Ecoaldeas Archive

Teopantli Kalpulli: Recuperación de lo sagrado en la vida cotidiana

Teopantli Kalpulli: Recuperación de lo sagrado en la vida cotidiana

Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Katy D’Oporto

SAN ISIDRO MAZATEPEC, Jalisco, México – Era época de cosecha cuando visité Teopantli Kalpulli, y el maíz nativo de colores estaba en el suelo, secándose al sol. Los niños jugaban en el patio de la escuela cubierto de pasto, mientras Levi Ríos detiene su ronda de momento para observarlos.

No muchos años atrás, este joven líder de la ecoaldea aprendió a leer en esta misma escuela, y ahora es un graduado de la universidad con varios años de experiencia en la ciudad como arquitecto profesional, que ha regresado a sus raíces pastorales para ayudar a guiar a una segunda generación en su comunidad.

Pasado, presente y futuro se reúnen en Teopantli Kalpulli, una comunidad intencional estilo ecoaldea ubicada alrededor de una hora al sur de Guadalajara. Estas familias viven cerca de la tierra, pero todavía disfrutan de las comodidades modernas. Concebida a finales de los década de 1970 por un pequeño grupo que incluía a los padres de Levi, Carlos Ríos y Beatriz Cárdenas, la comunidad ha crecido hasta convertirse en la comunidad intencional más grande de su clase en México.

Teopantli Kalpulli, una frase náhuatl que, traducida libremente, significa “aldea biorregional sagrada”, fue el resultado que tuvieron sus fundadores en “la búsqueda de un estilo de vida centrado en la tierra que incorpora las tradiciones sagradas de sus antepasados. Formaban parte de una red llamada Gran Hermandad Universal, y eran practicantes de yoga, la meditación y el vegetarianismo.

“Se dieron cuenta de que las Américas tenían sus propias tradiciones que son tan sagradas como las de Oriente, por lo que decidieron construir su comunidad en esas tradiciones”, explicó Levi.

Los kalpullis prehispánicos, explicó, eran pueblos que compartían una serie de disciplinas y prácticas culturales, como la siembra tradicional de maíz, la práctica de la danza sagrada y la versión indígena mexicana del temazcal, la cabaña de sudación ceremonial. Teopantli, dijo Levi, fue uno de los primeros espacios en México, que abrió sus puertas a los dirigentes indígenas a compartir sus enseñanzas, y esas enseñanzas se incorporaron a la estructura de las ecoaldeas.

Los miembros de la comunidad tratan de cultivar la mayor cantidad de sus propios alimentos orgánicos, tanto como sea posible, y reverencian el maíz y a la Madre Tierra como lo hicieron sus ancestros.

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Teopantli es un paraíso para los niños, que tienen el dominio del lugar. Veintiún familias tienen sus hogares en estas 92 hectáreas, concentradas en 17 acres de viviendas y espacios comunes. El resto de la tierra se utiliza para el cultivo de su maíz tradicional, para los jardines orgánicos y los árboles frutales y forestales.

La comunidad está diseñada para sostener 55 familias, por lo que la comunidad sigue aceptando nuevos miembros. La propiedad de la tierra es colectiva, Levi explicó, y esta concesión les permite a los miembros que construyan sus viviendas.

“Lo que estamos haciendo aquí es asegurar que la tierra pertenece a la comunidad”, explicó. Otro de los objetivos clave de la comunidad es asegurar una vida sana, en cooperativa; basada en este estilo de vida, la tierra puede ser accesible a todas las personas independientemente de su nivel de ingresos.

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La gira comenzó en el centro de la comunidad, donde una ceiba gigante, sagrada para los mayas y otros pueblos prehispánicos, extiende sus ramas frondosas sobre un círculo ceremonial.

La propia comunidad se presenta a lo largo de los cuatro puntos cardinales, con espacios sagrados en cada uno de los cuatro puntos: En el norte, una pequeña pirámide construida en el camino de sus antepasados prehispánicos; en el este, un santuario para el yoga y la meditación, en el sur, un calihuey, el templo sagrado de los antepasados huicholes, y en el oeste, un temazcal. En cada uno de estos cuatro espacios, que poseen diferentes celebraciones durante todo el año.

