comunidad intencional más grande de su clase en México.

Teopantli Kalpulli, una frase náhuatl que, traducida libremente, significa “aldea biorregional sagrada”, fue el resultado que tuvieron sus fundadores en “la búsqueda de un estilo de vida centrado en la tierra que incorpora las tradiciones sagradas de sus antepasados. Formaban parte de una red llamada Gran Hermandad Universal, y eran practicantes de yoga, la meditación y el vegetarianismo.

“Se dieron cuenta de que las Américas tenían sus propias tradiciones que son tan sagradas como las de Oriente, por lo que decidieron construir su comunidad en esas tradiciones”, explicó Levi.

Los kalpullis prehispánicos, explicó, eran pueblos que compartían una serie de disciplinas y prácticas culturales, como la siembra tradicional de maíz, la práctica de la danza sagrada y la versión indígena mexicana del temazcal, la cabaña de sudación ceremonial. Teopantli, dijo Levi, fue uno de los primeros espacios en México, que abrió sus puertas a los dirigentes indígenas a compartir sus enseñanzas, y esas enseñanzas se incorporaron a la estructura de las ecoaldeas.

Los miembros de la comunidad tratan de cultivar la mayor cantidad de sus propios alimentos orgánicos, tanto como sea posible, y reverencian el maíz y a la Madre Tierra como lo hicieron sus ancestros.

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Teopantli es un paraíso para los niños, que tienen el dominio del lugar. Veintiún familias tienen sus hogares en estas 92 hectáreas, concentradas en 17 acres de viviendas y espacios comunes. El resto de la tierra se utiliza para el cultivo de su maíz tradicional, para los jardines orgánicos y los árboles frutales y forestales.

La comunidad está diseñada para sostener 55 familias, por lo que la comunidad sigue aceptando nuevos miembros. La propiedad de la tierra es colectiva, Levi explicó, y esta concesión les permite a los miembros que construyan sus viviendas.

“Lo que estamos haciendo aquí es asegurar que la tierra pertenece a la comunidad”, explicó. Otro de los objetivos clave de la comunidad es asegurar una vida sana, en cooperativa; basada en este estilo de vida, la tierra puede ser accesible a todas las personas independientemente de su nivel de ingresos.

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La gira comenzó en el centro de la comunidad, donde una ceiba gigante, sagrada para los mayas y otros pueblos prehispánicos, extiende sus ramas frondosas sobre un círculo ceremonial.

La propia comunidad se presenta a lo largo de los cuatro puntos cardinales, con espacios sagrados en cada uno de los cuatro puntos: En el norte, una pequeña pirámide construida en el camino de sus antepasados prehispánicos; en el este, un santuario para el yoga y la meditación, en el sur, un calihuey, el templo sagrado de los antepasados huicholes, y en el oeste, un temazcal. En cada uno de estos cuatro espacios, que poseen diferentes celebraciones durante todo el año.

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“Hemos aprendido de los huicholes para vincular la siembra del maíz con un calendario de actividades durante todo el año”, dijo Levi. La planificación de actividades en diferentes partes de la comunidad es importante, explicó, ya que “mantiene la energía en movimiento” en toda la comunidad.

Una de las principales prioridades para que la comunidad entre en su siguiente fase, explicó, es ampliar la escuela para crear aulas diferentes para los distintos grupos de edad. En la actualidad los 14 niños que pertenecen a la comunidad estudian en un aula común, pero el grupo sigue creciendo, con la adición de dos familias que se unieron en el último año.

Uno de los cambios que el pueblo ha visto, es que con el tiempo, se produce un aumento en el nivel educativo, explicó Levi. Sus padres tuvieron la suerte de asistir a la universidad, dijo, pero la mayoría de los fundadores no lo hizo, y fue siempre una lucha ganar suficiente dinero para apoyar a la comunidad.

Parte de ese esfuerzo hercúleo es la participación en la reconstrucción del suelo, agotado por años de roza, tumba y quema y el pastoreo excesivo, y la reforestación de lo que se había convertido en pastizales deforestados.

“Si yo le muestro las fotografías de este lugar cuando la primera comunidad compró la tierra, no lo creería – ni un árbol o arbusto podía ser visto”, dijo. “Si te fijas, toda la tierra alrededor de la comunidad son pastos “.
Es cierto, me di cuenta – que había entrado en un exuberante oasis de bosques de madera dura y espacios con abundantes jardines.

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Hoy en día, ya que la comunidad entra en su segunda generación, Levi estaba explicando, más miembros de la comunidad han ido a la universidad y han traído a la comunidad una variedad de habilidades. Hoy en día, el 90 por ciento de los residentes son capaces de ganarse la vida de los negocios basados en la comunidad, 10 por ciento de ellos viajan a la ciudad para hacer otros trabajos.

El siguiente fue un recorrido por el prolífico jardín de permacultura. Nueve hectáreas (20 acres) se trabajan con el tractor antiguo y se plantan como una milpa tradicional – maíz, frijol y calabaza – a la manera tradicional de los antepasados.

