Por Anne Banas
Colaboradora con el Proyecto Esperanza
Traducido por Luis Arias Blanco
Nació en Cochabamba, Bolivia, y de origen quechua, el agrónomo, Emigdio Ballon ha construido un impresionante curriculum cuando se trata de ayudar a las comunidades en todo el mundo a restaurar su relación con las prácticas tradicionales agrícolas en forma sustentable.
Es Director de Agricultura en Tesuque Pueblo cerca de Santa Fe (de Nuevo México, Estados Unidos), co-fundador de Semillas de Cambio, y el Director Ejecutivo del Instituto Viajero de Permacultura Cuatro Puentes.
Como un genetista de plantas, que ha realizado una amplia investigación sobre los granos de quinua (tipo de cereal originario de los Andes Peruanos y considerado por los Incas como alimento sagrado) y amaranto, y ha estudiado la agricultura Biodinamica, qué consiste en un sistema unificado y autosuficiente de la agricultura que sigue los ciclos naturales de la tierra y los ritmos cósmicos, especialmente ciclos lunares. Y como si eso no fuera suficiente, también las prácticas de antiguos ritos de la siembra, que aprendió de su abuelo chamán en Bolivia.
El invierno pasado, asistí a la primera reunión de comestibles en el Insituto Edible en Santa Fe, Nuevo México, una reunión de escritores influyentes y los defensores dedicados a promover la integridad y la seguridad de nuestro suministro de alimentos. Si bien una gruesa capa de nieve cubría la ciudad, las voces de notables personajes como el editor de grano para moler alimentos Tom Philpott y la autora de libros de cocina localvore (termino que define a personas que tratan de consumir únicamente alimentos producidos en su región de residencia) Deborah Madison, se congregaron en el interior de la cálida Logia de Bishop Ranch para discutir nuestra cuenca alimentaria, definida como el flujo de nuestros alimentos en una zona determinada, de la granja a la mesa, y cualquier otro aspecto en el medio, y como nosotros como entusiastas de la comida local podemos contribuir a su mejoramiento.
Para muchos de nosotros, fue un tiempo de aprendizaje y de vínculo con pensadores afines. Pero fué la cálidez de Emigdio que con su espíritu en la sala de conferencias nos inspiró más allá de las palabras.
Su panel, -La cuenca alimentaria del Suroeste: El sostenimiento de la herencia culinaria de Arizona, Nuevo México, Texas y Oklahoma-; compartido por Deborah Madison, así como los alimentos y los defensores de la agricultura Miguel Esteban y Gary Paul Nabha centrando su trabajo en Nuevo México , especialmente en el Pueblo de Tesuque. Sus palabras, sin embargo, hacen eco a nivel mundial y mas allá.
Antes de comenzar su charla, este hombre tranquilo y reservado se puso de pie y pidió al mundo de los espíritus, en su nativa lengua quechua, recibir orientación sobre qué decir a todos nosotros. Después de besar la tierra, como parte de la ceremonia, se agachó y tomó una caja llena de productos naturales de la oreja de la “madre del maíz”, un frasco de miel de la región, un remedio a base de hierbas embotellada todo ello producido en la región. Habló enfáticamente mientras sostenía un tema tras otro, cada símbolo de la abundancia y la pérdida. Su acento era fuerte, pero su mensaje era claro. Todos nosotros, nos hemos separado de la tierra, pero tenemos que estar en conexión con los espíritus ya que la Madre Tierra nos ha dado todo-, dijo.
Como quizás muchos otros en la sala del Instituo Edible en su mayoría campesinos, activistas, escritores de alimentos, y los editores de revistas de las comunidades qué están bien versados en el tema en cuestión estaba tan fascinada como conmovida.
Su preocupación por los indígenas dista mucho de sentimental y llegó con una señal de advertencia. Explicó que incluso las culturas indígenas están atrapadas por la “gran dependencia en esta humanidad”, donde las leyes y la mecanización promovida por la sociedad y las empresas han causado que olviden lo que sus antepasados les enseñarón; en lo que al cultivo de alimentos respecta. Explicó cómo su pueblo con éxito cultivó quinua por más de 1.000 años en tierra firme.
-Todo funcionó, porque sabían cómo-, dijo. Los indios ya tenían conocimiento de nuevas técnicas como la Biodinamica, [pero] nos olvidamos de ellos porque la sociedad exige lucro.
-¿Para qué?-, Se pregunta. -Para matar gente.
Una vez que terminó, se sentó tan silenciosamente como se puso de pie. Hubo una pausa en silencio en la habitación, y luego todo el público estalló en una sincera ovación.