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“Hemos aprendido de los huicholes para vincular la siembra del maíz con un calendario de actividades durante todo el año”, dijo Levi. La planificación de actividades en diferentes partes de la comunidad es importante, explicó, ya que “mantiene la energía en movimiento” en toda la comunidad.

Una de las principales prioridades para que la comunidad entre en su siguiente fase, explicó, es ampliar la escuela para crear aulas diferentes para los distintos grupos de edad. En la actualidad los 14 niños que pertenecen a la comunidad estudian en un aula común, pero el grupo sigue creciendo, con la adición de dos familias que se unieron en el último año.

Uno de los cambios que el pueblo ha visto, es que con el tiempo, se produce un aumento en el nivel educativo, explicó Levi. Sus padres tuvieron la suerte de asistir a la universidad, dijo, pero la mayoría de los fundadores no lo hizo, y fue siempre una lucha ganar suficiente dinero para apoyar a la comunidad.

Parte de ese esfuerzo hercúleo es la participación en la reconstrucción del suelo, agotado por años de roza, tumba y quema y el pastoreo excesivo, y la reforestación de lo que se había convertido en pastizales deforestados.

“Si yo le muestro las fotografías de este lugar cuando la primera comunidad compró la tierra, no lo creería – ni un árbol o arbusto podía ser visto”, dijo. “Si te fijas, toda la tierra alrededor de la comunidad son pastos “.
Es cierto, me di cuenta – que había entrado en un exuberante oasis de bosques de madera dura y espacios con abundantes jardines.

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Hoy en día, ya que la comunidad entra en su segunda generación, Levi estaba explicando, más miembros de la comunidad han ido a la universidad y han traído a la comunidad una variedad de habilidades. Hoy en día, el 90 por ciento de los residentes son capaces de ganarse la vida de los negocios basados en la comunidad, 10 por ciento de ellos viajan a la ciudad para hacer otros trabajos.

El siguiente fue un recorrido por el prolífico jardín de permacultura. Nueve hectáreas (20 acres) se trabajan con el tractor antiguo y se plantan como una milpa tradicional – maíz, frijol y calabaza – a la manera tradicional de los antepasados.

Levi intercambia verduras de su jardín con otras familias que producen granos enteros, productos horneados, miel, leche de soya, tofu y una variedad de otros artículos.

“El trueque es algo que viene de manera natural”, dijo. “La gente tiene talleres en sus casas, y los intercambios son justos”.

En los bordes de las zonas comunes están las casas, construidas por cada uno de los mismos propietarios. Todas están construidas con materiales disponibles en el área local, algunas con adobe, otras de ladrillo. Pasamos una que ha sido abandonado y el propietario la ha puesto a la venta.

“Es simplemente que la vida no es tan fácil aquí”, explicó Levi. “Tienes que ser capaz de hacer funcionar la economía para ti, tienes que ser capaz de vivir aislado del sistema económico. Si usted puede desarrollar una actividad profesional aislado de la ciudad, usted puede hacer que funcione – pero no es para todos.”

Pocas comunidades como ésta han sobrevivido durante tanto tiempo, dijo. “Hay alrededor de cinco como ésta en México, pero ninguno de ellos con mayor número de personas de las que tenemos ahora en Kalpulli”.

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La gira comenzó en un cómodo y amplio salón comedor de la comunidad, donde Beatriz y sus dos hijos, Yuma y Maya, están disfrutando del sol en el patio. Beatriz es suiza y su esposo es mexicano, y son una de las nuevas familias en la comunidad.

Maya y Yuma están trabajando arduamente en coloración, y Levi se detiene a admirar su obra – y también la de Beatriz, que, Levi me informa, ha diseñado el hermoso suéter de punto que está usando, que es de lino orgánico.