Levi intercambia verduras de su jardín con otras familias que producen granos enteros, productos horneados, miel, leche de soya, tofu y una variedad de otros artículos.

“El trueque es algo que viene de manera natural”, dijo. “La gente tiene talleres en sus casas, y los intercambios son justos”.

En los bordes de las zonas comunes están las casas, construidas por cada uno de los mismos propietarios. Todas están construidas con materiales disponibles en el área local, algunas con adobe, otras de ladrillo. Pasamos una que ha sido abandonado y el propietario la ha puesto a la venta.

“Es simplemente que la vida no es tan fácil aquí”, explicó Levi. “Tienes que ser capaz de hacer funcionar la economía para ti, tienes que ser capaz de vivir aislado del sistema económico. Si usted puede desarrollar una actividad profesional aislado de la ciudad, usted puede hacer que funcione – pero no es para todos.”

Pocas comunidades como ésta han sobrevivido durante tanto tiempo, dijo. “Hay alrededor de cinco como ésta en México, pero ninguno de ellos con mayor número de personas de las que tenemos ahora en Kalpulli”.

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La gira comenzó en un cómodo y amplio salón comedor de la comunidad, donde Beatriz y sus dos hijos, Yuma y Maya, están disfrutando del sol en el patio. Beatriz es suiza y su esposo es mexicano, y son una de las nuevas familias en la comunidad.

Maya y Yuma están trabajando arduamente en coloración, y Levi se detiene a admirar su obra – y también la de Beatriz, que, Levi me informa, ha diseñado el hermoso suéter de punto que está usando, que es de lino orgánico.

Beatriz ha hecho un negocio de venta de estos suéteres. Éste, dice, tomó alrededor de 80 horas de trabajo y se venderá por 700 pesos – un poco más de $ 50 dólares americanos.

Seguimos en nuestro camino, y nos reunimos Celia Rubalcava, quien tiene un negocio de leche de soya en su casa, e Isaac, que está usando un molino manual para quebrar el maíz seco. Sus hijos están jugando a sus pies, haciendo lo que parecen ser platos muy elaborados de barro.

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“Aurima, ¿qué estás haciendo? ¿Haces bolitas?” pregunta Leví, y Aurima le muestra con orgullo sus creaciones.

En la casa de al lado, me encuentro con José Luis Gutiérrez y Angelita, que operan una pequeña panadería grano entero (integral) y la fábrica de queso de soya en su casa. Me enseñaron todo y compartieron conmigo un poco de pinole de maíz – un polvo de canela, azúcar morena y maíz tostado molido, lo comen como aperitivo o mezclado con agua caliente para una deliciosa bebida.

Luego fuimos a la zona de temazcal, donde pequeñas estructuras abovedadas esperaban para la próxima ceremonia de sudación. Algunas de estas ceremonias son abiertas al público, y otras son sólo para la comunidad.

Por último Levi me lleva a su casa, una fresca casa de ladrillo y adobe con líneas sencillas y limpias, un porche con una hamaca y un hermoso altar que da a los campos.

Él compartió conmigo un poco acerca de su decisión de regresar a la comunidad después de ocho años en Guadalajara, cuatro años en el ITESO, una universidad jesuita, y cuatro años más de trabajo en arquitectura en una empresa constructora local.

“Creo que todas las personas tienen una misión en la vida – ¡o si no tienen una, deben tenerla! – Pero para mí, que crecí en una comunidad, esto me ha marcado con una especial visión comunitaria”, dijo. “Yo quería ir a la universidad, precisamente para ampliar este concepto de comunidad.”

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Vecinos valen por su mismo después de Agatha

Vecinos valen por su mismo después de Agatha

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Por Tracy L. Barnett
Traducido por Julie Butler

SAN LUCAS TOLIMAN, Guatemala – El director de escuela Anexo, Aroldo Jerez Celada, últimamente el director de albergue para los damnificados de Agatha, entiende la importancia de los árboles para la prevención de desastres como la tormenta tropical Agatha. Además, ha visto de primera mano el desastre humano que dificulta la necesidad evidente a reforestar.
 
“Por supuesto, nosotros a la escuela nos inquietamos por este desastre, ubicado como estamos al pie de estos volcanes. Hemos hecho mas que inquitearse: hemos intentado hacer algo ante él.”
Hace algunos años organizó un grupo de voluntarios sociales con estudiantes para plantar árboles en las laderas empinadas circundantes de este pueblo. Consulta con expertos sobre cuáles especies eran buenas para estas condiciones climáticas y recauda fondos para comprar las estaquillas.
 
El grupo estuvo orgulloso y jubiloso con su primer plantación de 500 árboles. Tuvieron un proyecto para seguir manteniéndolos, repartiendo turnos para subir las laderas a verificar y regar durante la época seca. Pero un día descubrieron que la zona plantada había sido cercada. La pendiente empinada estaba prevista para urbanización.
 
