Por Tracy L. Barnett
Traducido por Luis Arias Blanco
QUETZALTENANGO/XELA, Guatemala – Los padres de Enrique fallecierón siendo el joven, dejándolo a merced de parientes distantes y para nada iteresados en cuidarlo. El padre de Lesbia cayó presa del alcoholismo, y después de 10 años de constante lucha, encontraron su cuerpo sin vida en un río cercano. Damaris nunca conoció a su padre, una abuela amorosa llenaba ese vacio – ¡Hasta hace apenas cun par de años cuando al irse a dormir falleció.
Hace tan sólo unos minutos, estos estudiantes de sexto grado recitaron el saludo para mi como visitante para después rodearme todos con intensas miradas de conocerme – niños normales en un aula ordinaria. Ahora que sólo habemos seis de nosotros, he encendido la grabadora y he pedido a cada uno de ellos me cuentan sus historias, y las lágrimas empiezan a fluir. Lágrimas de dolor, pero también lágrimas de gratitud.
Estós niños cayeron vícitmas de las drogas, pero fueron rescatados por una red de maestros y voluntarios de crianza. La Escuela de los Niños de la Calle (Escuela de la Calle, o EDELAC) comenzo como un sueño quijotesco de tres profesores y un voluntario de E.U. quiénes renunciaron a sus trabajos para impartir clases en las calles.
Quince años más tarde, el proyecto ha crecido hasta convertirse en una escuela bien equipada para 200 niños, un albergue para los más necesitados de ellos, una compañía que ha ido escalando hasta ser conocida internacionalmente con personal totalmente por voluntario y un modelo innovador de empresariado social.
Mi primer contacto con la escuela fué un par de semanas atrás, cuando me disponía a subir Tajumulco, el pico más alto en Centroamérica. Había oído hablar de Quetzaltrekkers, el grupo de turistas que dona todas sus ganancias a una escuela para niños de la calle, de Edgar Chitop, un periodista local que sirve en la junta. Naturalmente, cuando elegí una empresa de escaladores profesionales, esta fue la empresa que escogí.
Me encontre con un animado grupo de voluntarios, hospedados en la parte trasera de un bohemio albergue juvenil: Casa Argentina, busque espacio en el equipo para la escalada de los proximos días. Sí, todavía había Espacio para mi, no podía perder tiempo. La reseña de esta épica escalda está aquí.
Cumbre de dos días y una tarde con Alexa, una importante geografa de Pennsylvania, y Dara, una estudiante de medicina de Nueva York, para compartir un poco de lo que les motivó a dar tres meses de su vida sin goce de sueldo a trabajar siete días a la semana, escalando entre la lluvia y el fango, para llegar a esta organización.
“Suena trillado, pero realmente es cierto – lo hacemos por los niños”, dijo Alexa. “Vine aquí porque quería ir de excursión, pero cuando vi lo que se esta haciendo aqui, terminé sintiendome inmersa en la organización”.
Dara asentía. “Siento que me han dado tantas oportunidades en mi vida, y he desperdiciado algunas. Si puedo hacer algo para ayudar a algunas personas a lo largo del camino, mientras que estoy haciendo lo que amo por qué no?”
Los voluntarios toman turnos de tres meses, y dirigen la organización bajo su completa responsabilidad, no sólo las guiando las escaladas, también hacen mercadeo, publicidad, recaudación de fondos, elaboración de presupuestos, preparación de comidas vegetarianas que son llevadas en cada viaje de escalada -, en suma, todo lo que sea necesario para que el programa continué. Y de alguna manera, durante 15 años, han hecho el trabajo.
En el otro extremo de la ecuación hay un grupo muy diferente de los individuos dedicados – el fundador, los maestros y los voluntarios de EDELAC.
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Las rosas se encuentra lejos de los transitados caminos para la mayoría de los que viajan a la segunda ciudad de Guatemala. Aquí, en uno de los distritos más pobres en las afueras de la ciudad, polvorienta calles con sus laderas en las colinas, las mujeres visitiendo de acuerdo a la tradición tratan de vender tortillas y frutas en rodajas a los transeúntes.
El autobús me dejó al inicio de una larga cuesta, pero los vecinos gentilmente me señalaron el camino. La Escuela de la Calle, es probablemente la única organización en toda la zona que atrae un voluntariado ocasional o pasante internacional. Un maestro vestido con un traje tradicional fue al frente, escuchando atentamente a sus alumnos desde una mezcla de hierba de piedras. “Tenemos el derecho a … la educación, la salud, una familia”, murales pintados por niños en las paredes encaladas.