Beatriz ha hecho un negocio de venta de estos suéteres. Éste, dice, tomó alrededor de 80 horas de trabajo y se venderá por 700 pesos – un poco más de $ 50 dólares americanos.

Seguimos en nuestro camino, y nos reunimos Celia Rubalcava, quien tiene un negocio de leche de soya en su casa, e Isaac, que está usando un molino manual para quebrar el maíz seco. Sus hijos están jugando a sus pies, haciendo lo que parecen ser platos muy elaborados de barro.

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“Aurima, ¿qué estás haciendo? ¿Haces bolitas?” pregunta Leví, y Aurima le muestra con orgullo sus creaciones.

En la casa de al lado, me encuentro con José Luis Gutiérrez y Angelita, que operan una pequeña panadería grano entero (integral) y la fábrica de queso de soya en su casa. Me enseñaron todo y compartieron conmigo un poco de pinole de maíz – un polvo de canela, azúcar morena y maíz tostado molido, lo comen como aperitivo o mezclado con agua caliente para una deliciosa bebida.

Luego fuimos a la zona de temazcal, donde pequeñas estructuras abovedadas esperaban para la próxima ceremonia de sudación. Algunas de estas ceremonias son abiertas al público, y otras son sólo para la comunidad.

Por último Levi me lleva a su casa, una fresca casa de ladrillo y adobe con líneas sencillas y limpias, un porche con una hamaca y un hermoso altar que da a los campos.

Él compartió conmigo un poco acerca de su decisión de regresar a la comunidad después de ocho años en Guadalajara, cuatro años en el ITESO, una universidad jesuita, y cuatro años más de trabajo en arquitectura en una empresa constructora local.

“Creo que todas las personas tienen una misión en la vida – ¡o si no tienen una, deben tenerla! – Pero para mí, que crecí en una comunidad, esto me ha marcado con una especial visión comunitaria”, dijo. “Yo quería ir a la universidad, precisamente para ampliar este concepto de comunidad.”

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Lecciones de vida en la Montaña Maya

Lecciones de vida en la Montaña Maya

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Luis Arias Blanco

Solastalgia – 1. Un sentimiento de pérdida en la desaparición de la tierra; tedio profunda y luto por Gaia.
2. Se perdió la conexión con la naturaleza; un desequilibrio ecológico-psicológico.
Antídotos: restauración ecológica
Permacultura

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Así comienza Albert Bates en su introducción a la permacultura – un sistema de diseño, cuyo nombre se originó a partir de la idea de “agricultura permanente” y evolucionó en un sistema de promoción de permanencia en la cultura humana de sí misma.

“Solastalgia es lo que sucede cuando nos encontramos con que somos uno de los únicos animales que contamine su propio nido y vivimos ahi. Después, nos triste y deprime,” y “Nos preguntamos si podremos sobrevivir?”

Bates, uno de los fundadores de la Red Mundial de Ecoaldeas y un prolífico autor y orador, ha hecho su camino a través de millas de aldeas mayas y de la selva tropical a la Granja de Investigación de Montaña Maya en el sur de Belice, como lo hace cada mes de marzo. Es parte de una agitada agenda que lo matiene viajando por el mundo entero, desde Estonia a las tierras de Santo y más allá, preparando participantes dispuestos para lo que él llama “El gran cambio:” una transición a un mundo menos dependiente del petróleo y otros combustibles basados en carbono y más en armonía con la tierra.

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Una parte integral de su plan de lección es Permacultura. Desarrollado por los australianos Bill Mollison y David Holmgren, Permacultura se ha convertido en un movimiento mundial, un enfoque para el desarrollo sostenible, que se esfuerza por trabajar con la naturaleza en lugar de en contra de la misma. Hoy en día, él y el líder de la Permacultura mexicana María Ros nos dan una introducción a los principios del sistema. Pero en primer lugar, Bates administra un poco de la terapia de choque – una colección de hechos aparentemente aleatorios que se agregan todo a la vez a una llamada a despertar a una nación hipnotizada.