El peligro al que refiere es el uso de la ingeniería genética, que no sólo mantiene a los agricultores dependientes de las grandes corporaciones de las acciones de las semillas, sino que también resulta en disminución de la calidad de los alimentos, mismos que no proporcionan la nutrición adecuada y son potencialmente tóxicos para nuestra salud. Además, dijo, muchos agricultores han sido más o menos engañados en la compra de “semillas terminator” (semillas que no pueden ser replantadas después de ser cosechadas), mismas que sus ingresos no pueden permitirse de volver a comprar año tras año. Frente a la ruina financiera, algunos incluso han recurrido al suicidio.
Pero hay esperanza. Gran parte del trabajo de Emigdio se centra específicamente en ayudar a las comunidades nativas a ser autosuficientes, enseñándoles la importancia del ahorro de semillas que son los “descendientes de la Madre Maíz”, en lugar de seguir usando semillas genéticamente modificadas. Después de terminado el panel, me senté con él durante unos minutos para hablar de cómo se emplea esta filosofía en el Insituto Viajero Permacultura Cuatro Puentes (permacultura, derivado por permanente + agricultura, es un concepto que inicio con la promesa de un sistema de agricultura sustentable y hoy en dia se ha convertido en una forma de vida para convivir en armonía con la naturaleza – ahora, permanente + cultura).
Me dijo que su objetivo principal para la organización es reunir a la comunidad Hispana/Latina de todo el continente para ayudarles a ser independientes en la forma de producir alimentos. La palabra clave en el nombre de la organización es viajar, que indica cómo él pasa mucho de su tiempo ayudando a los campesinos pobres y comunidades de otros países, así como en Nuevo México.
Similar al tema de su charla, me contó cómo cada cultura tiene una forma tradicional en cuanto a prácticas agrícolas se refiere, pero se han vuelto muy alejado de ello, donde sus antepasados lo vivieron 1.000 años de esa manera y sin embargo hoy día usan fertilizantes y pesticidas. Cuando le pregunté cómo piensa que la recuperación de las tradiciones agrícolas puede contribuir a un futuro más sostenible a nivel mundial, explicó que todo el mundo debe entender la calidad y el beneficio de alimentos no contaminados y que en general, estos esfuerzos ayudarán a la humanidad, no sólo a los indígenas.
Para ver su obra de cerca, me invitó a visitar la sede Cuatro Puentes, Sken: Ken’hak nen (paz para siempre) Granja educativa, que comenzó con Lorena Kahneratokwas Gray, una miembro de la Nación Mohawk del estado de Nueva York. En menos de un año, la pareja ha construido bases sólidas para un centro educativo para niños y cualquier persona interesada en ver cómo funcióna el sistema en la granja. Aunque todavía en su etapa inicial, la granja pronto servirá como un modelo de trabajo para lo que Emigdio y Lorena enseñarán a todo el mundo, particularmente en América Latina.
Si bien perdí de vista a Emigdio, quién fué a buscar una jaula nueva para los ocho conejos que recientemente les donaron, Lorena estaba emocionado en mostrarme sus cabras recién adquiridas y me llevó por las tres hectáreas de propiedad. Con un cachorro de cuatro meses tirando de mi pantalón y un grupo de niños curiosos a nuestro alrededor, pasamos por una hilera de árboles frutales y en un campo despejado destinado para servir de jardín para “Tres Hermanas” (maíz, calabaza y frijol). Una buena parte del patio lateral, se utiliza como corral para las cabras, pavos, gallinas y otros animales de granja, y los futuros proyectos incluyen un jardín herbolario y un edificio de Talleres para la Elaboración de jabones y otros productos como el ungüento curativo como el que Lorena me dio como recuerdo.
Pero no es sólo acerca de la agricultura y la enseñanza. Para ellos, se trata también de volver a conectarse con la naturaleza en el sentido más profundo. Detrás de la casita se encuentra un recién puesto laberinto, y pronto, esperamos construir una valla de madera para asegurar la privacidad de las ceremonias espirituales y de la luna (mohawk, el quechua, y otros).
-No sólo la gente puede ver un modelo más sostenible para la agricultura, sino también comparten tradiciones. Cualquiera que quiera hacer algo espiritual es bienvenido-, dijo.
Aunque yo no participe oficialmente en una ceremonia, he interiorizado un poco acerca de cómo nuestra supervivencia podría depender de volver a conectarnos a la fuente en una multitud de maneras. Cuando me dirigía a mi coche con una mano en el bolsillo, ligeramente rozando el frasco de ungüento curativo con los dedos, reflexioné sobre lo que Emigdio dijo en el panel sobre cómo,
-la “Madre Tierra” nos ha dado todo-. Eché una última mirada a los inicios de la granja y me llené de un nuevo sentido de esperanza y motivación. Pensé para mis adentros: -Sí, si sólo empezamos por alguna parte, no importa cuán pequeña sea, uno por uno, podemos restaurar esta conexión, sanar la tierra, y en última instancia, sanarnos a nosotros mismos.


















