La esperanza prevalece durante un duro invierno en Bancos de San Hipólito

La esperanza prevalece durante un duro invierno en Bancos de San Hipólito

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Mariem Ortiz

Llegamos al asentamiento de Buenos Aires, Durango, mientras estaba rodeado de niebla, un poco después de las 9 de la mañana. Fue un duro viaje a través de la lluvia que caía a cántaros, en el que solo permanecía despierta gracias a las vívidas historias de mi inagotable compañero de viaje, el abogado de derechos humanos, Carlos Chávez de la Asociación de Jalisco para el Apoyo de Grupos Indígenas (AJAGI).

Aun faltaban casi 3 horas antes de llegar a Bancos, pero mientras tanto, un grupo de comuneros de Buenos Aires esperaba un “ride” en la cajuela de su camioneta. Sin perder el buen ánimo, Chávez se separo del volante, detrás del cual había permanecido durante 11 horas, y se bajó a saludar a un grupo de hombres temblando de frio.

Los campesinos de Buenos Aires nos invitaron a desayunar y después nos guiaron a lo que parecía un campamento de refugiados.

Una amarga ráfaga de viendo había pasado por la aldea, llevándose consigo techos de estaño de muchas de las casas de adobe a media noche, mientras los residentes dormían. La implacable lluvia y las bajas temperaturas se agregaban a la miseria de los residentes al mismo tiempo que estos intentaban reestructurar su vida.

Sin embargo, una visita de Carlos Chávez y los chavos de AJAGI era razón más que suficiente para reunirse. Una familia con una cocina aun funcional, nos invitó a refugiarnos mientras empezaba a llover de nuevo, y las tortillas recién hechas salieron del comal de una por una para envolver un huevo revuelto casero y deliciosos frijoles puercos y papas. Los familiares se reunían a nuestro alrededor, mirándonos con una sonrisa curiosa en la cara, pidiéndonos que comiéramos más de lo que parecía ser su única porción. Pero rechazarlo hubiera sido un insulto, entonces comimos.

Los extraños vientos, la lluvia fuera de temporada y la impensable tormenta de nieve de hace dos semanas eran los temas de conversación. Las lluvias de verano no habían llegado a tiempo para regar los cultivos, y gran cantidad de maíz se seco en el tallo. Mucho de lo que sobrevivió, sucumbió a los hongos cuando llegaron tarde las lluvias. Y después, meses y meses de lluvias invernales, y ahora un viento, similar a un tornado, había caído sobre ellos, algo que nunca habían visto antes.

El cambio climático no es una teoría para los Wixaritari, mejor conocidos por su nombre asignado por los españoles para facilitar la pronunciación: Huicholes. Están convencidos que lo viven día a día, y lo notan en estaciones más cortas y patrones de clima más extraños. Sin conocer la razón, les preocupa.

Pero no hay mucho tiempo para discutirlo. Hay mucha leña por juntar, techos que arreglar, niños que alimentar – y para algunos, una asamblea regional a la cual atender en el valle de Bancos.

Abogado Santos De La Cruz Carillo, comuneros Nazario Navarrete Lara and Fabian Carillo Aguilar, AJAGI asesores Yaser Ventura and Cristian Chávez, comuneros Don Jesús Ramírez and Prudencio Ramírez Navarrete, de izquierda a derecha - y con todavía suficiente espacio para mí.

Con ánimos altos, nos subimos a la fiel y enlodada camioneta Toyota de Chávez. Bancos está protegido naturalmente por un valle, y es mucho más cálido que Buenos Aires, ubicado en la montaña, unos 1,500 metros sobre el nivel del mar. Originalmente, muchas de estas familias vivían en Bancos. Los habitantes de Buenos Aires son pioneros modernos involucrados en reasentamientos y la reforestación de la tierra destruida por los taladores de comunidades vecinas.

Los reasentamientos son parte de una estrategia mayor, ideada por los líderes de la comunidad Huichol junto con Carlos y el resto de los miembros de AJAGI, proveedores de asistencia legal y técnica desde hace casi 20 años, ayudando a la comunidad a reclamar 55,000 hectáreas de tierra que había sido despojada.

Aproximadamente 140,000 hectáreas están en juego, incluyendo una andana de 10,720 hectáreas separando Bancos de San Andrés Cohamiata en el estado de Jalisco. En la decisión de 1998, la Organización Internacional de Labor dijo que los Huicholes tenían derecho a tierra, en base a pertenencia ancestral, aunque no tengan los títulos legales, una decisión que hasta ahora, el gobierno mexicano ha decidido no aceptar. Después de repetidos anuncios de la agencia internacional, se recibió respuesta del gobierno mexicano, apenas el año pasado, a favor de Bancos, pero eso no era todo. No reconocieron la propiedad ancestral que aparece en un documento llamado Convención 169, y por lo tanto el caso sigue inconcluso.

“El caso de Bancos de San Hipólito en una ocasión fue calificado por el actual Relator de Pueblos Indígenas de Naciones Unidas que probablemente era el caso mas importante en el mundo” con respecto a los derechos indígenas sobre la tierra, dijo Chávez, “para varias razones, pero el principal era que Bancos de San Hipólito obtuvo una resolución – la primera resolución en el mundo – de la Organización Internacional de Trabajo sobre el Convenio 169 del OIT, que es el instrumento más avanzado al nivel mundial sobre derechos indígenas.

“Entonces esta fue el primer caso que el OIT resolvió sobre el tema de terrenos y territorio. En esta resolución la Comisión de Administración del OIT resolvió a favor de la comunidad, y le dijo al gobierno mexicano que resuelve las causas de la inconformidad con los Hucholes de Bancos y de San Andreas Comiata. Si, finalmente, se resuelve a favor de la comunidad, será un benificio para todos los indígenas del mundo.”

Pero esta es tan solo una de las estrategias, una capa de las numerosas capas de historias contadas de los Wixaritari. Fui lo suficientemente afortunada como para oír muchas de estas en la semana que paso, y las iré compartiendo con ustedes conforme el tiempo me lo permita. Mientras tanto, aquí hay unas imágenes de la pequeña pero importante comunidad de Bancos.


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