En 2008, nos dice, “USAnians” – se niega a someterse a la convención que ha expropiado el nombre de todo el nuevo mundo para el uso de un solo país – compraron 68 millones de vehículos, 85 millones de refrigeradores y teléfonos móviles de 1,2 mil millones. El promedio europeo consume 43 kilogramos de recursos por persona, mientras que el norteamericano promedio consume 88.

“Si hemos usado tanta energía per cápita como europeos, somos entonces una nación de exportadores de petróleo,” nos dice. En este punto, el 7% más rico, – la mayoría de los cuales viven en los Estados Unidos – producen el 50% del carbono.

Podría no ser importante, dice, excepto que nuestras actitudes consumistas están llevando el planeta al borde de la destrucción.

Un tercio de los ríos más grandes del mundo están perdiendo agua 2½ veces más rápido de lo que la obtienen; se están secando. 150 aldeas en el norte de Siria han sido abandonadas debido a la sequía. Lo mismo está empezando a suceder en México, África y sur de España.

“Aldeas enteras están teniendo que empacar y huir, A dónde podrán ir?”

La desertificacion esta aumentando la frecuencia e intensidad de los huracanes, desapareciendo el abastecimiento de agua y el aumento del nivel del mar, las consecuencias son una cifra de refugiados ambientales de un billon en 2050.

“Hemos creado un ciclo desde hace medio siglo que se esta desarrollando cada vez mas”, dijo. “El carbono de los vehículos de alto rendimiento de la década del ‘50 y las plantas industriales de la década del ‘60 y ‘70 continuan llegando a la atmósfera, causando cambios químicos.

“Necesitamos un cambio en el diseño humano”.

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Permacultura se esfuerza por ser “mayores observadores, menores contaminadores” estudiando la disposición de la tierra y los patrones de la naturaleza y trabajar con ellos para crear un diseño armonioso. El objetivo, dice, es volverse a uno mismo obsoleto dentro de un buen disño para pasar a ser el apoyo.

Por ejemplo, la hamaca, representa un buen diseño de un sistema de permacutlura, -sostiene-, aunque con su apretada agenda, me resulta difícil imaginarlo haciendo mucho apoyos de hamaca.

¿”Tenemos que preguntarnos: Puede la naturaleza hacerlo para nosotros? ¿ Podemos ir con la corriente? ¿Qué es corriente?”

Los tres principios claves, dice, son el cuidado de la tierra, el cuidado a todos los seres y el compartimiento de los excedentes. Esta última parte llamó mi atención. “Si no se comparten los excedentes, se convierte en contaminación,” -él dijo-, utilizando como ejemplo el fruto de un árbol de manzanas. Compartida, se convierte en un recurso; abandonado ahi se convierte en un desperdicio. Lo mismo es válido para cualquier exceso de producción, dice. Me imagino cómo sería el mundo si compartir excedente se convierten en una parte de la ética general.

De hecho hace algunos 500 o 1,000, antes que se inventara el dinero, que era el caso, dice. Las primeras poblaciones tribales como los Cahokians crearon grandes centros comerciales que se extendía desde Nueva Escocia y Alaska hasta los trópicos, pero su comercio se basó en un intercambio amistoso (trueque) y acaparamiento no era un comportamiento útil.

Monedas alternativas y locales se han desarrollado en los últimos años, dando mayor énfasis al componente de fomento de la confianza de la construcción de una economía local. Un ejemplo reciente es la libra Totnes, creado en Devon, Inglaterra, como parte de la primera Ciudad en Transición, un movimiento que ahora está ganando terreno en todo el mundo.

Bates habló de muchas cosas: el proceso de cambio personal, el primer paso en el cambio social; los principios de Permacultura, que se basa en conceptos como el biomimetismo y el apilamiento de funciones; y paz a través de Permacultura, un programa que ha reunido israelíes y palestinos en iniciativas innovadoras como el proyecto de Permacultura Marda, a pesar de la presión del Gobierno israelí.