En muchos casos, las municipalidades tienden a ser más parte del problema que de la solución. Aquí, un barrio muy afectado por la tormenta fue el complejo de viviendas subvencionadas construido al lado de una ladera. El día de la tormenta y todavía el día siguiente, los oficiales estuvieron notablemente ausentes, me dijeron Jerez y otros.
 
“Nuestro municipalidad, desgraciadamente, necesita ser más organizado,” dijo Jerez. “No tenían plan, nadie sabía que hacer o dónde ir.”
 
Empecé el día con Rony Lec, del Instituto Mesoamericano de Permacultura, y otros miembros de una coalición de grupos sociales reunidos en la sala municipal. Estaban trazando un plano de emergencia, asignando tareas, sin aporte aparente de la municipalidad que estuvo en gran parte ausente. Rony dirigía la reunión. Como la mayoría de los otros en esta comisión, él trabaja de tiempo completo sin sueldo para ayudar a organizar la respuesta a la tormenta. Dejé el grupo hacer su tarea enorme y me dirigí a la escuela/albergue para entrevistar a Jerez.
 
El sábado por la mañana, después de unas 12 horas de lluvia intensa y torrencial que seguía sin disminuir, Jerez se atrevió a alquilar un mototaxi y echar una mirada a su alrededor.

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“Me di cuenta a las 9 horas que tuvimos un desastre,” dijo. “Ya había muchas familias en la zona del campo de fútbol de quienes sus casas estaban bajo del agua.”

Algunas horas más tarde, vinieron los primeros deslaves de tierras, y entonces la gente empezó a llegar. A partir de hoy, seis días más tarde, él cuida de 40 familias, 72 personas en total.
 
Nadie apareció del municipalidad hasta el día próximo. Aroldo tuvo niños enfermos en el refugio, incluyendo una niña con neumonía, y él asumió la responsabilidad de contactar una organización para pedirle medicina donada que llegó 24 horas más tarde. Me mostró con orgullo su amplia reserva.

Reservas para emergencias por fin habían sido repartidas por el gobierno federal el martes. Pero no había personal para coordinar el reparto, y la comida y otras reservas fueron agarrados por quienquiera estaban allá.
 
De repente, un golpe se escuchó en la puerta. Por fin el alcalde llegó.

Era mi chance de conseguir una entrevista, pensé. Salí con Jerez, a descubrir el alcalde rodeado por los habitantes del refugio, cada uno intentando decir su historia, suplicando ayuda. Mientras rodaban las cámaras, el alcalde les escuchó atentamente con lágrimas en sus ojos. Prometió hacer lo que podía y se puso en dirección a la puerta.

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Le detuve para pedirle algunos minutos de su tiempo y me dijo que lo encontrara en su oficina en media hora. “Él no estará,” un hombre en el refugio se rió.
 
Tenía razón; no era el alcalde. Lo esperé una hora. Por fin, lo vi acercándose a la plaza central, flanqueado por una multitud, hablando a muchos ellos. Entonces se preparó para salir. Me acerqué y conseguí su atención, su disculpa, su número de telefono, y acordé llamarle en el tarde. No había respuesta, y su correo de voz no aceptó mensajes. Entonces, lamentablemente, no puedo contar su versión.
 
Félix Gómez, un representante de la Fundación Guillermo Toriello, una dedicada desarrollo social, preside la comisión para la emergencia. Había sido entrenado en manejo de riesgos y trabajaba en la comunidad para preparar a la gente para desastres como éste, cuando Agatha cayó con todo su furia y él se quedó atrapado acá.
 
“Escuchamos en las noticias del jueves que la tormenta fue viniendo” dijo Gómez. “Lamentablemente no tenemos cultura de preparación para desastres.”
 
Gómez ya había avisado a oficiales del gobierno que la gente no debería vivir en zonas de alto riesgo al pie de las montañas, pero su aviso no tuvo atención.
 
Voluntarios crearon un formulario y fueron de refugio a refugio realizando un censo durante los dos primeros días. Los acompañé. El día tercero, empezamos a ir a los barrios de la periferia y a contactar a los líderes para conseguir un cálculo de cuantos había dejado sin hogar y no habían venido a los refugios.
 
Ayer, en refugio Pavarotti, la familia Sicay, Juan y Petrona, me invitó a su casa para ver los daños. Vivían cerca de la familia que fue sepultada en su casa y acordaron mostrarme el lugar.

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Los Sicays fueron una de las familias que vivían cerca del campo de fútbol, y su casa se llenó con agua el viernes por la inundacion torrente, antes de que empezaran los deslaves de tierras. Agarraron a sus hijos jóvenes y a los dos hijos más grandes y huyeron, corriendo por la calle con el agua hasta el pecho. No tuvieron ningún sitio a donde ir, y caminaron entre el aguacero hasta que llegaron a la casa de una familia que les cuidó hasta que se abrió el refugio.

Me mostraron la cocina, que tenía sólo un mueble – uno que antes servía para guardar sus platos. La mayoría se lo había llevado la tormenta. Pregunté donde estaba la estufa.
 
