Rasta Mesa Archive

Un gracias guatemalteco este Día de la Madre Tierra

Un gracias guatemalteco este Día de la Madre Tierra

Sunset, coming into Quetzaltenango/Xela

Por Tracy L. Barnett
Traducido por Luis Arias Blanco

QUETZALTENANGO, Guatemala – Desperté este brillante Día de las Madres con la vista desde la azotea del volcán Santa María y las formas conicas del verdor de las montañas que rodean esta encantadora ciudad, en las alturas. Quetzaltenango, conocido por los guatemaltecos como “Xela” por su nombre indígena, me parece literalmente un respiro de aire fresco.

El sonido de cachetada de las señoras en la cocina de al lado al estar “torteando”(hacer tortillas a mano), se entremezcla con la risa y la charla.

Mi bella madre e hija están bien y felices – Estoy agradecida por esto, y por lo todo que me han dado y estoy agradecida con skype, que me permite estar conectada desde tan lejos. Estoy agradecida también por las manos capaces y amantes de todas las madres a mi alrededor, que serán homenajeadas hoy con cenas familiares, eventos especiales y los ramos de flores espectaculares que se venden en las calles y mercados.

Pero más que nada, agradezco a la Madre que nos sostiene a todos, la Madre Tierra cuyos fértiles suelos, ríos caudalosos, fructíferos bosques y vastos océanos nos proveen alimento y abrigo, siglo tras siglo, y estoy agradecida por todos aquellos que trabajan para protegerla y nutrirla. Desde que he llegado a Guatemala, he conocido a tanta gente así.

Mis conversaciones con ellos han puesto de manifiesto la destrucción del medio ambiente todos los días en muchos niveles, la gente desde los taxistas hasta los vendedores ambulantes comentan sobre el calor cada vez más intenso, el aumento de las inundaciones, la contaminación de ríos, lagos y el aire. La mala noticia está en todas partes, y puede ser abrumador a veces. Pero también lo es la buena noticia: el hecho de que muchos están dedicando su energía y talento para cambiar el curso.

Me gustaría citar sólo algunos de los que me han inspirado en sus labores por la Madre Tierra en dos semanas cortas, interrumpidas en Guatemala, y les deseo a todos un Feliz Día de la Madre:

Magalí and Alejandra

Magalí Rey Rosa, la hermosa y elocuente voz de las áreas silvestres, cuyo trabajo en las últimas tres decadas ha despertado a tantos, y su hija, Alejandra Marroquín, quien lleva la antorcha.

Bayron Medina

Bayron Medina, un descendiente de los agricultores mayas en Alta Verapaz, que ahora trabaja para el Ministerio de Medio Ambiente, en colaboración con los agricultores en las zonas rurales para ayudarles a entender el valor de los recursos naturales que son confiados a su cuidado;

Maria Jose España

María José España, Mario Rodrigo Gonzalez and Karla Maldonado de los Mapaches, un grupo vibrante en la capital que comenzó a rescatar un cañón forestal y se ha desarrollado a una misión mucho más amplia;

Masa Critica Guatemala

Manuel Gómez, Dwight Posadas y el resto de Masa Crítica de Guatemala, un grupo de ciclistas dedicado y determinado a establecer el derecho de paso en calles muy transitadas de la capital para los ciclistas.

Steve Dudenhofer

Steve Dudenhofer y el resto de su equipo en Ak Tenamit Maya School, donde la protección de la tierra es una parte integral del plan de estudios, y los graduados están haciendo olas en todo el país en el desarrollo sostenible, la salud comunitaria, alfabetización de las mujeres y los proyectos de ecoturismo;

Maite Rodriguez Blandon

Maite Rodríguez Blandón de Fundación Guatemala, trabajando para empodizar mujeres guatemaltecas en la base. Levantando las mujeres de la pobreza y dandoles control de sus terrenos, dice, es una de las mejores maneras para proteger el medioambiente.

Mega and Amanda from Rasta Mesa

Amanda y Mega en Rasta Mesa, que trabajan en Livingston para preservar la cultura Garífuna y la tierra.