“Es aqui donde nos convertimos en un ejército de Permacultura que no tiene límites,” dijo Bates. “Nosotros no estamos luchando por una nación, estamos luchando por nuestro planeta”.

La tarde trajo algunas manifestaciones gráficas de principios de la Permacultura por Maria Ros, una mujer increíble en su propio derecho, quien dejó una exitosa carrera como un bailarina profesional y a su instructor de la Universidad para aprender y enseñar la permacultura y construir un ecoaldea en Quintana Roo.

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María y Héctor Reyes dieron una sesión sobre el diseño de la catástrofe, un tema que conocen bien, viviendo como lo hacen en la zona de huracanes del Yucatán. El huracán Wilma destruyó gran parte de la labor que ha realizado en su granja de Permacultura en los últimos cuatro años.

Ella recuerda su casa estremeciendose con los violentos ventarrones, temiendo por su paredes y el techo, mientras observaba el tragaluz en el techo de paja de su casa maya. Las palmeras cayeron sobre la casa, pero ellos salieron ilesos.

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La experiencia fué traumática, pero aprendió una lección importante: en la medida en la que observemos la naturaleza y en la medida en la que incorporemos lo que observamos de la misma a nosotros, mas sustentables seran nuestros diseños.

“Los mayas diseñaban sus casas con techos de paja, de tal suerte que no sólo son fuertes, porque ademas permitia el libre paso de las energías salvajes de la naturaleza en lugar de bloquearlas, -comentó ella-, en mi casa las paredes crujian por la fuerza del viento.

Bates intervino con una ilustración dramática de un concepto que siempre atesorare.

Señaló dos círculos en el pizarrón: uno del tamaño de un cuarto con varios metros de largo.

“Este es el terremoto en Haití”, dijo, “y este es el terremoto en Chile”.

Luego dibujó un círculo mediano dentro de Chile y de un gran círculo alrededor de Haití, estos representan el número de personas que murieron en cada terremoto – un poco más de 100 en el caso de Chile y miles en el caso de Haití.

“Esto es el resultado de un diseño”, dijo con firmeza.

Más sobre este concepto puede encontrarse en su blog, The Great Change,(El gran cambio), en el que vale la pena la lectura.
El día pasa con muchos más lecciones, y este fue sólo el comienzo. En la mañana, daremos un vistazo a la investigación en la granja de la Montaña Maya, con un recorrido guidaos por el fundador Christopher Nesbitt, quien compró esta granja a un ganadero en 1988 y lo ha convertido de ser un terreno empobrecido, erosionado y relativamente improductivo a un bosque ricamente diverso.

Aquí un vistazo rápido en mi primer increíble día en la granja Montaña Maya. Manténgase en contacto para la gira en la granja por la mañana, lo que para Bates es como “uno de los mejores ejemplos que he visto de Permacultura en acción”.


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Huehuecoyotl: Un centro de poder en las montañas tepoztecos

Huehuecoyotl: Un centro de poder en las montañas tepoztecos

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Katy D’Oporto

Inside the Theater/Dentro del Teatro

Mucho antes de planear este viaje, me enteré de Huehuecoyotl, una ecoaldea habitada por un grupo de activistas internacional, anidada en uno de los Valles más mágicos en México, en las colinas fuera de Tepoztlan más o menos a una hora de la ciudad de México.

Esta semana finalmente tuve la oportunidad de ir y conocer por mí mismo a sus habitantes. Fue hermoso como había imaginado; construido a inicios de 1980 por artistas, arquitectos ecológicos y permaculturistas, la comunidad es una infusión de gentil estética llena de color que complace no solo a los ojos, si no también al espíritu.

Muchos de los residentes como el “Subcoyote” Alberto Ruz Buenfil, dividen su tiempo entre Huehue (abreviatura del nombre completo usado por sus habitantes) y otros puntos alrededor del globo, donde enseñan, tocan música, actúan en películas o teatro, o se comprometen en otros aspectos de sus vidas, generalmente relacionados con la promoción del cambio social, de un modo u otro.