“Nunca tuve estufa – hacía mis tortillas aquí,” dijo Petrona, arrodillándose sobre lodo al lado de un par de bloques, donde antes hacía el fuego. “No te mentiré. Esto es como vivimos.”

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Un hueco grande en el fondo de la cocina mostraba cómo corrió el río dentro de su casa.
 
Luego, toda la familia entraron en fila al área de la habitación pequeña anexa, en donde colchones se apretujaban en un espacio estrecho, y un tocador rebosó con ropas mojadas. Una cuerda extendieron al largo del cuarto, donde colgaron espigas a secar, mismas que estaban empezando a enmohecer.

“Traeríamos nuestras ropas de afuera y intentaríamos salvarlas, pero no tenemos ningún lado para traerlos,” me explicó Patrona.
 
El hijo mayor, Juan Antonio, estaba atrás, intentando a rescatar lo quedó de la pequeña parcela con maíz, pero había muy poco para salvar. La mayoría estaba cubierto con lodo.

Al fin, les pedí llevarme al lugar donde la familia se había negado a salir de su casa y había quedado enterrada. Eran el padre, la madre, sus tres hijos, y un vecino que había intentando a rescatarles.

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El día terminó con un rayo de esperanza de una fuente más alta que el gobierno. La noche antes, noté una multitud congregándose por las calles, maravillarse por una luz brillante que venía desde los cerros. Era tan arriba que nadie podía subirse el cerro para poner una lámpera.
Al otro lado del deslave de tierras relució otra cosa – una imagen blanca de la Virgen María, desde un área de piedra estéril.
 
Para ver de más cerca, fui al pie del cerro con los jóvenes Emilio y Eliazar, con quienes estaba haciendo encuestas de los refugios y los barrios. Un campesino estaba detrás de su casa cuando pasamos, y le pregunté que pensó de todo esto. “Bien, el libro bueno dice que habrá muchos presagios en los días últimos,” dijo, con carcajada. “Creo que los estamos viendo.”

Emilio y Eliazar tenían otra perspectiva en la situación. “Lo fui viendo más como señal de ánimo, como diciendo que cosas serán buenas.” dijo esperanzado Emilio.
 
Hoy, mientras regresé de las casas destruidas, la gente se congregaba en las calles para presenciar otro maravilla – un grupo de jóvenes subiendo la montaña para presentar los respetos. Mis amigos Emilio y Eliazar, fueron con ellos.

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Aquí, algunas imágenes del día segundo en San Lucas.


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Permacultura echa raíces en el Lago de Atitlan

Permacultura echa raíces en el Lago de Atitlan

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Por Tracy L. Barnett
Traducido por Brenda Morales

San Lucas Tolimán, Guatemala – Rony Lec estaba dorando unos granos de café en un comal de arcilla cuando llegué, revolviendolos con paciencia tal el humo se levanta. Él cultivó el café en la parte de atrás, y cada una de las etapas de este proceso, como en muchos de sus otros procesos, por su propia cuenta.

Nos encontramos sentados alrededor de su mesa de cocina, en la casa que él mismo diseñó y construyó, compartiendo una taza de un café tan fresco que nunca antes habia probado. Un narrador con un suave maya Kakchiquel, su cabello en cola de caballo suelto y su gentil voz, Tony da un sorbo de esta fragante bebida y se prepara para contarme su historia.

Los filtros de luz entran de una manera tan agradable desde arriba através de la luz del cielo, pasando por una serie de tubos de bambo acomodados de una manera artistica, que a su vez pasan a través de los vidrios color café, verde y blanco que se encuentran por encima de nosotros sobre las paredes de adobo. Más tarde supe, para mi sorpresa, que esos cilindros son botellas de vidrio quebradas.

El tronco de un árbol con sus ramas retorcidas con gracia emerge en alguna parte a través de la escalera de hierro forjado; una lámpara de bambú tejido cuelga por encima de nosotros. La pared de piedra, la puerta arqueada en el fondo, la exuberante vegetación del jardin de atrás y el sabroso aroma de la cosecha propia y de la propia cocina préparada, completa la imagen de esta armonia natural.

Me encuentro en el hogar de un permaculturista.

La permacultura, para los no-iniciados, es un sistema de diseño que incorpora todo sobre la agricultura y la arquitectura para la organización y el desarrollo de la comunidad en un elegante sistema que trabaja en armonia completa con la naturaleza.

El explicar cómo fué que la permacultura llegó a este pequeño pueblo en medio de volcanes y de las costas del Lago Atitlán, es una historia tal como las curvas de los canales que Rony diseñó para desviar el flujo de las inundaciones torrenciales aqui.

Rony es uno de los cientos de los miles de Guatemaltecos a los que se les destruyó sus vidas a causa de los 36 años de guerra civil. Él era sólo un niño cuando su padre fue asesinado por el ejército.