Eduardo Gularte y Gaby Diaz

Eduardo Gularte, Gaby Díaz y otros del Centro para la Comunicación y el Desarrollo, un grupo de comunicadores de trabajo dedicado a capacitar a las personas a nivel local para utilizar herramientas de comunicación para el cambio social;

Edith Panameño

Edith Panameño, una maestra de escuela que trabaja para establecer una red de eco-clubes de la región del Lago de Izabal;

Silvia, Maria Isabel y Luis Rey

La familia Reyes del Hotel Ajau, y todos los dueños de negocios luchando para hacer sus compañías sostenibles bajo los programas Green Deal y Great Green Deal;

Rodolfo Trinidad y Rai Aguirre

Rodolfo Trinidad y Rai Aguirre

Rodolfo Trinidad de Campus Sustentable, Universidad Rafael Landívar, y Rai Aguirre de EcoCinergia, Universidad de San Carlos, dos grupos que estan trabajando con ingenio y creatividad en diferentes formas de crear conciencia en el Campus.

Community Radio activists at a CECODE workshop in Xela

Sandra, Tino, Maribel y muchos otros en una red de activistas de las radios comunitarias, que han trabajado encarando la represión gubernamental para llevar las noticias y los análisis pertinentes a las comunidades indígenas y campesinas de Guatemala, en su lengua materna.

Movimiento Agua y Juventud workshop in Xela

Alejandra Tiguila y un anfitrión de otros con el capítulo guatemalteco de Movimiento Agua y Juventud, un grupo internacional muy dinámico que combinando energía y compromiso iluminan la obscuridad – y mi corazón – en un centro de retiro en Quetzaltenango al que recientemente asistí.

La lista sigue y así seguirá, mi lista de contactos se ha multiplicado, y no voy a ser capaz de visitar a una décima parte de los valiosos grupos de trabajo de conservación en todo el país. Sin embargo, lo que he visto en estas dos semanas da muchas razones para la esperanza. Sigue leyendo en los próximos días y semanas para cumplir con estos y muchos que estan cambiando el mundo y se esfuerzan por hacerlo mejor en conjunto con El Proyecto Esperanza.

Rasta Mesa: Cuidado de la Tierra, al Estilo Garífuna

Rasta Mesa: Cuidado de la Tierra, al Estilo Garífuna

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Por Tracy L. Barnett
Traducido por Luis Arias Blanco

LIVINGSTON, Guatemala – Opciones de ecoturismo abundan en este pueblo del Caribe fuera de lo común; tienens Siete Altares, la espectacular serie de cascadas y piscinas, Playa Blanca, con su arena blanca inmaculada, el lago de Izabal, el más grande del país, con una gran cantidad de vida silvestre, observación de aves y las opciones de excursionismo.

Yo quería hacer algo que me acercara más a los habitantes locales, en particular el pueblo Garífuna. Puedes verles en todas partes, pero para tener una interacción más allá de “hey baby”, una actuación musical o hacer que su cabello se haga trencitas, se necesita un poco mas de esfuerzo.

Así que cuando un hombre joven y serio con rastas y un gorro se me acercó en el centro, me entregó un volante y me invitó a visitar su centro cultural, lo tome.

-Tenemos clases de cocina, comida vegetariana, y música en vivo todas las noches-, dijo.

-Muy bien-conteste-.

Así es como conocí a Eduardo “Mega” Estero, un rastafari de unos veintitantos años con un enfoque decididamente diferente a la educación ambiental, y Amanda, su alegre mujer. Amanda, de Baltimore, conoció a Mega en la playa de Belice y los dos han estado juntos desde entonces. En 2008, Mega decidió regresar a su país natal, Livingston, donde ambos decidieron iniciar su propio centro cultural en el corazón de la comunidad Garífuna.

Aquí llevan a cabo talleres y clases sobre la cocina tradicional Garífuna y el arte, para los turistas y lugareños por igual. También realizan una serie de actividades para los niños locales, enseñándoles acerca de su cultura y sobre el medio ambiente. Un boceto del ciclo de los residuos sólidos se cuelga en la pared de color rojo brillante.

“Nuestra gente ha estado arrojando envoltorios sobre el terreno desde el principio del tiempo, y nunca ha sido un problema – las cáscaras de plátano y hojas de plátano y cáscaras de yuca. Ahora, de repente las cosas han cambiado, pero no nuestros hábitos,“ dijo Mega. “Trato de ayudarles a ver la diferencia. Les digo a los niños: No es basura hasta que ustedes lo arrojan.” Les enseña a reutilizar las botellas de plástico convirtiendolas en pequeñas macetas, cestas, maracas y recipientes para otros artículos.