La comunidad se formó en 1982 cuando sus fundadores, casi todos pertenecientes a un grupo de actores itinerantes llamado los Elefantes Iluminados, decidió echar raíces. La ecología es un valor muy importante en el grupo, por lo que la comunidad se conviritó en la primera Ecoaldea de México, concepto basado en principios de diseño ecológicos.

“Es una comunidad de muy bajo impacto utilizando cualquier tipo de tecnología alternativa posible”, dice Giovanni Ciarlo, uno de los residentes con los que hablé durante mi estancia. “Nuestro mayor capital es nuestra fuerte red social, además del hecho de que está integrada a la naturaleza y que posee sensibilidad artística.”

Giovanni y su compañera Kathleen son músicos y maestros, que migran entre Huehe y Waterford, Connecticut. Giovanni y Kathy son fundadores de Sirius Coyote Music, un innovador grupo musical inspirado en Latinoamérica que incorpora a su trabajo la educación ambiental y la construcción comunitaria. Ejecutan más de 30 diferentes instrumentos de varias culturas, algunos de los cuales han sido creados por ellos mismos. Por si esto fuera poco, Giovanni también sirve como presidente de Global Ecovillage Network.

Esta red social incluye a Liora Adler y últimamente Andrew Langford, que acaban de regresar a casa después de varios meses enseñando en Las Islas Vírgenes y viajando a su nativa Inglaterra y a Estados Unidos de donde es nativa Liora, visitando a la familia y conociendo los nuevos nietos. Ahora se encuentran trabajando duro y reintegrándose completamente al trabajo liderando la revolucionaria Gaia University, pero se toman su tiempo para el té y para entrevistas que publicaré aquí mismo en breve.

También incluye al hijo de Alberto, Odín, un músico de clase mundial y diseñador de permacultura que compartió conmigo varias de sus composiciones influenciadas por su visión global, y a su compañera Sadie, maestra y autora y a su encantadora pequeña Nayeli.

Usted puede encontrarse con Giovanni y Kathy, Alberto y Odín, Liora y Andy haciendo un pequeño tour virtual a la bella comunidad de Huehuecoyotl “>aquí en la colección de Flickr. Haga “click” en las palabras “show info” para leer la información.

Para aprender más sobre proyectos de permacultura en América Latina, vea al sitio de Permacultura América Latina.

Cobb demonstration house

Un café con el Subcoyote

Un café con el Subcoyote

Por Tracy L. Barnett
Traducción: Mariem Ortiz
Hace unos días tuve el extraño placer de encontrarme con un individuo único– un hombre, que junto con algunos compatriotas, ha hecho más por el medio ambiente en Latinoamérica que probablemente cualquier otra persona y lo ha hecho de su propia e inimitable manera.
Alberto Ruz Buenfil, conocido también como el Subcoyote Alberto, no sería el primero en decir que no lo hizo solo – fue apoyado por cientos, quizás miles de colaboradores a lo largo del camino, a quienes espero conocer en mis futuros viajes. No hay duda que en una vida dedicada al cambio social, y durante los 13 años que se ha encargado a la Campaña Arcoiris por la Paz , ha inspirado a generaciones de escritores, artistas, jardineros y activistas dedicados a un futuro más sustentable – incluyéndome a mí misma.