“Mi familia estuvo siempre involucrada en el desarrollo y la organización de la comunidad, y esa era la realidad en esos dias; todo aquel que trabajaba para y por la comunidad era percibido como traidor”.

Su familia, por miedo de perder la vida, voló a los Estados Unidos de América con la ayuda de la Diócesis Católica de ‘New Ulm, Minn…’ que estaba muy presente en este pueblo.
Rony estudió en la Universidad de ‘Saint Thomas’ en Minesota, obteniendo un título universitario en antropologia cultural, pero siempre tuvo la idea de regresar a su hogar y aplicar sus conocimientos para hacer y marcar la diferencia para su gente.

“Yo nunca quise ganar conocimiento para plasmarlo en un libro y ponerlo en un estante” dijo, “para mi, el conocimiento tiene que ir más allá de la téoria, es algo que debemos poner en práctica”.

Regresando a casa en 1994, cuando el conflicto se calmó y las negociaciones estaban en marcha, él observó cómo podía realizar un proyecto en donde pudiera aplicar todo lo que él aprendió sobre sus raices en la tradición Maya, una tradición entretejida con los ritmos de la naturaleza.

“Mi idea era cómo podiamos reconstruir y rescatar nuestro conocimiento tradicional y ancestral, y por supuesto todo esto tiene mucho que ver con la agricultura, porque es la base de nuestra cultura”.

De su propia iniciativa leyó y buscó lejos y profundamente sobre las alternativas en la práctica de la agricultura, y empezó a ‘cavar’ en las tradiciones ancianas de su propia gente. Encontró su primer proyecto en una problématica de las zonas inundables cerca del lago, propiedad de la Diocésis Católica. Esta tierra era compactada por el pastoreo de ganado a través del paso de los años, y se inundaba todo al rededor de los hogares cada temporada de lluvia.

Rony pidió por esta tierra para tratar un sistema muy anciano conocido en viejo Nahuatl como ‘chinampas’. El sistema de chinampas está mejor ilustrado por el famoso diseño de la antigua Ciudad de México, el cual fue construido para desviar el flujo de aguas pantanosas del lago hacia unos canales. Un gran vestigio de este sistema anciano de chinampas es Xochimilco, un vecindario histórico al sur de la Ciudad de México.

Aqui en las tierras altas de Guatemala, el Kakchiquel Maya tuvo el mismo concepto pero con un nombre diferente, pero cayó en desuso muchos años atrás con la llegada de las técnicas modernas de la agricultura.

Rony organizó un grupo de granjeros para la subsistencia para ayudarlo a analizar la situación y reclamar esta tierra para que ellos pudieran cultivarla, pasaron muchas semanas cavando las zanjas que detendrían lentamente y enviarían a los canalas las fuertes aguas. Pero a la llegada de la temporada de lluvias, no funcionó; los canales fueron obstruidos con sedimentos y el proyecto fué inundado.

“Claro, en los libros de antropología te hablan de las chinampas, pero no te dicen cómo construirlos” recalcó con una risa.

Esto sucedió cuando fué invitado a una conferencia en los Estados Unidos de América para las prácticas de agricultura tradicional, y decidió hacer el viaje con un doble propósito: visitar igualmente, la base central de la organización Permacultura America Latina en Santa Fé.

Fué ahi, en la “casa de la permacultura” del Principal (PAL) fundador Ali Sharif donde Rony empezó a realizar el gran potencial de la permacultura para transformar los sistemas de vida. Él explicó su plan a Sharif, que vió y dió un diagnóstico rápidamente del problema. Los canales que habian realizado eran lineales y angulares – nada parecido a lo que uno encontraría en la naturaleza. El truco está en diseñar sistemas que trabajen tan bien como se pueda imitando a la naturaleza, le explicó Sharif, trabajar junto con la naturaleza no contra ella.

El viaje fué de un gran progreso para él, y terminó haciendo otro viaje a Australia para estudiar al legendario Bill Mollison, uno de los fundadores del sistema de permacultura.

Rapidamente, después de su viaje a Australia, se unió a él Rebecca Cutter, una artista, diseñadora y educadora de Nueva York, que escuchó acerca del grupo de Rony llamado ‘Ija’tz’, la palabra Kakchiquel para nombrar las semillas. Todo lo que ella sabía de este proyecto era que combinaba el diseño y la agricultura orgánica de maneras innovadoras. Ella llegó como voluntaria y terminó quedándose.

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El nuevo diseño de chinampas era a todas luces un éxito. Rebecca me dió un tour y fuí capaz de ver el exuberante bosque que ellos han creado en las vías urbanas en aproximadamente 60 por 150 metros, donde antes todo era estéril, tierra compacta. Estaba lloviendo y pude apreciar cómo el sistema de canales funciona.

“Lo que esto hace es frenar el agua”, Rebecca explicó. “Las aguas rápidas son destructivas”.