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Vine por un almuerzo vegetariano – la comida Garífuna esta en el menú, pero se habían quedado sin ingredientes, aún así me hicieron un enorme plato de sushi al estilo Garifuna – una creación de la fusión de Amanda – con plátano, guineas, piña y zanahorias en lugar del cangrejo y el aguacate.

Terminé anotandome en el ecoturismo Garífuna, es una aventura de un día entero con animados comentarios de Mega y Amanda, todo por solo $12. Hubo una caminata y un baño en la playa de coco de palmeras aen la aldea vecina de Quehueche. Hubo un recorrido por el templo Garífuna con una visión de la religión Garifuna, una mezcla fascinante de animismo africano con el catolicismo.
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Luego se realizó una visita de la granja familiar y una caminata por la selva, para terminar con una entrada por la puerta trasera a los Siete Altares.

Como nieto de uno de los curanderos espirituales de la comunidad, Mega ha crecido aprendiendo sobre las tradiciones y los distintos ingredientes necesarios para llevarlas a cabo. Me mostró las plantas en el camino con propiedades curativas diversas, así como las que él utiliza para hacer lo que él llama un “baño espiritual”: un baño de hierbas que se realiza para la limpieza a la hora especialmente favorable de la medianoche, cuando los espíritus de los antepasados están disponibles para ayudar con el trabajo de sanación.

El templo Garífuna se estableció alejado de la playa en una colina. Una enorme estructura con un techo alto, techo de paja de doble pico, se diferencia de cualquier templo que hubiese visto antes. En primer lugar, estaban las hamacas – dispuestas a lo largo del frente del edificio para captar la brisa, y colgando de las vigas de troncos rústicos que forman parte del mismo templo. Cuando llegua el momento de la ceremonia, la gente viene de todas partes y el ritual se prolonga durante días, por lo que las hamacas e instalaciones cercanas proporcionan un lugar para la gente que se queda a dormir, explicó Mega.

Luz verdosa se filtraba por las claraboyas de fibra de vidrio incrustadas en el techo de paja, que emiten un aire de otro mundo sobre las ofrendas situadas bajo tres enormes tambores suspendidos sobre el piso en el centro. En el piso de tierra blanda, todo entrelazado con el intrincado dibujo de las pisadas de pollos, un quemador de incienso, un tazón de hierbas secas, un vaso de agua y brasas de un fuego anterior.

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Mega nos estaba contando sobre la creencia Garífuna cuando son poseidos por su antepasado, cuando los ancianos vuelven a recordar las cosas importantes que pueden haber olvidado.

“Es como si, ni siquiera fueses un pescador y de repente estás en el mar en una lancha que tiene un agujero, capturas peces como loco y no te hundes”, explica. “Así es cuando lo posesiona a uno su ancestro”.

Se ríe cuando cuenta la historia de cómo le ocurrió una vez. Fue a media noche, iba de puerta en puerta, despertando a todo mundo exhortándoles al templo. Más tarde, cuando se despertó, no recordaba el incidente – solo sus vecinos.

Tales acontecimientos suceden por alguna razón, él cree. “Es para recordarnos que estamos conectados con ellos”, dice. “A veces vienen a nosotros cuando no estamos viviendo de la manera correcta, sólo para demostrarnos de que se trata la vida -, para recordarnos alejar la energía negativa lejos de nosotros”.

Pero no se trata sólo de la posesión, aclara – uno honra a los ancestros, invitándolos a su vida. Y lo hacemos al vivir de acuerdo a la tradición – cocinar, tocar música, sembrar en la forma tradicional.

“Cuando estas cocinando la yuca, estas recreando sus vidas, utilizando las herramientas que nos legaron”, dijo, en referencia a las herramientas que nos muestra en la cocina – el mortero y una maja de madera gigante, usada para hacer puré de plátano; el rallador de madera, con incrustaciones de piedras afiladas, que sirve para rallar la yuca, la bandeja de madera grande, donde se hace el rollo de pan de yuca.

