Escrito por Tracy L. Barnett
Traducido por Laura Penado
HUEHUETENANGO, Guatemala – Llegaron en pick ups, en autobuses escolares y a pie, resplandeciendo en los morados y rojos, azules y amarillos de sus tierras nativas. Vinieron por cientos para presenciar el día que marcaria la historia de su gente: La visita de James Anaya, el abogado indígena con la clasificación más alta del mundo, un ponente especial para las naciones unidas sobre derechos indígenas.
Caímos en el paso, tras un río de ellos abriéndose camino hasta Zaculeu, las antiguas ruinas Maya en las afueras de la ciudad, y ellos manaron hasta la entrada. Una bronceada anciana con su cabello arreglado en la hermosa vestida tejida tradicional en su villa se iluminó cuando me vio y me abrazo como si me hubiera conocido por años.
“Buenos días,” me dijo, “Gracias, muchas gracias por estar aquí!” Creo que vi lagrimas en sus ojos.
Conforme íbamos entrando nos encontramos con una compleja y asombrosa visión: Las pirámides, las cuales yo había visto unas horas antes en su completa blancura, en donde vivas con la gente – cientos de personas – personas vestidas con ropa tradicional Maya, en todo su esplendor.
Muchos de ellos sostenían carteles. “No a la minería, sí a la vida”. Se leían algunas. “San Juan Atitan dice no a las corporaciones” decía otro.
“Hay algunos que creen que los Mayas se han ido, y que todo lo que queda son estas ruinas”, un hombre de blanco, vestido como vaquero con sombrero, hablaba desde el escenario. “Estamos aquí para decirles: Estamos vivos y estamos aquí para devolver estos monumentos a la vida”.
La multitud rugió su consentimiento.
Anaya estaba aquí junto con otros altos comisionados por los derechos humanos de Estados Unidos, como parte de la gira de una reunión semanal informativa en la estela de los alegatos sobre como el gobierno guatemalteco ha otorgado ilegalmente cientos de concesiones mineras en territorio indígena, a corporaciones multinacionales sin su consentimiento. Lo que él estaba presenciando era parte de un levantamiento masivo de comunidades indígena, que se están convirtiendo cada vez más organizadas y cada vez más vocales en la desesperada oferta para proteger sus tierras de la presión creciente de compañías extractoras.
El lunes se reunió con oficiales gubernamentales en la capital, el martes fue recibido en San Juan Sacatapéquez por un estimado de 12,000 personas, en su mayoría indígena, de tierras montañosas, quienes habían venido de todo el país para denunciar la violación de sus tierras por compañías mineras extranjeras, compañías hidroeléctricas y una operación cementera gigante.
El miércoles la delegación se abrió camino en la remota villa montañosa de San Miguel Ixtahuacan, en donde la gigante transnacional Goldcorp opera una mina de oro que ha desnudado el amplio estrecho de esas montañas.
Y hoy, el cuarto día de su misión buscadora de hechos, inicio con las primeras luces del amanecer, aquí entre las pirámides, en las afueras de Huehuetenango, observando una ceremonia Maya ancestral. Más tarde el escuchó sobre líderes de un movimiento masivo comunitario, que ha organizado a estimadamente, medio millón de personas indígenas, en una serie de consulta o referéndums alrededor del país, en un casi unánime rechazo a la minería en sus tierras – referéndums autorizados bajo una ley internacional firmada por el gobierno guatemalteco, pero que este ahora declara que no es obligatorio.
“Este es un día histórico para nuestra gente,” dice Aniseto López de FREDEMI (Frente de Defensa de San Miguel de Ixtahuacan). “Hemos estado levantando la voz por muchos años, pero hoy nuestra voz será escuchada. Esta reunión no resolverá todo, pero es un paso más hacia adelante. Y cuesta lo que cuesta, pero lo vamos a lograr, porque la realidad esta de nuestro lado”.
Mañana Anaya va a entregar un reporte al gobierno Guatemalteco. Mientras tanto aquí hay algunas imágenes de dos días increíbles en la resistencia indígena, y su ruego a James Anaya.
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