Las aguas impuras que bajan por las laderas de las colinas traen consigo
mucha tierra, limo, arena y otros escombros con ellas, las cuales terminaban en las casas de la gente que se inundaban cada año. Ahora el agua, asi como el suelo que trae consigo, es retenido en la tierra, y al final de cada temporada de lluvia, cuando los canales se secan, los granjeros los limpian y los vacian de esta temporada de riqueza de tierra, arena y limo, apilándolas a los lados. De esta manera montículos de rico y fértil suelo de un metro de altura o más se han construido a lo largo de los serpeantes canales.

Una proliferación de vida vegetal tropical, muchas de ellas comestibles, brota desde esas colinas. Rebecca me mostró la casa donde vivieron alguna vez en ese sitio; y “el círculo de plátanos”, una técnica de permacultura que involucra un círculo hecho de palmeras de plátanos usadas para tratar las aguas grises.

IxChel, la hija de Rebecca y Rony, de cabellos rizados, un ser brillante y lleno de energia, nos acompaña en el tour, corriendo para recoger fresas salvajes y flores amarillas para compartirnoslas.

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Los productores de la colectividad que crearon Ija’tz, por el momento, decidieron enfocar su energia para la producción y comercialización del café orgánico. Rony y Rebecca apoyaron su desición pero desean continuar promoviendo la cultura de Permacultura con la visión de proteger la diversidad genética tanto a nivel local como a través de Mesoamérica. Asi que, en el año 2000, Rony y Rebecca fundaron el Instituto Mesoaméricano de Permacultura, o IMAP, y las dos asociaciones continúan trabajando en conjunto apoyándose mutualmente.

En la década en la que fué fundado, el grupo ha organizado productores locales para la elaboración de semillas y vegetales orgánicanicos. Ha ayudado a crear el comercio equitable e intercambio de semillas con los granjeros y las organizaciones que trabajan localmente y a través de toda Guatemala. Han establecido un centro que ha adaptado el sistema de permacultura a un ajuste subtrópical y autóctono, donde han enseñado a cientos de estudiantes tanto locales como internacionales, y responder al desastre creado por el Huracán Stan con un sistema de tratamiento de aguas de baja tecnología, prácticas de conservación del suelo, jardines comunitarios y enfoques de tecnología adecuada en casos de desastre.

Quizás su más grande éxito ha sido el establecimiento del banco de semillas, almacenar semillas provenientes de miles de plantas nativas y diseminándolas através de los productores locales para mantenerlas en circulación. El banco de semillas es un concepto que ha estado creciendo gracias a la respuesta de un incremento homogeneizado de la agricultura, con productores corporativos presionando a las variedades locales para su existencia.

Ahora, sin embargo, es el momento partir, la lluvia está cayendo con más fuerza. Mi tour al IMAP y al banco de semillas tendrá que esperar un otro dia.


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Albert Bates en El Gran Cambio

Albert Bates en El Gran Cambio

(Arriba: Albert Bates, a la izquierda, con instructores de permacultura compañeros de Héctor Reyes y Ros María.)

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Luis Arias Blanco

Hoy en honor al Día de la Tierra pongo una reciente entrevista con Albert Bates, co-fundador de The Farm en Tennessee, la Red Global de Ecoaldeas, autor de “La Guía de Supervivencia Post-Petrolera y Recetario” y el próximo “La Solución Biochar”.

Tuve el privilegio de pasar algún tiempo con él y sus compañeros maestros de permacultura María Ros y Héctor Reyes en un curso de formación de permacultura en las Montañas Mayas de Investigación Agrícola de Belice hace poco, y puedo decir honestamente que muy pocas personas me han inspirado como lo ha hecho sobre la urgente necesidad de volver a lo básico del cuidado de nosotros mismos y nuestra Madre Tierra.
Escribi sobre el taller en: Lecciones de Vida en la Montaña Maya y De Una Selva a Otra: Un Pionero de los Tiempos Modernos.

También tuve la oportunidad de hacer una breve entrevista en tres partes con Albert, que acabo de editar y subí a YouTube. En la parte I, se discute lo que él llama El Gran Cambio – la evolución inevitable de una sociedad menos dependiente del petróleo y otros recursos que se acercan a sus límites naturales.

-¿Podemos tener una transición que sea graciosa y divertida y, podemos crear una sociedad que lo que venga después sea mejor que lo anterior? Pregunta Bates. -Eso es un asunto de debate – algunas personas creen que no será el caso, pero creo que es posible. “Su libro”La Guía de Supervivencia Post-Petrolera y Recetario, trata este tema en profundidad y da soluciones prácticas, que analiza en esta entrevista.

Como el Proyecto Esperanza, mi iniciativa de los nuevos medios, se centra en el movimiento por la sostenibilidad en América Latina, en la Parte II, le pregunté para discutir las lecciones que ha aprendido en sus viajes por el sur. Sus respuestas son sorprendentes.

En la Parte III, Bates habla de su nuevo libro, “La Solución Biochar: Agricultura de Carbono y Cambio Climático”, que discute el potencial de una tecnología biológica llamada Biochar como fuente de energía limpia, un suplemento rico del suelo y un dispositivo de captura de carbono de gran alcance.