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“La música es algo espiritual, por lo que debe ponerse en contacto con los antepasados antes de hacerlo”, explicó. “Sus almas no están separadas de esta vida. Yo lo veo, ustedes lo pueden ver también en el templo. No nos limitamos a dar agradecimiento a Jesús, también damos gracias a nuestros antepasados”.

En la parte posterior del templo, en un enclave conjunto del resto con una cortina de encaje, hay una habitación donde dos velas ardían delante de un crucifijo con un Jesús negro. “Tenemos un gran respeto por Jesús – fué un buen ejemplo para nosotros”.

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Visitamos los guardianes del templo y nos dieron un recorrido por la choza de cocina, con sus instrumentos tradicionales y su fogón gigante de madera destinado a alimentar a centenares de fieles. Nos enteramos de algunas de las muchas plantas que rodean el templo, que se cultivan por sus propiedades curativas, así como para alimentar a los fieles.

Noni, una fruta de moda ahora en las tiendas naturistas, se ha cultivado y elaborado en los zumos de aquí por generaciones por sus propiedades curativas. Hay de papa dulce y albahaca y amargos jackass, utilizados para preparar Gifiti, la bebida tradicional Garifuna- a veces sirve como un té, a veces como un tónico de ron, pero siempre con un saque potente.

El tour se abría paso por un sendero a través de la exuberante selva con enormes palmas, enredaderas colgantes, aves del paraíso y árboles ficus, hacia la granja familiar, 500 hectáreas divididas entre tíos y primos. Abrieron a cabo en una milpa, o un campo de maíz, surcando la ladera a nuestra derecha y el campo a nuestra izquierda. Este fue un cultivo comercial, como los Garifunas tradicionalmente no comen maíz, Mega explicó.

La yuca y el ñame, frijol y calabaza, piña y plátano creció aquí en abundancia, nos detuvimos por un momento en el local “bar” – un grupo de chozas de paja donde habitan los campesinos Mayas – para pedir un vaso de maíz fermentado “vino”; y relajarse en la sombra bajo la ropa tendida. El líquido blanco picante era definitivamente alcohol, pero la semejanza del vino terminado estaba ahí.

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La granja estaba llena de vida. Una madre y su hija Maya cruzó el campo con cubetas de plástico para recoger agua, mientras que un niño caminaba por el sendero con un costal de leña en su espalda. Una vaca pastaba en la hierba exuberante, mientras que una cerda amamantaba sus lechones recién nacidos. El camino serpenteaba hacia el bosque y por el arroyo de Siete Altares. Era el final de la temporada seca, por lo que las espectaculares cascadas en la región estaban ausentes aún. Sin embargo, las plataformas de verde musgo oscuro que conducía a piscinas misteriosas resultaba tranquilo y típico de alguna manera.

El viaje a casa fue un estimulante, remojar de huesos, nudillos blancos de tanto aferrarse con las manos paseo en bote por la costa por uno de los tios de Mega. La cena un platillo tradicional: Hudut Garífuna, un plato servido con puré de plátano un caldo rico en coco, arroz y pollo. La noche incluyó una demostración de cocina, un poco de compras entre joyas y ropa Garífunas y Mayas en la galería, y una actuación musical de tres generaciones, con los tradicionales tambores y un espectáculo de danza punta presentada or Candy, la hermana menor de Mega.

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Era sólo otro día en Rasta Mesa. Pero para mí, fue un viaje de 12 horas a otro planeta – una inmersión Garífuna de pleno derecho.

Rasta Mesa es una visita obligada en su paso por Livingston. Esta un poco fuera del camino, pero vale la pena la caminata. Pedir direcciones para llegar al cementerio y caminar unos pasos más y lo verá a su derecha. Además de proporcionar una completa gama de tours económicos, clases y actividades, nutritivas comidas tradicionales y música en vivo por la noche, muchos aprovechan las oportunidades de voluntariado y permanecer por un tiempo. Hay habitaciones para alquiler, también.

La pareja mantiene El Centro y Su Trabajo con la Comunidad Garífuna a través de la venta de artesanías y donativos. Obtenga más información en la página web Rasta Mesa o pongase en contacto con ellos a través de su página de Facebook o en rastamesa@gmail.com.


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