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Alberto creció rodeado de los misterios Mayas de Palenque, donde su padre, conocido internacionalmente como Alberto Ruz Lhuillier, descubrió la estructura ceremonial más importante en la antigua ciudad, la tumba subterránea de Pakal el Grande . El joven Alberto lo estudió todo, desde ingeniería química hasta economía, ciencias políticas y finalmente teatro, primero en la Universidad Nacional Autónoma de México y luego en Cuba.
La guerra de Vietnam cambió su vida de enfoque al unirse al movimiento pacifista y viajó a Estados Unidos, pasando mucho tiempo con líderes chicanos y Panteras Negras, los Ecotópicos de Ernest Callenbach y cualquier tipo de cambio social desembocándose en el momento. Se convirtió en nómada, viajando por África, India y el Oriente, estudiando a las comunidades intencionales desde Bauhaus en Suecia hasta Israel y los ashrams en India. Fue en India donde presentó su primera obra de teatro de tribus, Hathi Babas, y después Los Elefantes Iluminados, que recorrieron EUA, México y Guatemala esparciendo semillas sobre una forma de vida alternativa, una basada en la paz, sustentabilidad y el respeto mutuo.
Fue hasta 1982 cuando decidió dejar la vida nómada y plantar raíces, regresando a México con miembros de su tribu, para formar Huehuecoyotl. La comunidad fue construida en un diseño sustentable, convirtiéndose en la primera ecoaldea del país. Fue justo aquí donde adoptó el nombre de Coyote, basado en el nombre de su nueva comunidad, Huehuecoyotl, que significa “viejo, viejo, coyote,” y empezó a hacer numerosos comunicados con el nombre “Viejo Coyote.” El llamado del camino nunca lo abandonó y en el año 1996 formó la Caravana Arcoiris por la Paz, tomando las lecciones aprendidas en su ecoaldea. Una de las primeras paradas del grupo fue en Chiapas, donde participó en un consejo con los Zapatistas.
“Siempre me he identificado con los Mayas,” explica Alberto. Gracias a sus conversaciones con el líder Zapatista, el Subcomandante Marcos, su nombre evolucionó, ahora era el Subcoyote Alberto Ruz. “Estaba dejando la comunidad y era hora de que alguien más se hiciera cargo,” recalcó. “Entonces me convertí en el Subcoyote.”
El nombre es apropiado para una persona cuyo compromiso con la vida puede ser expresado con cierto capricho; la seriedad de las lecciones impartidas por la tribu nómada siempre fue resaltada por medio del teatro y de las artes, las historias y la danza, con un sentido del humor y diversión.

Forum social Acapamento da paz

(Galeria Tarso Sarraf/Flickr)
Cientos de personas de todas las edades se unieron a la caravana en diferentes puntos del camino, particularmente en la reunión internacional en Cuzco, Perú, “El Llamado del Cóndor” en 2003. Fue entonces cuando me di cuenta de este fenómeno viajero, pues mi hermana Tami se les unió por un tiempo. Su historia sobre sus experiencias me dejó una impresión indeleble que me impulsó por 7 años hasta que cedí. Ahora, de una forma extraña, estoy siguiendo la ruta del Coyote, y mi hermana se me unirá en algún momento. La caravana continuó hasta Tierra del Fuego, y en este punto el Subcoyote había planeado su fin – “a excepción de que hubiera un milagro” hasta donde él recuerda.
De hecho, hubo un milagro. El ministro de Cultura de Brasil en aquel entonces, el famoso Gilberto Gil, invitó a la caravana a viajar por el país, impartiendo talleres sobre la vida sustentable. La caravana viajó hacia el norte, atravesando el extenso Amazonas, pasando 4 años en unas de las regiones más pobres del país.
Finalmente, en agosto del 2009, Alberto regresó a casa a Huehuecoyotl, pero no a rascarse el ombligo. A sus 65 años de edad, cuando la mayoría de las personas asume que se merecen un retiro pacifico, él ha empezado un nuevo proyecto, junto con la autora mexicana Laura Esquivel (Como agua para chocolate): se unió al personal de la Casa de la Cultura de Jesús Reyes Heroles en Coyoacán, un bello e histórico barrio en la Ciudad de México, buscando maneras de compartir sus lecciones de la Caravana Arcoiris por la Paz con la juventud del distrito.
Me encontré con el Subcoyote justo cuando se estaba estableciendo en su nuevo trabajo y compartimos café e historias. Hay mucho más que contar que lo que cabe en una entrada de blog, pero sigan viendo esta sección para videos cortos de mis grabaciones con él.
El próximo mes continuaremos con la conversación desde donde la dejamos, cuando lo visite en su casa de fin de semana en Huehuecoyotl y conozca a su familia extendida.