Para más información, puede ver el blog de Albert, The Great Change (en inglés solamente, lo siento).

De la granja a la mesa, de Bolivia a Santa Fe

De la granja a la mesa, de Bolivia a Santa Fe

Por Anne Banas
Colaboradora con el Proyecto Esperanza
Traducido por Luis Arias Blanco

Nació en Cochabamba, Bolivia, y de origen quechua, el agrónomo, Emigdio Ballon ha construido un impresionante curriculum cuando se trata de ayudar a las comunidades en todo el mundo a restaurar su relación con las prácticas tradicionales agrícolas en forma sustentable.

Es Director de Agricultura en Tesuque Pueblo cerca de Santa Fe (de Nuevo México, Estados Unidos), co-fundador de Semillas de Cambio, y el Director Ejecutivo del Instituto Viajero de Permacultura Cuatro Puentes.

Como un genetista de plantas, que ha realizado una amplia investigación sobre los granos de quinua (tipo de cereal originario de los Andes Peruanos y considerado por los Incas como alimento sagrado) y amaranto, y ha estudiado la agricultura Biodinamica, qué consiste en un sistema unificado y autosuficiente de la agricultura que sigue los ciclos naturales de la tierra y los ritmos cósmicos, especialmente ciclos lunares. Y como si eso no fuera suficiente, también las prácticas de antiguos ritos de la siembra, que aprendió de su abuelo chamán en Bolivia.

El invierno pasado, asistí a la primera reunión de comestibles en el Insituto Edible en Santa Fe, Nuevo México, una reunión de escritores influyentes y los defensores dedicados a promover la integridad y la seguridad de nuestro suministro de alimentos. Si bien una gruesa capa de nieve cubría la ciudad, las voces de notables personajes como el editor de grano para moler alimentos Tom Philpott y la autora de libros de cocina localvore (termino que define a personas que tratan de consumir únicamente alimentos producidos en su región de residencia) Deborah Madison, se congregaron en el interior de la cálida Logia de Bishop Ranch para discutir nuestra cuenca alimentaria, definida como el flujo de nuestros alimentos en una zona determinada, de la granja a la mesa, y cualquier otro aspecto en el medio, y como nosotros como entusiastas de la comida local podemos contribuir a su mejoramiento.

Para muchos de nosotros, fue un tiempo de aprendizaje y de vínculo con pensadores afines. Pero fué la cálidez de Emigdio que con su espíritu en la sala de conferencias nos inspiró más allá de las palabras.

Su panel, -La cuenca alimentaria del Suroeste: El sostenimiento de la herencia culinaria de Arizona, Nuevo México, Texas y Oklahoma-; compartido por Deborah Madison, así como los alimentos y los defensores de la agricultura Miguel Esteban y Gary Paul Nabha centrando su trabajo en Nuevo México , especialmente en el Pueblo de Tesuque. Sus palabras, sin embargo, hacen eco a nivel mundial y mas allá.

Miguel Esteban, Emigdio Ballon, Deborah Madison and Gary Paul Nabha

Antes de comenzar su charla, este hombre tranquilo y reservado se puso de pie y pidió al mundo de los espíritus, en su nativa lengua quechua, recibir orientación sobre qué decir a todos nosotros. Después de besar la tierra, como parte de la ceremonia, se agachó y tomó una caja llena de productos naturales de la oreja de la “madre del maíz”, un frasco de miel de la región, un remedio a base de hierbas embotellada todo ello producido en la región. Habló enfáticamente mientras sostenía un tema tras otro, cada símbolo de la abundancia y la pérdida. Su acento era fuerte, pero su mensaje era claro. Todos nosotros, nos hemos separado de la tierra, pero tenemos que estar en conexión con los espíritus ya que la Madre Tierra nos ha dado todo-, dijo.

Como quizás muchos otros en la sala del Instituo Edible en su mayoría campesinos, activistas, escritores de alimentos, y los editores de revistas de las comunidades qué están bien versados en el tema en cuestión estaba tan fascinada como conmovida.

Su preocupación por los indígenas dista mucho de sentimental y llegó con una señal de advertencia. Explicó que incluso las culturas indígenas están atrapadas por la “gran dependencia en esta humanidad”, donde las leyes y la mecanización promovida por la sociedad y las empresas han causado que olviden lo que sus antepasados les enseñarón; en lo que al cultivo de alimentos respecta. Explicó cómo su pueblo con éxito cultivó quinua por más de 1.000 años en tierra firme.

-Todo funcionó, porque sabían cómo-, dijo. Los indios ya tenían conocimiento de nuevas técnicas como la Biodinamica, [pero] nos olvidamos de ellos porque la sociedad exige lucro.

-¿Para qué?-, Se pregunta. -Para matar gente.

Una vez que terminó, se sentó tan silenciosamente como se puso de pie. Hubo una pausa en silencio en la habitación, y luego todo el público estalló en una sincera ovación.