Yo había llegado.
Claudia Cortéz, director de programas educativos, me llevó en una visita guiada, a partir del segundo grado. Ella apenas menciona mi nombre cuando el grupo irrumpió en un cuidado coordinado y práctico saludo. Un joven levantó la mano con impaciencia.
“Estamos muy complacidos de tenerle entre nosotros, esperamos que disfrute su estancia en EDELAC”, recitó. Pasamos de una clase a otra, los niños, obviamente encantados con la oportunidad de demostrar su Inglés y me colmaron con preguntas.
Entonces Henry, Lesbia, Damaris y otros tres estudiantes de sexto grado me acompañarón a otra habitación para una entrevista, y pude ver las historias detrás de sus frescos rostros, historias que no se olvidan facilmente.
Pronto llegó el momento de dejarlos ir, pero antes me llevaron al patio, donde cada uno de ellos posaron para mí delante de su símbolo en el calendario maya.
A continuación me reuní con Guadalupe, quien me contó la historia de cómo la escuela se formó.
“Yo seguía viendo a los niños en las calles, usando drogas, oliendo pegamento, y me dije a mí mismo, tengo que hacer algo al respecto”, recuerda Guadalupe.
Él era un maestro en ese momento en una escuela especial para los jóvenes que trabajaban en puestos de trabajo, y dos de sus colegas, Ubaldo Ruiz y Miguel Quiroa, se sentían de la misma manera. Juntos, decidieron dejar sus puestos de trabajo y empezaron a reunir a los niños como flautistas de Hamelin de hoy en día, dando clases a los niños en las calles. Pronto se les unió un estudiante estadounidense, Michael Shorr, y eran cuatro.
“Fue un buen trabajo me di por vencido, y ahí estaba yo sin ganar nada. Pero nos dio mucha energía estar con esos niños – los ojos de los niños, los rostros de los niños, la necesidad de los niños, y ver a los niños tan pequeños, 6, 7 años, oliendo pegamento, es tan doloroso de ver, y nadie hace nada al respecto”.
Los jóvenes comenzaron a hacer divulgación para recaudar fondos para una escuela y un albergue para niños sin hogar, contactando restaurantes para que les donaran alimentos y escuelas de español para las donaciones de dinero y voluntarios. Así fué como encontraron a Gavin Barker, un inglés que comenzó a trabajar con el grupo para ayudar a encontrar maneras de recaudar dinero.
Finalmente se le ocurrió la idea de formar una compañía de viajes para patrocinar los viajes a destinos que en aquella época eran prácticamente desconocidos para los visitantes a Quetzaltenango – lugares como el Lago Atitlán y Tajumulco y el volcán Santiaguito – y donar las ganancias a la escuela. Guadalupe conocía los senderos, por lo que reclutaron a voluntarios y les enseñó las rutas, ahora ellos lo hacen solos.
Los primeros años fueron extremadamente difíciles, sin equipo ni instalaciones, pero finalmente la gente donó equipo, y se corrió la voz. Más gente empezó a registrarse en los turnos de voluntarios.
La situación se complicaba aún mas porque el país estaba en guerra y el pueblo en las tierras altas eran sumamente desconfiados de los extraños. Guadalupe recuerda una vez cuando llegó a un pueblo con un grupo de excursionistas y fue rodeado por los campesinos con palos y machetes.
“Pensaron que éramos guerrilleros y no nos querían alli. Yo hablo Quiché y les expliqué que eramos una organización que mantenía una escuela, les invite a visitar, pero erá muy dificíl”.
Esos días han quedado atrás. Ahora con la ayuda de la financiación de organizaciones internacionales, han construido la nueva escuela en Las Rosas, pero el grueso de su financiación proviene todavía de Quetaltrekkers.
Recientemente tuve la oportunidad de entrevistar a Guadalupe, el último de los fundadores que permanece y ahora al frente de una escuela viva que promueve la preservación del medio ambiente natural y los valores culturales mayas, que son uno e iguales.
Se espera que la voz sobre EDELAC y Quetzaltrekkers se extienda y pueda convertirse en un modelo para otros que quieren empezar a escuelas alternativas. Comparto con él esa esperanza.
Aquí Interview-with-Guadelupe-Pos, y algunas fotos de mi aquella tarde con los niños.
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