El peligro al que refiere es el uso de la ingeniería genética, que no sólo mantiene a los agricultores dependientes de las grandes corporaciones de las acciones de las semillas, sino que también resulta en disminución de la calidad de los alimentos, mismos que no proporcionan la nutrición adecuada y son potencialmente tóxicos para nuestra salud. Además, dijo, muchos agricultores han sido más o menos engañados en la compra de “semillas terminator” (semillas que no pueden ser replantadas después de ser cosechadas), mismas que sus ingresos no pueden permitirse de volver a comprar año tras año. Frente a la ruina financiera, algunos incluso han recurrido al suicidio.

Pero hay esperanza. Gran parte del trabajo de Emigdio se centra específicamente en ayudar a las comunidades nativas a ser autosuficientes, enseñándoles la importancia del ahorro de semillas que son los “descendientes de la Madre Maíz”, en lugar de seguir usando semillas genéticamente modificadas. Después de terminado el panel, me senté con él durante unos minutos para hablar de cómo se emplea esta filosofía en el Insituto Viajero Permacultura Cuatro Puentes (permacultura, derivado por permanente + agricultura, es un concepto que inicio con la promesa de un sistema de agricultura sustentable y hoy en dia se ha convertido en una forma de vida para convivir en armonía con la naturaleza – ahora, permanente + cultura).

Me dijo que su objetivo principal para la organización es reunir a la comunidad Hispana/Latina de todo el continente para ayudarles a ser independientes en la forma de producir alimentos. La palabra clave en el nombre de la organización es viajar, que indica cómo él pasa mucho de su tiempo ayudando a los campesinos pobres y comunidades de otros países, así como en Nuevo México.

Similar al tema de su charla, me contó cómo cada cultura tiene una forma tradicional en cuanto a prácticas agrícolas se refiere, pero se han vuelto muy alejado de ello, donde sus antepasados lo vivieron 1.000 años de esa manera y sin embargo hoy día usan fertilizantes y pesticidas. Cuando le pregunté cómo piensa que la recuperación de las tradiciones agrícolas puede contribuir a un futuro más sostenible a nivel mundial, explicó que todo el mundo debe entender la calidad y el beneficio de alimentos no contaminados y que en general, estos esfuerzos ayudarán a la humanidad, no sólo a los indígenas.

Para ver su obra de cerca, me invitó a visitar la sede Cuatro Puentes, Sken: Ken’hak nen (paz para siempre) Granja educativa, que comenzó con Lorena Kahneratokwas Gray, una miembro de la Nación Mohawk del estado de Nueva York. En menos de un año, la pareja ha construido bases sólidas para un centro educativo para niños y cualquier persona interesada en ver cómo funcióna el sistema en la granja. Aunque todavía en su etapa inicial, la granja pronto servirá como un modelo de trabajo para lo que Emigdio y Lorena enseñarán a todo el mundo, particularmente en América Latina.

Si bien perdí de vista a Emigdio, quién fué a buscar una jaula nueva para los ocho conejos que recientemente les donaron, Lorena estaba emocionado en mostrarme sus cabras recién adquiridas y me llevó por las tres hectáreas de propiedad. Con un cachorro de cuatro meses tirando de mi pantalón y un grupo de niños curiosos a nuestro alrededor, pasamos por una hilera de árboles frutales y en un campo despejado destinado para servir de jardín para “Tres Hermanas” (maíz, calabaza y frijol). Una buena parte del patio lateral, se utiliza como corral para las cabras, pavos, gallinas y otros animales de granja, y los futuros proyectos incluyen un jardín herbolario y un edificio de Talleres para la Elaboración de jabones y otros productos como el ungüento curativo como el que Lorena me dio como recuerdo.

Pero no es sólo acerca de la agricultura y la enseñanza. Para ellos, se trata también de volver a conectarse con la naturaleza en el sentido más profundo. Detrás de la casita se encuentra un recién puesto laberinto, y pronto, esperamos construir una valla de madera para asegurar la privacidad de las ceremonias espirituales y de la luna (mohawk, el quechua, y otros).

-No sólo la gente puede ver un modelo más sostenible para la agricultura, sino también comparten tradiciones. Cualquiera que quiera hacer algo espiritual es bienvenido-, dijo.

Aunque yo no participe oficialmente en una ceremonia, he interiorizado un poco acerca de cómo nuestra supervivencia podría depender de volver a conectarnos a la fuente en una multitud de maneras. Cuando me dirigía a mi coche con una mano en el bolsillo, ligeramente rozando el frasco de ungüento curativo con los dedos, reflexioné sobre lo que Emigdio dijo en el panel sobre cómo,

-la “Madre Tierra” nos ha dado todo-. Eché una última mirada a los inicios de la granja y me llené de un nuevo sentido de esperanza y motivación. Pensé para mis adentros: -Sí, si sólo empezamos por alguna parte, no importa cuán pequeña sea, uno por uno, podemos restaurar esta conexión, sanar la tierra, y en última instancia, sanarnos a nosotros mismos.